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Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 44 Escena III






Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 45 Escena IV


BRUNO y VISORA. Dichos.

BRUNO Un soldado, invicto augusto, sus labios honra a tus pies. 125


ENRIQUE No están, Bruno, bien premiados ansí, ni su fama abonas, que yo los vi levantados hacer de muros coronas, por tu esfuerzo conquistados. 130 Brazos tengo con que honrarte, si a falta de los de Marte, los de un emperador son bastantes.


BRUNO Por tal blasón otra vez quiero besarte 135 sus sacros pies; pero ¿quién te dio mi nombre?


ENRICO Den, a pesar de olvidos viles, los pinceles y buriles fama y nombre a cuantos ven 140 las hazañas que este día te ilustran, y no te asombres que sepa tu nombre; fía de mí, que inmortales nombres te ha de dar tu valentía. 145 ¡Qué belleza celestial!

(Reparando en VISORA.)     


BRUNO De tu valor imperial es sólo merecedora.



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ENRICO ¿Cómo te llamas?


VISORA Visora.


ENRICO Di, serafín celestial. 150 Cuando sólo conquistaras, Bruno, esta sin par belleza, hazañas aventajaras de cuantas la fortaleza celebra en bronces y en aras. 155 Di quién eres, pues que das mientras que triunfando estás la fama que noble adquieres, porque cuanto menos fueres, yo pienso ensalzarte más. 160



Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 47 BRUNO Colonia, augusta ciudad, césar y monarca invicto, tan ilustre entre modernos, tan celebrada de antiguos, es mi patria, y tengo en ella 165 un padre prudente y rico, de sangre calificada entre ilustres y patricios. Nací solo, vinculando el amor que, repartido 170 suele ser en otros padres menos, siendo más los hijos. Estudié felicemente, dando muestra en mis principios de fertilizar con letras 175 la fama que adquieren libros. Gradueme de maestro; llevé entre ingenios divinos, cátedras que autorizaron mis años entretenidos. 180 Gustara mi viejo padre que echara por el camino de la Iglesia, por tener algunos deudos obispos; pero, amor, más poderoso, 185 rayo dios, gigante niño, para cuya resistencia suelen ser diamantes vidros, sujetó mis verdes años al más hermoso prodigio 190 que encareció la belleza entre sus dulces hechizos. Evandra, ilustre, si pobre, destruición de mi albedrío, prisión de mi libertad 195 y cárcel de mis sentidos, enamorándome honesta, multiplicó desvaríos, tiranizó libertades y dio materia a suspiros. 200 Quíseme casar con ella; tiranizó libertades pero mi padre, ofendido de ver malograr mis letras, ya con consejos prolijos, 205 ya con ruegos paternales, ya con enojos fingidos y maldiciones de veras, impedir mi intento quiso. Entre amenazas y miedos 210 en su presencia me dijo: «Plegue a Dios te sea traidor, Bruno ingrato, el más amigo; la prenda por quien me dejas te quite a tus ojos mismos; 215 ella te desprecie, odiosa, pagando amor con olvidos». ¡Ay Dios! ¡Qué bien se cumplió! No pasaron, señor, siglos, años ni horas, que los cielos 220 con desdeñoso castigo, en fe destas maldiciones, el conde Próspero, indigno de la amistad profanada, que se llamaba Zopiro, 225 enamorado de Evandra, y ella del estado rico, que interesó con querelle, dando a sus quejas oídos, juntáronse en yugo ciego 230 dejando desvanecidos deseos, entre esperanzas de seis años de servicios. Casáronse al fin los dos, y viéndome aborrecido 235 de mi padre, de mis deudos, y lo que es más, de mí mismo, salí a buscar muerte honrosa, creyendo hallar el olvido de celos desesperados 240 entre armados enemigos. Supe que aquesta ciudad, rebelde al valor invicto de tu majestad cesárea, temor del planeta quinto, 245 te negaba la obediencia, y sus infieles vecinos, armándose contra ti, despreciaban tus edictos; que con tu campo imperial 250 la ponías cerco y sitio, honrando con tu presencia tus alemanes presidios. Alisteme por soldado, batiose el muro prolijo, 255 postrando montes de piedra, abortos del fuego en tiros. Hízose la batería y publicaron los bríos de tu venganza el asalto, 260 de los rebeldes castigo. Celos y amor con desprecio pudieron tanto conmigo, que desesperado y loco, alentado de los gritos 265 con que animabas cobardes, no hazañas, mas desatinos, me subieron el primero sobre los muros altivos de la rebelde ciudad, 270 y sobre el mayor castillo las águilas imperiales puse, si amante, atrevido. Bajé al saco, codicioso, y mientras despojos ricos 275 robaba el atrevimiento, llorando viejos y niños, en el más noble palacio que ilustra con edificios la ya rendida ciudad, 280 entro, y de rodillas miro a los pies de un vil soldado el asombro peregrino desta belleza hechicera, si hermosuras son hechizos. 285 Determinaba forzalla sin refrenar sus suspiros torpezas que en pechos viles se rinden al apetito. Impedíselo, piadoso; 290 pedísela, comedido, a rescate, y respondiome soberbio y desvanecido. Pero yo, que de ordinario al noble acero remito 295 lo que la lengua no alcanza, de amor y vida le privo. La noble presa consuelo, su honor precioso redimo, pagando en perlas que llora 300 y ensartan preciosos hilos. Supe que era única prenda del más ilustre vecino desta ciudad, que a tus armas muerto, pagó sus delitos; 305 y juzgando su belleza por intercesor benigno contra tu enojo severo, a tus pies augusto invicto, la presento, confïado 310 que premiando este servicio, y consolando estos ojos, perdonarás los rendidos.



Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 48 ENRICO Con muchas obligaciones, Bruno noble, has adquirido 315 el favor que hacerte pienso, de tus nobles partes digno. Hidalga sangre te ilustra, letras te han engrandecido, hazañas te dan valor, 320 despojos me has ofrecido merecedores de premios, no sé si diga divinos, pues me confieso, aunque césar, de tu cautiva, cautivo. 325 Siendo, pues, Bruno famoso, cuerdo, sabio, bien nacido, valeroso y liberal, justo es ser agradecido, y honrar mi paz y mi guerra 330 desde este punto contigo. Acreditando privanzas, que en ti ilustrar determino, gobierna mi augusto estado, y entre las armas y libros, 335 da consejos y haz hazañas, reparte cargos y oficios. Esa divina hermosura en tu lealtad deposito; sé alcaide de ese tesoro 340 y ángel dese paraíso. Celos de la Emperatriz temo que han de ser castigo del amor con que me abrasa. No la vea, que imagino 345 que la vida han de quitalla mis forzosos desatinos, puesto que a quererlo el cielo, le agradeciera propicio si en las sienes de Visora 350 pudiera el laurel invicto de mi corona ufanarse, o la que al sol dora signos. Mi esposa, Bruno, es aquesta que a recibirme ha venido 355 desde mi corte imperial. Mientras que favores finjo con que a los suyos engañe, sirve a quien el alma humillo; guárdamela cuidadoso, 360 y haz que tenga amor a Enrico.

(Vase.)    











Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 49 Escena V


BRUNO, VISORA y MARCIÓN.

BRUNO ¡Oh maldiciones dichosas! ¡Oh amorosos laberintos, en los fines provechosos, si fieros en los principios! 365 ¡Oh desdenes bien premiados! ¡Desengaños no entendidos! ¡Amistades mal pagadas! Ya os adoro, ya os estimo. Por vosotras honra adquiero, 370 a privanzas me sublimo, cargos intereso honrosos, mi sangre noble autorizo. Si a logro pérdidas dan tal ganancia, desde hoy digo, 375 con César, que me perdiera si no me hubiera perdido.



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VISORA Añade a esas dichas todas, si a mi amor, Bruno, te obligo, la voluntad que te tengo, 380 y en vano honesta resisto. Bruno, tu cautiva soy; de atrevimientos lascivos de un soldado me libraste, de mi honor defensa has sido. 385 Agora, pues, que deudora la fama que has ofendido, premios te ofrece del alma que en medio del pecho cifro, ¿será razón que violentes 390 tan generosos principios, y consientas que profane, lo que defendiste, Enrico? No lo permitan los cielos, ni el valor que he conocido 395 en tu invencible nobleza, a quien mi esperanza rindo. Padres ilustres me han dado, si no dicha, nobles bríos para defender mi fama, 400 que ya por tuya la estimo; del soldado me libraste, líbrame también de Enrico, que no mudan la deshonra, Bruno, sujetos distintos. 405 Mi dueño eres, sé mi esposo; tesoros tengo infinitos de la fuerza de la guerra seguramente escondidos. En la calidad te igualo, 410 y en el amor excesivo te llevo tantas ventajas como es el tuyo testigo. Con honra, Bruno, me hallaste; con ella también te pido 415 me dejes, o no te nombres de honor y nobleza digno.


