Vida del pícaro Guzmán de Alfarache: 12

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Vida del pícaro Guzmán de Alfarache


Hizo para volver a verla muy extraordinarias diligencias; pero, si no fue algunas fiestas en misa, jamás pudo de otra manera en muchos días. La gotera cava la piedra y la porfía siempre vence, porque la continuación en las cosas las dispone. Tanto cavó con la imaginación, que halló traza por los medios de una buena dueña de tocas largas reverendas, que suelen ser las tales ministros de Satanás, con que mina y prostra las fuertes torres de las más castas mujeres; que por ellas mejorarse de monjiles y mantos y tener en sus cajas otras de mermelada, no habrá traición que no intenten, fealdad que no soliciten, sangre que no saquen, castidad que no manchen, limpieza que no ensucien, maldad con que no salgan. Ésta, pues, acariciándola con palabras y regalándola con obras, iba y venía con papeles. Y porque la dificultad está toda en los principios y al enhornar suelen hacerse los panes tuertos, él se daba buena maña; y por haber oído decir que el dinero allana las mayores dificultades, manifestó siempre su fe con obras, porque no se la condenasen por muerta.

Nunca fue perezoso ni escaso. Comenzó -como dije- con la dueña a sembrar, con mi madre a pródigamente gastar; ellas alegremente a recebir. Y como al bien la gratitud es tan debida y el que recibe queda obligado a reconocimiento, la dueña lo solicitó de modo que a las buenas ganas que mi madre tuvo fue llegando leño a leño y de flacas estopas levantó brevemente un terrible fuego. Que muchas livianas burlas acontecen a hacer pesadas veras. Era -como lo has oído- mujer discreta, quería y recelaba, iba y venía a su corazón, como al oráculo de sus deseos. Poniendo el pro y el contra, ya lo tenía de la haz, ya del envés; ya tomaba resolución, va lo volvía a conjugar de nuevo.

Últimamente ¿qué no la plata, qué no corrompe el oro?

Este caballero era hombre mayor, escupía, tosía, quejábase de piedra, riñón y urina. Muy de ordinario lo había visto en la cama desnudo a su lado: no le parecía como mi padre, de aquel talle ni brío; y siempre el mucho trato, donde no hay Dios, pone enfado.

Las novedades aplacen, especialmente a mujeres, que son de suyo noveleras, como la primera materia, que nunca cesa de apetecer nuevas formas. Determinábase a dejarlo y mudar de ropa, dispuesta a saltar por cualquier inconveniente; mas la mucha sagacidad suya y largas experiencias, heredadas y mamadas al pecho de su madre, le hicieron camino y ofrecieron ingeniosa resolución. Y sin duda el miedo de perder lo servido la tuvo perpleja en aquel breve tiempo, que de otro modo ya estaba bien picada. Que lo que mi padre le significó una vez, el diablo se lo repitió diez, y así no estaba tan dificultosa de ganarse Troya.

La señora mi madre hizo su cuenta: «En esto no pierde mi persona ni vendo alhaja de mi casa, por mucho que a otros dé.


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