Vida del pícaro Guzmán de Alfarache: 16

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Vida del pícaro Guzmán de Alfarache


-No, ni media -replicó mi madre-, que agora me pareció cerraba el ojo, y en mi vida no he tenido tan descansado rato.

No mentía la señora, que con la verdad engañaba, y mostrando el rostro un poco alegre, alabó mucho el remedio que le habían hecho, diciendo que le había dado la vida. El señor se alegró dello, y de acuerdo de ambos concertaron celebrar allí su fiesta y acabar de pasar el día, porque no menos era el jardín ameno que el donde iban. Y por estar no lejos, mandaron volver la comida y las más cosas que allá estaban.

En tanto que desto se trataba, tuvo mi padre lugar cómo salir secretamente por otra puerta y volverse a Sevilla, donde las horas eran de a mil años, los momentos, largo siglo, y el tiempo que de sus nuevos amores careció, penoso infierno.

Ya cuando el sol declinaba, serían como las cinco de la tarde, subiendo en su caballo, como cosa ordinaria suya, se vino a la heredad. En ella halló aquellos señores, mostró alegrarse de verlos, pesóle de la desgracia sucedida, de donde resultó el quedarse, porque luego le refirieron lo pasado. Era muy cortés, la habla sonora y no muy clara, hizo muy discretos y disimulados ofrecimientos: de la otra parte no le quedaron deudores. Trabóse la amistad con muchas veras en lo público y con mayores los dos en lo secreto, por las buenas prendas que estaban de por medio.

Hay diferencia entre buena voluntad, amistad y amor. Buena voluntad es la que puedo tener al que nunca vi ni tuve dél otro conocimiento que oír sus virtudes o nobleza, o lo que pudo y bastó moverme a ello. Amistad llamamos a la que comúnmente nos hacemos tratando y comunicando o por prendas que corren de por medio. De manera, que la buena voluntad se dice entre ausentes y amistad entre presentes. Pero amor corre por otro camino. Ha de ser forzosamente recíproco, traslación de dos almas, que cada una dellas asista más donde ama que adonde anima. Éste es más perfecto, cuanto lo es el objeto; y el verdadero, el divino. Así debemos amar a Dios sobre todas las cosas, con todo nuestro corazón y de todas nuestras fuerzas, pues Él nos ama tanto. Después déste, el conyugal y del prójimo.

Porque el torpe y deshonesto no merece ni es digno deste nombre, como bastardo. Y de cualquier manera, donde hubiere amor, ahí estarán los hechizos, no hay otros en el mundo. Por él se truecan condiciones, allanan dificultades y doman fuertes leones. Porque decir que hay bebedizos o bocados para amar, es falso. Y lo tal sólo sirve de trocar el juicio, quitar la vida, solicitar la memoria, causar enfermedades y graves accidentes. El amor ha de ser libre. Con libertad ha de entregar las potencias a lo amado; que el alcaide no da el castillo cuando por fuerza se lo quitan, y el que amase por malos medios no se le puede decir que ama, pues va forzado adonde no le lleva su libre voluntad.


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