Viaje del Parnaso: 11

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Capítulo II
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Viaje del Parnaso Miguel de Cervantes



    Colgado estava de mi antigua boca
el dios hablante, pero entonces mudo
(que, al que escucha, el guardar silencio toca),
    quando di de improviso un estornudo,
y, haziendo cruzes por el mal aguero,
del gran Mercurio al mandamiento acudo.
    Miré la lista, y vi que era el primero
el licenciado Juan de Ochoa amigo,
por poeta y christiano verdadero.
    Deste varon en su alabança dígo,
que puede azelerar y dar la muerte
con su claro discurso al enemigo,
    y que, si no se aparta y se divierte
su ingenio en la gramatica española,
sera de Apolo sin igual la suerte,
    pues de su poesia al mundo sola,
puede esperar poner el pie en la cumbre
de la inconstante rueda o varia bola.
    Este que de los comicos es lumbre,
que el licenciado Poyo es su apellido,
no hay nuve que a su sol claro deslumbre;
    pero, como está siempre entretenido
en traças, en quimeras e invenciones,
no ha de acudir a este marcial ruydo.
    Este que en lista por tercero pones,
que Hipolito se llama de Vergara,
si llevarle al Parnaso te dispones,
    haz quenta que en el llevas una xara,
una saeta, un arcabuz, un rayo,
que contra la ignorancia se dispara.
    Este que tiene como mes de mayo
florido ingenio, y que comiença aora
a hazer de sus comedias nuevo ensayo,
    Godinezes; y estotro que enamora
las almas con sus versos regalados,
quando de amor ternezas canta, o llora,
    es uno que valdra por mil soldados,
quando a la estraña y nunca vista empressa
fueren los escogidos y llamados;
    digo que es don Francisco, el que professa
las armas y las letras, con tal nombre,
que por su igual Apolo le confíessa.
    Es de Calatayud su sobrenombre;
con esto queda dicho todo quanto
puedo dezir con que a la ínvidia assombre.
    Este que sigue es un poeta santo,
digo famoso, Miguel Cid se llama,
que al coro de las musas pone espanto.
    Estotro que sus versos encarama
sobre los mismos ombros de Calisto,
tan celebrado siempre de la fama,
    es aquel agradable, aquel bien quisto,
aquel agudo, aquel sonoro y grave
sobre quantos poetas Febo ha visto,
   aquel que tiene de escrivir la llave,
con gracia y agudeza en tanto estremo,
que su ygual en el orbe no se sabe;
    es don Luys de Gongora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanças,
aunque las suba al grado mas supremo.
    ¡O tu, divino espiritu, que alcanças
ya el premio merecido a tus desseos,
y a tus bien colocadas esperanças,
    ya en nuevos y justissimos empleos,
divino Herrera, tu caudal se aplica,
aspirando del cielo a los trofeos!
    Ya de tu hermosa Luz, y clara y rica,
el bello resplandor miras seguro,
en la que [el] alma tuya beatifica;
    y arrimada tu yedra al fuerte muro
de la inmortalidad, no estimas quanto
mora en las sombras deste mundo escuro.
    Y tu, don Iuan de Xaurigui, que a tanto
el sabio curso de tu pluma aspira,
que sobre las esferas le levanto,
    aunque Lucano por tu voz respira,
dexale un rato y, con piadosos ojos,
a la necessidad de Apolo míra,
    que te estan esperando mil despojos
de otros mil atrevidos, que procuran
fertíles campos ser, siendo rastrojos.
    Y tu, por quien las musas asseguran
su partido, don Felix Arias, siente
que por su gentileza te conjuran
    y ruegan que defiendas desta gente
non sancta su hermosura, y de Aganipe
y de Hipocrene la inmortal corriente.


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