Tercer Libro de La galatea: 23

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Tercer Libro de La galatea Miguel de Cervantes





MARSILO

Vencido quedarás en tal baraja,
Orompo, fiel amigo,
y tú mesmo serás dello testigo. 180
Si de las ansias mías,
si de mi mal insano
la más mínima parte conocieras,
cesaran tus porfías,
Orompo, viendo llano 185
que tú penas de burla y yo de veras.


OROMPO

Haz, Marsilo, quimeras
de tu dolor estraño,
y al mío menoscaba
que la vida me acaba, 190
que yo espero sacarte d’ese engaño,
mostrando al descubierto
que el tuyo es sombra de mi mal, que’s cierto.

Pero la voz sonora
de Crisio oigo que suena, 195
pastor que en la opinión se te parece;
escuchémosle ahora,
que su cansada pena
no menos que la tuya la engrandece.


MARSILO

Hoy el tiempo me ofrece 200
lugar y coyuntura
donde pueda mostraros
a entrambos y enteraros
de que sola la mía es desventura.


OROMPO

Atiende ahora, Marsilo, 205
la voz de Crisio y lamentable estilo.


CRISIO

¡Ay dura, ay importuna, ay triste ausencia!,
¡cuán fuera debió estar de conocerte
el que igualó tu fuerza y violencia
al poder invencible de la muerte! 210
Que, cuando con mayor rigor sentencia,
¿qué puede más su limitada suerte
que deshacer el ñudo y recia liga
que a cuerpo y alma estrechamente liga?
 

Tu duro alfanje a mayor mal se estiende, 215
pues un espíritu en dos mitades parte.
¡Oh milagros de amor que nadie entiende,
ni se alcanzan por sciencia ni por arte!
¡Que deje su mitad con quien la enciende
allá mi alma, y traiga acá la parte 220
más frágil, con la cual más mal se siente
que estar mil veces de la vida ausente!
Ausente estoy de aquellos ojos bellos
que serenaban la tormenta mía;
ojos vida de aquél que pudo vellos, 225
si de allí no pasó la fantasía:
que verlos y pensar de merescellos
es loco atrevimiento y demasía.
Yo los vi, ¡desdichado!, y no los veo,
y mátame de verlos el deseo. 230
Deseo, y con razón, ver dividida,
por acortar el término a mi daño,
esta antigua amistad, que tiene unida
mi alma al cuerpo con amor tamaño,
que siendo de las carnes despedida 235
  con ligereza presta y vuelo estraño,
podrá tornar a ver aquellos ojos,
que son descanso y gloria a sus enojos.
Enojos son la paga y recompensa
que amor concede al amador ausente,


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