Tercer Libro de La galatea: 28

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Tercer Libro de La galatea Miguel de Cervantes




ORFINIO

El fruto que fue sembrado
por mi trabajo contino,
a dulce sazón llegado, 475
fue con próspero destino
en mi poder entregado.
Y apenas pude llegar
a términos tan sin par,
cuando vine a conocer 480
la ocasión de aquel placer
ser para mí de pesar.
Yo tengo el fruto en la mano,
y el tenerle me fatiga,
porque en mi mal inhumano, 485
a la más granada espiga
la roe un fiero gusano.
Aborrezco lo que quiero,
y por lo que vivo muero,
y yo me fabrico y pinto 490
un revuelto laberinto
de do salir nunca espero.
 

Busco la muerte en mi daño,
que ella es vida a mi dolencia;
con la verdad más me engaño, 495
y en ausencia y en presencia
va creciendo un mal tamaño.
No hay esperanza que acierte
a remediar mal tan fuerte,
ni por estar ni alejarme 500
es imposible apartarme
desta triste viva muerte.


OROMPO

¿No es error conocido
decir que el daño que la muerte hace,
por ser tan estendido, 505
en parte satisface,
pues la esperanza quita
qu’el dolor administra y solicita?
Si de la gloria muerta
no se quedara viva la memoria 510
qu’el gusto desconcierta,
es cosa ya notoria
  que el no esperar tenella,
tiempla el dolor en parte de perdella.
Pero si está presente 515
la memoria del bien ya fenescido,
más viva y más ardiente
que cuando poseído,
¿quién duda que esta pena
no está más que otras de miserias llena? 520


MARSILO

Si a un pobre caminante
le sucediese, por estraña vía,
huírsele delante,
al fenecer del día,
el albergue esperado 525
y con vana presteza procurado,
quedaría, sin duda,
confuso del temor que allí le ofrece
la escura noche y muda,
y más si no amanesce, 530
que el cielo a su ventura
no concede la luz serena y pura.
 

Yo soy el que camino
para llegar a un albergue venturoso,
y cuando más vecino 535
pienso estar del reposo,
cual fugitiva sombra,
el bien me huye y el dolor me asombra.


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