Vida del pícaro Guzmán de Alfarache: 18

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Vida del pícaro Guzmán de Alfarache


Diéronse todos tal maña, que apenas hubo con qué enterrarlo. Pasados algunos días, aunque pocos, hicieron muchas diligencias para que la hacienda pareciese. Clavaron censuras por las iglesias y a puertas de casas; mas allí se quedaron, que pocas veces quien hurta lo vuelve. Pero mi madre tuvo escusa: que el que buen siglo haya le decía, cuando visitaba las monedas y recorría los cofres y, escritorios o trayendo algo a su casa: «Esto es tuyo y para ti, señora mía.» Así, le dijeron letrados que con esto tenía satisfecha la conciencia, demás que le era deuda debida: porque, aunque lo ganaba torpemente, no torpemente lo recebía.

En esta muerte vine a verificar lo que antes había oído decir: que los ricos mueren de hambre, los pobres de ahítos, y los que no tienen herederos y gozan bienes eclesiásticos, de frío; cual éste podrá servir de ejemplo, pues viviendo no le dejaron camisa y la del cuerpo le hicieron de cortesía. Los ricos, por temor no les haga mal, vienen a hacelles mal, pues comiendo por onzas y bebiendo con dedales, viven por adarmes, muriendo de hambre antes que de rigor de enfermedad. Los pobres, como pobres, todos tienen misericordia dellos: unos les envían, otros les traen, todos de todas partes les acuden, especialmente cuando están en aquel estremo. Y como los hallan desflaquecidos y hambrientos, no hacen elección, faltando quien se lo administre; comen tanto que, no pudiéndolo digerir por falta de calor natural, ahogándolo con viandas, mueren ahítos.

También acontece lo mismo aun en los hospitales, donde algunas piadosas mentecaptas, que por devoción los visitan, les llevan las faltriqueras y mangas llenas de colaciones y criadas cargadas con espuertas de regalos y, creyendo hacerles con ello limosna, los entierran de por amor de Dios. Mi parecer sería que no se consintiese, y lo tal antes lo den al enfermero que al enfermo. Porque de allí saldrá con parecer del médico cada cosa para su lugar mejor distribuido, pues lo que así no se hace es dañoso y peligroso. Y en cuanto a caridad mal dispensada, no considerando el útil ni el daño, el tiempo ni la enfermedad, si conviene o no conviene, los engargantan como a capones en cebadero, con que los matan. De aquí quede asentado que lo tal se dé a los que administran, que lo sabrán repartir, o en dineros para socorrer otras mayores necesidades.

¡Oh, qué gentil disparate! ¡Qué fundado en Teología! ¿No veis el salto que he dado del banco a la popa? ¡Qué vida de Juan de Dios la mía para dar esta dotrina! Calentóse el horno y salieron estas llamaradas. Podráseme perdonar por haber sido corto. Como encontré con el cinco, llevémelo de camino. Así lo habré de hacer adelante las veces que se ofrezca. No mires a quien lo dice, sino a lo que se te dice; que el bizarro vestido que te pones, no se considera si lo hizo un corcovado. Ya te prevengo, para que me dejes o te armes de paciencia. Bien sé que es imposible ser de todos bien recebido, pues no hay vasija que mida los gustos ni balanza que los iguale: cada uno tiene el suyo y, pensando que es el mejor, es el más engañado, porque los más los tienen más estragados.


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