Viaje del Parnaso: 19

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Capítulo III
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Viaje del Parnaso Miguel de Cervantes



varon de ingenio peregrino y raro.
    Un motete imagino que cantava,
con voz suave; yo quedé admirado
de verle alli, porque en Madríd quedava.
   Apolo me entendio, y dixo: «un soldado
como este, no era bien que se quedara
entre el ocio y el sueño sepultado.
    »Yo le truxe, y se como, que a mi rara
potencia no la impide otra ninguna,
ni inconuiniente alguno la repara.»
    En esto se llegaua la oportuna
hora, a mi parecer, de dar sustento
al estomago pobre, y mas si ayuna.
    Pero no le passó por pensamiento
a Delio, que el exercito conduze,
satisfazer al misero hambriento.
    Primero a un jardin rico nos reduze,
donde el poder de la Naturaleza
y el de la industria mas campea y luze.
    Tuvieron los Esperides belleza
menor; no le igualaron los Pensiles
en sitio, en hermosura y en grandeza.
    En su comparacion, se muestran viles
los de Alcinoo, en cuyas alabanças
se han ocupado ingenios bien sotiles.
    No sugeto del tiempo a las mudanças,
que todo el año primavera ofrece
frutos en possession, no en esperanças.
    Naturaleza y arte alli parece
andar en competencia, y está en duda
qual vence de las dos, qual mas merece.
    Muestrase balbuciente y casi muda,
si le alaba, la lengua mas experta,
de adulacion, y de mentir desnuda.
    Junto con ser jardin, era una huerta,
un soto, un bosque, un prado, un valle ameno,
que en todos estos titulos concierta,
    de tanta gracia y hermosura lleno,
que una parte del cielo parecia
el todo del bellissimo terreno.
    Alto en el sitio alegre Apolo hazia,
y alli mandó que todos se sentassen
a tres horas despues de medio dia.
    Y porque los assientos señalassen
el ingenio y valor de cada uno,
y unos con otros no se embaraçassen,
    a despecho y pesar del importuno
ambicioso desseo, les dio assiento
en el sitio y lugar mas oportuno.
    Llegavan los laureles casi a ciento,
a cuya sombra y troncos se sentaron
algunos de aquel numero contento.
    Otros los de las palmas ocuparon;
de los mirtos y yedras y los robles,
tambien varios poetas alvergaron.
    Puesto que humildes, eran de los nobles
los assientos, qual tronos levantados,
porque tu, ¡o embidia! aqui tu rabia dobles.
    En fin, primero fueron ocupados
los troncos de aquel ancho circuito,
para honrar a poetas dedicados,
    antes que yo en el numero infinito
hallasse assiento, y assi en pie quedeme,
despechado, colerico y marchito,
    dixe entre mi: «¿es possible que se estreme
en perseguirme la fortuna aírada,
que ofende a muchos, y a ninguno teme?»
    Y, bolviendome a Apolo, con turbada
lengua, le dixe lo que oira el que gusta
saber, pues la tercera es acabada,
la quarta parte desta empresa justa.


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