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BRUNO Visora, los desengaños sanaron locos hechizos en mí de promesas vanas, 420 que ya sepulta el olvido. No más crédito engañoso, no llantos de cocodrilos, pues escapé, gloria al cielo, seguro de sus peligros. 425 El Emperador te adora; es mi señor, yo le sirvo; tú eres suya de derecho, por despojo le has cabido. No afrentan deshonras reales: 430 pues tu fortuna lo quiso, ama al César, y perdona.


MARCIÓN A eso voy y aqueso digo.


VISORA ¡Oh avariento mercader! ¡Que el interés ha podido 435 tu valor poner en venta, y la fama que te fío! Pues mira bien lo que haces, que si pierdo el honor mío por tu causa, he de trocar 440 en rigores vengativos el amor que te he mostrado.


BRUNO Anda, y deja desatinos.



(Vase VISORA.)

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Escena VI


BRUNO y MARCIÓN.

MARCIÓN ¿Y yo podreme volver a mi lacayil oficio 445 y servirte?


BRUNO Sí, Marción; que puesto que ingrato has sido, quiero perdonar tus faltas.


MARCIÓN Ya son chazas, señor mío; pelota rasgada soy; 450 pero si medro un vestido, vuelto a tu casa dirás: «Vuelve a casa, pan perdido.»



(Vanse.)

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Escena VII


La EMPERATRIZ, MILARDO y acompañamiento.

EMPERATRIZ ¿Que es tan bella, Milardo, la cautiva?


MILARDO Ojos deslumbra y ánimos derriba, 455 vencida vencedora, a mí me hechiza, al César enamora. Si no ataja con tiempo sus desvelos, en el infierno de la envidia y celos llorará Vuestra Alteza 460 competencias de amor en su belleza.


EMPERATRIZ No tendrá Enrico, a quien el alma he dado, el gusto de su amor tan estragado, que puesto que en ausencia cualquier belleza me haga competencia, 465 ya que le he visto alegre, me prometo las ventajas de amor, siendo su objeto. Pero ¿quién fue el soldado que, atrevido, tal presa ha presentado al César, dando causa a mis enojos, 470 materia a celos y a su amor despojos?



Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 54 MILARDO Bruno, extranjero y pobre, porque soberbia la bajeza cobre, más loco que valiente y animoso, subió el primero al muro temeroso, 475 enarbolando al viento, águilas del Imperio, en cuyo asiento fijando el estandarte, dio materia a su ventura y fin a su miseria; pues obligado Enrico 480 a su esfuerzo o locura, certifico a Vuestra Majestad que le ha entregado en guerra y paz vuestro imperial estado. Este, rendido el muro, a la ciudad bajó, donde seguro 485 de la muerte, que a míseros perdona, mientras el campo el saco real pregona, despreciando riquezas, despojos busca sólo de bellezas: y saliole dichosa su fortuna 490 aun hasta en esto, pues hallando una, ostentación hermosa de la Naturaleza prodigiosa, a Enrico la presenta, con que su fama y su favor aumenta, 495 pues rendido el augusto a sus amores, de cargos carga a Bruno y de favores. Los despachos le entrega deste imperio; que, en fin, es pasión ciega la voluntad enamorada y loca, 500 y no es el alma a resistencia roca. En fin, Bruno, señora, es el depositario de Visora, y porque guarda al César la cautiva, el Imperio gobierna, y con él priva. 505


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EMPERATRIZ Subió el villano presto; presto caerá del encumbrado puesto. Medios ruines no son escalones que sustentan privanzas y ambiciones, y más si los derriban 510 celos y agravios que en furor estriban. Mujer soy agraviada y poderosa; para su muerte basta estar celosa. Mas ¿qué es esto?


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Escena VIII


LEIDA, dama, con guitarra, y dos soldados que la conducen prisionera. Dichos.

