Vida del pícaro Guzmán de Alfarache: 31

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Vida del pícaro Guzmán de Alfarache


A ella se le hacía de mal el darlo; aunque la ganancia, en cuatro reales dos, por sólo un momento que le faltaron de la bolsa la puso llana. Hízolo ruedas, asóles dos, con que comieron; metieron en una servilleta de la mesa lo restante y, después de hartos y malcontentos, en lugar de hacer cuenta con pago, hicieron el pago sin la cuenta; que el un mozuelo, tomando la tortilla de los huevos en la mano derecha, se fue donde la vejezuela estaba deshaciendo un vientre de oveja mortecina y con terrible fuerza le dio en la cara con ella, fregándosela por ambos ojos. Dejóselos tan ciegos y dolorosos, que, sin osarlos abrir, daba gritos como loca. Y el otro compañero, haciendo como que le reprehendía la bellaquería, le esparció por el rostro un puño de ceniza caliente. Y así se salieron por la puerta, diciendo: «Vieja bellaca, quien tal hace, que tal pague.» Ella era desdentada, boquisumida, hundidos los ojos, desgreñada y puerca. Quedó toda enharinada, como barbo para frito, con un gestillo tan gracioso de fiero, que no podía sufrir la risa cuando dello y dél se acordaba.

Con esto acabó su cuento, diciendo que tenía de qué reírse para todos los días de su vida.

-Yo de qué llorar -le respondí- para toda la mía, pues no fui para otro tanto y esperé venganza de mano ajena; pero yo juro a tal que, si vivo, ella me lo pague de manera que se le acuerde de los huevos y del muchacho.

Los clérigos abominaron el hecho, reprobando mi dicho y haberme pesado del mal que no hice. Volviéronse contra mí, y el más anciano dellos, viéndome con tanta cólera, dijo:

-La sangre nueva os mueve a decir lo que vuestra nobleza muy presto me confesará por malo, y espero en Dios habrá de frutificar en vos de manera que os pese por lo presente de lo dicho y emendéis en lo porvenir el hecho. Refiérenos el sagrado Evangelio por San Mateo, en el capítulo quinto, y San Lucas en el sexto: «Perdonad a vuestros enemigos y haced bien a los que os aborrecen». Habéis de considerar lo primero que no dice haced bien a los que os hacen mal, sino a los que os aborrecen; porque, aunque el enemigo os aborrezca, es imposible haceros mal, si vos no quisiéredes. Porque, como sea verdad infalible que tendremos por bienes verdaderos a los que han de durar para siempre, y los que mañana pueden faltar, como faltan, más propriamente pueden llamarse males, por lo mal que usamos dellos, pues en su confianza nos perdemos y los perdemos, llamaremos a los enemigos buenos amigos, y a los amigos proprios enemigos, en razón de los efectos que de los unos y otros vienen a resultar. Pues nace de los enemigos todo el verdadero bien y de los amigos el cierto mal. Bien veremos cómo el mayor provecho que podremos haber del más fiel amigo deste mundo, será que nos favorezca o con su hacienda, dándonos lo que tuviere; o con su vida, ocupándola en las cosas de nuestro gusto; o con su honra, en los casos que se atravesare la nuestra. Y esto ni esotro hay quien lo haga, o son tan pocos, que dudo si en alguno pudiésemos dar el ejemplo en este tiempo. Mas, cuando así sea y todo junto lo hayan hecho, es mucho menos que un punto geométrico, si en lo que no es puede haber más y menos. Porque, cuando me dé cuanto tiene, ya es poca sustancia para librarme del infierno. Demás que no se expenden ya las haciendas con los virtuosos, antes con otros tales que les ayudan a pecar, y a esos tienen por amigos y dan su dinero. Si por mí perdiere su vida, no con ello se aumenta un minuto de tiempo en la mía; si gastare su honra y la estragare, digo que no hay honra que lo sea, más de servir a Dios, y lo que saliere fuera desto es falso y malo. De manera que todo cuanto mi amigo me diere, siendo temporal, es inútil, vano y sin sustancia. Mas mi enemigo todo es grano, todo es provechoso cuanto dél me resulta, queriendo valerme dello. Porque del quererme mal saco yo el quererle bien, y por ello Dios me quiere bien. Si le perdono una liviana injuria, a mi se me perdonan y remiten infinito número de pecados; y si me maldice, lo bendigo. Sus maldiciones no me pueden dañar y por mis bendiciones alcanzo la bendición:


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