Viaje del Parnaso: 22

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Capítulo IV
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Viaje del Parnaso Miguel de Cervantes



    »Ella abre los secretos y los cierra,
toca y apunta, de qualquiera ciencia,
la superficie y lo mejor que encierra.
    »Mira con mas ahinco su presencia:
veras cifrada en ella la abundancia
de lo que en bueno tiene la excelencia.
   »Moran con ella, en una misma estancia,
la divina y moral filosofia,
el estilo mas puro y la elegancia.
    »Puede pintar en la mitad del dia
la noche, y, en la noche mas escura,
el alva bella que las perlas cria.
    »El curso de los rios apressura,
y le detiene, el pecho a furia incita,
y le reduze luego a mas blandura.
    »Por mitad del rigor se precipita
de las luzientes armas contrapuestas,
y da vitorias, y vitorias quita.
    »Veras como le prestan las florestas
sus sombras, y sus cantos los pastores,
el mal sus lutos y el plazer sus fiestas,
    »perlas el sur, Sabea sus olores,
el oro Tibar, Hibla su dulçura,
galas Milan, y Lusitania amores.
    »En fin, ella es la cifra do se apura
lo prouechoso, honesto, y deleytable,
partes con quien se aumenta la ventura.
    »Es de ingenio tan vivo y admirable,
que a vezes toca en puntos que suspenden,
por tener no se qué de inescrutable.
    »Alabanse los buenos y se ofenden
los malos con su voz, y destos tales,
unos la adoran, otros no la entienden.
    »Son sus obras heroycas inmortales,
las liricas suaves, de manera
que buelven en dìvinas las mortales.
    »Si alguna vez se muestra lisongera,
es con tanta elegancia y artificio,
que no castigo, sino premio espera.
    »Gloria de la virtud, pena del vicio
son sus acciones, dando al mundo en ellas
de su alto ingenio y su bondad indicio.»
    En esto estava, quando por las bellas
ventanas de xazmines y de rosas
(que amor estava a lo que entiendo en ellas),
    diuisé seis personas religiosas,
al parecer de honroso y grave aspecto,
de luengas togas, limpias y pomposas.
    Preguntele a Mercurio: «¿por qué efecto
aquellos no parecen y se encubren,
y muestran ser personas de respecto?»
    A lo que el respondio: «no se descubren,
por guardar el decoro al alto estado
que tienen, y assi el rostro todos cubren.»
    «¿Quién son, le repliqué, si es que te es dado
dizirlo?» Respondiome: «no por cierto,
porque Apolo lo tiene assi mandado.»
    «¿No son poetas?» «Si.» «Pues yo no acierto
a pensar porqué causa se desprecian
de salir con su ingenio a campo abierto.
    »¿Para qué se embobecen y se anecian,
escondiendo el talento que da el cielo
a los que mas de ser suyos se precian?
    »¡Aqui del rey! ¿Qué es esto? ¿Qué rezelo,
o zelo, les impele a no mostrarse
sin miedo ante la turba vil del suelo?
    »¿Puede ninguna ciencia compararse
con esta universal de la Poesia,
que limites no tiene do encerrarse?
    »Pues siendo esto verdad, saber querria,
entre los de la carda cómo se vsa
este miedo, o melindre, o hipocresia.
    »Haze monseñor versos, y reusa
que no se sepan, y el los comunica
con muchos, y a la lengua agena acusa.
    »Y mas, que siendo buenos, multiplica
la fama su valor, y al dueño canta
con voz de gloria y de alabança rica.
    »¿Qué mucho, pues, si no se le levanta
testimonio a un pontifice poeta,
que digan que lo es? Por Dios que espanta.
    »Por vida de Lanfusa, la discreta,
que, si no se me dize quién son estos
togados de bonete y de muzeta,
    »que, con traças y modos descompuestos,
tengo de reduzir a behetria
estos tan sossegados y compuestos.»
    «¡Por Dios!, dixo Mercurio, y, a fee mia,
que no puedo dezirlo, y, si lo digo,
tengo de dar la culpa a tu porfia.»
    «Dilo, señor, que desde aqui me obligo
de no dezir que tu me lo dixiste,
le dixe, por la fe de buen amigo.»
    El dixo: «no nos cayan en el chiste,
llegate a mi, diretelo al oydo;
pero creo que ay mas de los que viste.



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