SOLDADO 1.º A tu Alteza prisionera presento esta belleza, 515 que huyendo de la furia que a esta ciudad castiga por su injuria, estos montes vagaba y sus penas cantando disfrazaba, pues con su melodía 520 orbes paraba y vientos suspendía.


EMPERATRIZ ¿Eres música?


LEIDA Templo males con la paciencia, y al ejemplo de los trabajos míos, suspendo con acentos desvaríos; 525 y como es propio efeto de la música obrar en el sujeto según sus calidades, aumentando a tristezas soledades, y al contento alegría, 530 penas, cantando, a penas añadía: que el triste, gran señora, mejor entonces canta cuando llora.



Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 57 EMPERATRIZ Si la música aumenta la pasión del sujeto en quien se asienta, 535 canta envidia y desvelos, porque celos aumentes a mis celos; crecerá la esperanza que tengo, en mis agravios, de venganza.


LEIDA (Canta.) «El que buscare ponzoñas 540 de tal virtud y poder que maten a sangre fría, busque celos en mujer. El que venganza desea contra el olvido y desdén, 545 que dan la muerte viviendo, busque celos en mujer. Quien basiliscos buscare, áspides quisiere ver, y onzas, hurtados sus hijos, 550 busque celos en mujer.»


EMPERATRIZ Basta, no prosigas más; todo aqueso vengo a ser: ponzoña, venganza, tigre, basilisco y áspid fue 555 contra Bruno mi sospecha. De mi venganza cruel verá efectos, pues que loco buscó celos en mujer.

(Vase.)    








Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 58 Escena IX


Dichos, menos la EMPERATRIZ.

SOLDADO 1.º ¿Qué es esto? La Emperatriz 560 arrojando rayos fue por los ojos; si sus perlas, llamarlos rayos es bien.


MILARDO Celos la abrasan el alma, y en su infierno cruel 565 siento penas inmortales en que me braso también. Envidia de la privanza en que encumbrado se ve este Bruno venturoso, 570 en mí muestra su poder. Pero canta, Leida hermosa, que si la música es suspensión de penas tristes, las que siento suspendré. 575


LEIDA (Canta.) «El que en los príncipes fía, y a la cumbre del poder por el favor va subiendo, mire cómo asienta el pie. Por escaleras de vidrio 580 sube el privado más fiel, y es fácil cuando descienda o deslizar o romper.

(Sale BRUNO lleno de memoriales que le van dando, y MARCIÓN con él, y suspéndese oyendo cantar.)

Aun en el cielo no tuvo seguridad Lucifer, 585 pues no hubo más de un instante desde el privar al caer. Efímera es la privanza, mudable el más firme rey; hoy derriban disfavores 590 al que ensalzaron ayer.»



(Vanse todos cantando, y quedan BRUNO y MARCIÓN.)


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Escena X


BRUNO y MARCIÓN.

BRUNO ¡Qué mal pronóstico anuncia la música que he escuchado! Del augusto soy privado. ¿Si mi caída pronuncia 595 el acento temeroso que agora acabo de oír? Hoy que comencé a subir, ¿el caer será forzoso? Fui desdichado en amores; 600 por la guerra los dejé; a Enrico el Cuarto obligué; mas mujeres y señores son fábricas sobre el viento porque el amor y privanza 605 ponen silla en la mudanza, y es peligroso su asiento.


MARCIÓN ¡Qué lleno de peticiones te ha ocupado la ambición! Ayer dabas petición 610 al poder, hoy las dispones; a tal subir y privar presto ser monarca esperas.


BRUNO Acertarás si dijeras, a tal subir tal bajar. 615


MARCIÓN ¿Pues qué tienes que temer? ¿Qué recelo hay que te espante?


BRUNO ¿Que no hubo más que un instante desde el subir al caer? ¡Oh riesgo de la ambición! 620 ¡Oh peligros de un vasallo!


MARCIÓN No hay hombre cuerdo a caballo; pero tente tú al arzón, pues con la carrera arrancas, y luego no tengas miedo, 625 aunque también yo caer puedo, porque en fin voy a las ancas.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 60 Escena XI


ENRICO, BRUNO y MARCIÓN.

