Tercer Libro de La galatea: 27

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 27 de 37
Tercer Libro de La galatea Miguel de Cervantes





MARSILO

Yo, qu’el humor de mis ojos
siempre derramado ha sido
en lugar donde han nascido 415
cien mil espinas y abrojos
qu’el corazón m’han herido;
yo sí soy el desdichado,
pues con nunca haber mostrado
un momento el rostro enjuto, 420
ni hoja, ni flor, ni fruto
he del trabajo sacado.
Que si alguna muestra viera
de algún pequeño provecho,
sosegárase mi pecho; 425
y, aunque nunca se cumpliera,
quedara al fin satisfecho,
porque viera que valía
mi enamorada porfía
  con quien es tan desabrida, 430
que a mi yelo está encendida
y a mi fuego helada y fría.
Pues si es el trabajo vano
de mi llanto y sospirar,
y dél no pienso cesar, 435
a mi dolor inhumano,
¿cuál se le podrá igualar?
Lo que tu dolor concierta
es que está la causa muerta,
Orompo, de tu tristeza; 440
la mía, en más entereza,
cuanto más me desconcierta.


CRISIO

Yo, que tiniendo en sazón
el fruto que se debía
a mi contina pasión, 445
una súbita ocasión
de gozarle me desvía;
muy bien podré ser llamado
sobre todos desdichado,
pues que vendré a perecer, 450
  pues no puedo parecer
adonde el alma he dejado.
Del bien que lleva la muerte
el no poder recobrallo
en alivio se convierte, 455
y un corazón duro y fuerte
el tiempo suele ablandallo.
Mas en ausencia se siente,
con un estraño accidente,
sin sombra de ningún bien, 460
celos, muertes y desdén,
que esto y más teme el ausente.
Cuando tarda el cumplimiento
de la cercana esperanza,
aflige más el tormento, 465
y allí llega el sufrimiento
adonde ella nunca alcanza.
En las ansias desiguales,
el remedio de los males
es el no esperar remedio; 470
mas carecen deste medio
las de ausencia más mortales.


La Galatea
Libro ILibro IILibro IIILibro IVLibro VLibro VI