Viaje del Parnaso: 33

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Capítulo VII
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Viaje del Parnaso Miguel de Cervantes



    Tu, beligera Musa, tu que tienes
la voz de bronze y de metal la lengua,
cuando a cantar del fiero Marte vienes,
    tu, por quien se aniquila siempre y mengua
el gran genero humano; tu, que puedes
sacar mi pluma de ignorancia y mengua,
   tu, mano rota y larga de mercedes,
digo en hazellas, una aqui te pido,
que no hara que menos rica quedes.
    La sobervia y maldad, el atrevido
intento de una gente malmirada,
ya se descubre con mortal ruido.
    Dame una voz al caso acomodada,
una sutil y bien cortada pluma,
no de aficion ni de passion llevada,
    para que pueda referir, en suma,
con purisimo y nuevo sentimiento,
con verdad clara y entereza suma,
    el contrapuesto y desigual intento
de uno y otro esquadron, que, ardiendo en ira,
sus vanderas descoge al vago viento.
    El del vando catolico, que mira
al falso y grande al pie del monte puesto,
que de subir al alta cumbre aspira,
    con paso largo y ademan compuesto,
todo el monte coronan, y se ponen
a la furia, que en loca a echado el resto.
    Las ventajas tantean, y disponen
los animos valientes al assalto,
en quien su gloria y su vengança ponen.
    De rabia lleno, y de paciencia falto,
Apolo su bellisimo estandarte
mandó al momento levantar en alto.
    Arbolole un marques, que el proprio Marte
su briosa presencia representa,
naturalmente, sin índustria y arte;
    poeta celeberrimo y de cuenta,
por quien y en quíen Apolo soberano
su gloria y gusto y su valor aumenta.
    Era la insinia un cisne hermoso y cano,
tan al vivo pintado, que dixeras
la voz despide, alegre, al aire vano.
    Siguen al estandarte sus vanderas,
de gallardos alferezes llevadas,
honrosas por no estar todas enteras.
    Las caxas, a lo belico templadas,
al milite mas tardo buelven presto
de vozes de metal acompañadas.
    Geronimo de Mora llegó en esto,
pintor excelentissimo y poeta,
Apeles y Virgilio en un supuesto,
    y, con la autoridad de una gineta,
que de ser capitan le dava nombre,
al caso acude y a la turba aprieta.
    Y porque mas se turbe y mas se asombre
el enemigo desigual y fiero,
llegó el gran Biedma, de inmortal renombre.
    Y con el Gaspar de Auila, primero
sequaz de Apolo, a cuyo verso y pluma
Yziar puede embidiar, temer Sincero.
    Llegó Juan de Meztança, cifra y suma
de tanta erudicion, donaire y gala,
que no ay muerte ni edad que la consuma.
    Apolo le arrancó de Guatimala,
y le truxo en su ayuda para ofensa
de la canalla, en todo estremo mala.
   Hazer milagros en el trance piensa
Cepeda, y acompañale Mexia,
poetas dignos de alabança inmensa.
    Clarissimo esplendor de Andaluzia
y de la Mancha, el sin igual Galindo
llegó con magestad y bizarria.
    De la alta cumbre del famoso Pindo
baxaron tres bizarros lusitanos,
a quien mis alabanças todas rindo.
    Con prestos pies y con valientes manos,
con Fernando Correa de la Cerda,
pisó Rodriguez Lobo monte y llanos,
    y, porque Febo su razon no pierda,
el grande don Antonio de Atayde
llegó con furia alborotada y cuerda.
    Las fuerças del contrario ajusta y mide
con las suyas Apolo, y determina
dar la batalla, y la batalla pide.
    El ronco son de mas de una vozina
(instrumento de caça y de la guerra),
de Febo a los oydos se avezina.


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