Vida del pícaro Guzmán de Alfarache: 34

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Vida del pícaro Guzmán de Alfarache


Son las venganzas vida sin sosiego, unas llaman a otras y todas a la muerte. ¿No es loco el que, si el sayo le aprieta, se mete un puñal por el cuerpo? ¿Qué otra cosa es la venganza, sino hacernos mal por hacer mal, quebrarnos dos ojos por cegar uno, escupir al cielo y caernos en la cara? Admirablemente lo sintió Séneca que, como en la plaza le diese una coz un enemigo suyo, todos le incitaban a que del se querellase a la justicia, y, riéndose, les dijo:

«¿No veis que sería locura llamar un jumento a juicio?». Como si dijera: con aquella coz vengó como bestia su saña, y yo la menosprecio como hombre.

¿Hay bestialidad mayor que hacer mal, ni grandeza que iguale a despreciarlo? Siendo el duque de Orliens injuriado de otro, después que fue rey de Francia le dijeron que se vengase -pues podía- de la injuria recebida, y, volviéndose contra el que se lo aconsejaba, dijo: «No conviene al rey de Francia vengar las injurias del duque de Orliens». Si vencerse uno a sí mismo lo cuentan por tan gran vitoria, ¿por qué, venciendo nuestros apetitos, iras y, rencores, no ganamos esta palma, pues demás de lo por ello prometido, aun en lo de acá escusaremos muchos males que quitan la vida, menguan la vana honra y consumen la hacienda?

¡Oh, buen Dios! ¡Cómo, si yo fuera bueno, lo que de aquel buen hombre oí debía bastarme! Pasóse con la mocedad, perdióse aquel tesoro, fue trigo que cayó en el camino.

Su buena conversación y dotrina nos entretuvo hasta Cantillana, donde llegamos casi al sol puesto, yo con buenas ganas de cenar y mi compañero de esperar el suyo; mas nunca vino. Los clérigos hicieron rancho aparte, yéndose a casa de un su amigo y nosotros a nuestra posada.

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de la Primera parte


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