Rimas (Querol)
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[editar] Rima I
A orillas del ancho río se levanta un árbol muerto, que arraiga en húmeda tierra y alza los brazos al cielo. ¿Para qué pasan las aguas su pie nudoso lamiendo? ¿Para qué las tibias brisas de abril le prodigan besos? ¿Para qué en las ramas secas detiene el pájaro el vuelo? Ni henchirá el tronco la savia, ni hojas moverán los vientos, ni el dulce fruto o el nido hallará el ave allí dentro. .......................................... ¡Savia, frutos, nidos, hojas! ¡Vida, amor, nobles intentos!
[editar] Rima II
Para saltar las piedras del torrente que a nuestros pies bullía, sobre mi mano ardiente puso su mano fría. Breve instante las aguas cristalinas copiáronla en su centro, como si aún las ondinas morasen allí dentro. Hoy, cuando cruzo la corriente a solas, aún el raudal de plata de las trémulas olas miro si la retrata.
[editar] Rima III
¿Porque a la cumbre de la ciencia subes, juzgas que no te engañas? ¿Quién no creyó montañas a las nubes y nubes las montañas?
[editar] Rima IV - Al río Valira
Detrás del tronco del añoso sauce el soldado español puesto en acecho ve indiferente su sangrienta fauce cómo hunde el lobo en su raudal estrecho. Pero si un hombre al codiciado cauce baja, su bala le atraviesa el pecho. Que hoy nuestra raza, en la que el odio impera, niega al hermano lo que da a la fiera.
[editar] Rima V
Nuestras ideas y pasiones copia la mujer en su alma; mas la rudeza varonil endulza y suaviza al copiarlas. Así la luna en los dormidos cielos brilla con luz prestada; pero el fuego del sol que la ilumina. trueca en rayos de plata.
[editar] Rima VI
Callad ya, sonoras trovas. Laúd, permanece mudo. Morid, risas, con que necio la orfandad del alma insulto. La vid con alegres pámpanos preserva los tiernos frutos del rayo del sol, del viento y de los chubascos turbios; mas si el labriego la priva de sus racimos maduros, al soplo del cierzo entrega la vid sus pámpanos mustios.
[editar] Rima VII
De tu hipócrita fe roto ya el velo, hoy con vergüenza mi pasión escondo. Fingir supiste el amoroso anhelo, cual copiar sabe el cenagoso fondo de charca vil la claridad del cielo.
[editar] Rima VIII
Cruzaba contigo el valle a la hora en que las últimas luces de la tarde el cielo con rojas tintas alumbran, cuando, al llegar a la fuente que bajo el nogal murmura, encontramos a una hermosa gitanilla vagabunda. -«¿No querrá el buen caballero que en las líneas que se cruzan sobre su diestra, adivine cuál es su suerte futura?» Tendí mi mano riendo, mientras que, con honda angustia, tú interrogabas los ojos de la pitonisa muda. -«Vos iréis -dijo la maga- de un soñado bien en busca, loco tras de un imposible. que no habéis de lograr nunca.» Yo escuché entonces un leve suspiro del alma tuya pasar llevando en sus alas la afirmación de tus dudas. -«Vos iréis por luengas tierras, juguete de la fortuna, hasta que en lejanos climas una hermosa niña rubia os aprisione en los lazos de aquel amor que no dura más que lo que duran breves la juventud y hermosura.» Tú doblaste sobre el pecho la pálida frente mustia, y apoyaste sobre mi hombro las trémulas manos juntas. -«No fiéis del falso amigo que el traidor puñal aguza, ni de la mujer querida que miente el amor que os jura.» En sollozos comprimidos rompió al fin tu pena aguda, y de tus nublados ojos cayó el llanto en blanda lluvia. Sentados junto a la fuente nos vio la naciente luna, oprimiendo con mi brazo yo tu delgada cintura, doblando tu la cabeza entre risueña y confusa, y escuchando estas palabras, que ojalá no olvides nunca: -«El porvenir de mi vida sólo ha de ser obra tuya: tu amor sencillo y eterno será mi buenaventura.»
[editar] Rima IX - A...
Nunca sabrás tal vez que yo te adoro; nunca tú en mi semblante verás las huellas del amargo lloro del dulce lloro que por ti derramo, ni mi labio arrogante nunca osará esta frase, que devoro, junto a tu oído pronunciar: «Te amo.»
[editar] Rima X
En las grietas de la vieja torre polvo al pasar el huracán dejó; trajo el ave en su pico la semilla; cayó la lluvia y, cuando vino el sol, entre las piedras de la torre antigua brotó una flor. Tú has sido para mí, niña inocente, el viento, el ave que pasó veloz, la gota de agua, el sol de primavera cuya fecunda y misteriosa acción entre las ruinas de mi ser engendra nuevo el amor.
[editar] Rima XI
¿Ves esa lámpara triste que en la olvidada capilla del viejo templo cristiano, junto a la Virgen bendita, las sombras apenas vence, pero inalterable brilla? Siglos hace que sus rayos ante la imagen vacilan; siglos vendrán... y ella siempre arderá blanca y tranquila. No alumbró nunca el insomnio de desvelada codicia, ni la estremecieron nunca los cánticos de la orgía. Clara estrella sin ocaso, como la del Norte, fija; sagrada luz que no muere cual muere la luz del día. Amor la encendió, y de entonces el devoto amor la cuida; y, símbolo de una eterna pasión, única y sencilla, vivirá mientras la imagen a que da sus lumbres, viva. ........................................ Yo sé di un alma que arde por ti en casto amor, oh niña, como la lámpara triste de la olvidada capilla.
[editar] Rima XII
Si la humana razón con lumbre intensa el fondo incierto de las causas busca, la duda engendra, que, cual niebla densa, al alma envuelve y la conciencia ofusca. Cuando el sol tropical sobre el inquieto Ponto su rayo vibrador envía, no alumbra el fondo de la mar secreto; pero engendra el vapor que enturbia el día.
[editar] Rima XIII
Con venenosa mentira quisieron turbar la calma con que tu pecho respira; pero el rayo de su ira murió en la paz de tu alma. Si arrojáis, acaso, alguna piedra en el estanque lleno, baja hasta hundirse en el cieno, y el cristal de la laguna torna a cerrarse sereno.
[editar] Rima XIV
Del lodazal de la tierra el sol, con cálidos rayos, sabe engendrar los vapores que llevan por los espacios la grande voz de los truenos y el brillo de los relámpagos. Los tenues vapores grises que enturbian los cielos claros, al soplo del cierzo frío en blanda lluvia trocados, bajan de nuevo a la tierra para convertirse en fango. Alma mía, cuando el fuego te abrasa, del entusiasmo, libre hasta, los cielos subes; pero, cuando el desengaño te hiere frío, desciendes triste a la cárcel de barro.