Viaje del Parnaso: 07

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Capítulo I
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Viaje del Parnaso Miguel de Cervantes



    Un quidam Caporal italiano,
de patria perusino (a lo que entiendo),
de ingenio griego, y de valor romano,
    llevado de un capricho reuerendo,
le vino en voluntad de yr a Parnaso,
por huyr de la corte el varío estruendo.
    Solo, y a pie, partiose, y, passo a passo,
llegó donde compró una mula antigua,
de color parda y tartamudo passo.
    Nunca a medroso parecio estantigua
mayor, ni menos buena para carga,
grande en los huessos, y en la fuerça exigua,
    corta de vista, aunque de cola larga,
estrecha en los hijares, y, en el cuero,
mas dura que lo son los de una adarga.
    Era de ingenio cabalmente entero;
caía en qualquíer cosa facílmente,
assi en abril, como en el mes de enero.
    En fin, sobre ella el poeton valiente
llegó al Parnaso, y fue del rubio Apolo
agasajado con serena frente.
    Conto quando Bolvio el poeta, solo
y sin blanca, a su patria, lo que en buelo
llevó la fama deste al otro polo.
    Yo, que siempre trabaxo y me desuelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo,
    quisiera despachar a la estafeta
mi alma, o por los ayres, y ponella
sobre las cumbres del nombrado Oeta;
    pues, descubriendo desde alli la bella
corriente de Aganipe, en un saltico
pudiera el labio remojar en ella,
    y quedar del licor, suave y rico,
el pancho lleno, y ser de alli adelante
poeta ilustre, o al menos magnifico.
    Mas mil inconuenientes al instante
se me ofrecieron, y quedó el desseo
en cierne, desualido e ignorante,
    porque [en] la piedra que en mis ombros veo,
que la fortuna me cargó pesada,
mis mal logradas esperanças leo.
    Las muchas leguas de la gran jornada
se me representaron, que pudieran
torzer la voluntad aficionada,
    si en aquel mesmo instante no acudieran
los humos de la fama a socorrerme,
y corto y facil el camino hizieran.
    Dixe entre mi: si yo viniesse a verme
en la dificil cumbre deste monte,
y una guirnalda de laurel ponerme,
    no embidiaría el bien dezir de Aponte,
ni del muerto Galarza la agudeza,
en manos blando, en lengua Rodomonte.
    Mas como de un error otro se empieça,
creyendo a mi desseo, di al camino
los pies, porque di al viento la cabeça.
    En fin, sobre las ancas del destino,
llevando a la eleccion puesta en la silla,
hazer el gran viage determino.
    Si esta caualgadura marauilla,
sepa, el que no lo sabe, que se vsa
por todo el mundo, no solo en Castilla.
    Ninguno tiene, o puede dar escusa
de no oprimir desta gran bestía el lomo,
ni mortal caminante lo reusa.
    Suele tal vez ser tan ligera como
va por el ayre el aguila o saeta,
y tal vez anda con los pies de plomo.
    Pero, para la carga de un poeta,
siempre ligera, qualquier bestía puede
llevarla, pues carece de maleta;
    que es caso ya infalible que, aunque herede
riquezas un poeta, en poder suyo,
no aumentarlas, perderlas le sucede.
    Desta verdad ser la ocasion arguyo,
que tu, ¡o gran padre Apolo!, les infundes
en sus intentos el intento tuyo,
    y, como no le mezclas ni confundes
en cosas de agibílibus rateras,
ni en el mar de ganancia vil le hundes,
   ellos, o traten burlas, o sean veras,
sin aspirar a la ganancia en cosa,
sobre el conuexo van de las esferas,
    pintando en la palestra rigurosa
las acciones de Marte, o entre (las) flores
las de Venus mas blanda y amorosa,


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