ENRICO Bruno, como es niño amor, no sabe tener sosiego; atormenta, como es fuego; 630 da priesa, como es furor. Al hermoso resplandor de Visora cera he sido; Ícaro soy, que he caído del Cielo de mi grandeza; 635 las plumas de la firmeza a su sol se han derretido. ¿Parécete que pretenda, mis tormentos dilatando, sus favores obligando, 640 y que entre tanto me encienda, o que enamorado ofenda leyes de la cortesía, y gozándola este día, aunque obligaciones tuerza, 645 muestre al mundo que no hay fuerza en poder ni en monarquía?

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BRUNO Gran señor, si el dar consejos es de la privanza oficio, y el estar en tu servicio 650 puede suplir años viejos. Los príncipes son espejos del mundo, y tú en el sagrado solio imperial asentado, es razón que alumbres más. 655 ¿Por qué luz después darás si eres espejo quebrado? Visora al fin es mujer, que, aunque cautiverios llora y su muerto padre agora, 660 vendrá después a querer. La justicia en el poder su conservación confía; ampara la monarquía la nobleza y opinión, 665 porque el poder sin razón más parece tiranía. Aunque eres emperador, no has de usar, en cuanto amante, del poder siempre arrogante, 670 que ruegos vencen a amor. Sirve; no en cuanto señor, sino como enamorado; ruega y regala humillado, si al desdén quieres vencer, 675 que no es árbol la mujer que ofrece el fruto forzado.


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ENRICO Si no fueras más valiente que eres sabio consejero, no debieras al acero 680 mi privanza.


MARCIÓN Bruno, tente.


ENRICO Persuadesme elocuente que no pretenda a Visora por fuerza cuando la adora el alma que la entregué; 685 pero ya, villano, sé que mi ofensa te enamora. Suelta la llave que ha sido guarda suya, y la ocasión de tu privanza.


MARCIÓN Al arcón, 690 ¡cuerpo de Dios!


BRUNO Si ofendido estás porque persuadido de mi lealtad te aconsejo, perdóname, que ya dejo desde aquí de aconsejar, 695 porque te puedo quebrar siendo gran señor, mi espejo. Como la verdad es dura, quiebra tal vez el cristal; yo, gran señor, hablé mal; 700 la lisonjeada ventura es blanda, y así asegura vidrios siempre delicados. Lisonjeros sean criados y pastores lisonjeros, 705 por humildes, verdaderos, y por serlo, despreciados. Yo estoy tan lejos, señor, de ofenderte, siendo amante, cuanto desde aquí adelante 710 con recelo y con temor de caer de tu favor. Goza a Visora y procura tu esperanza hacer segura, que cuando a tus plantas ven 715 el mundo, no será bien resistirte una hermosura.


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MARCIÓN Eso sí, ¡cuerpo de Dios!, vístete del mismo paño; viva y venza aquí el engaño 720 y medraremos los dos.


BRUNO (Aparte.) Padre, si os creyera a vos, mis estudios prosiguiera, y en riesgos no me metiera del favor y la privanza; 725 vuestra maldición me alcanza, cuanto justa, verdadera.


ENRICO Hoy, Bruno, a privar empiezas. Si te quieres conservar, sombra has de ser y imitar 730 en palacio las grandezas. Vuelve a consolar tristezas, que si tu discreción sabe agradarme, el cargo grave gozarás que te di agora. 735 Sácame, Bruno, a Visora; tráela aquí; toma la llave. Pero, detente, que viene la Emperatriz.


BRUNO ¡Ay de mí! ¿Que el palacio trata así 740 a quien con honras mantiene? ¿Que tan flaco asiento tiene en él el sublime puesto? ¡Subir y bajar tan presto!


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Escena XII


ENRICO, la EMPERATRIZ, BRUNO y MARCIÓN.

EMPERATRIZ ¡Gran señor!


ENRICO ¡Esposa mía! 745


EMPERATRIZ ¿Qué nueva melancolía os entristece? ¿Qué es esto?


ENRICO (Aparte, a BRUNO.) Si tú obediente cumplieras lo que te mandó mi amor y necio aconsejador, 750 mis deseos no impidieras, ni mis tormentos crecieras, ni a mi esposa alborotaras, haciendo sospechas claras que ha visto en mi turbación. 755


EMPERATRIZ ¿No merece mi afición que me hables? ¿No te declaras?


ENRICO Entronizar un villano, necio y desagradecido, causa de mi enojo ha sido. 760 Dile indiscreto la mano, subió por el viento vano, y al mismo paso ha de ser, fuerza que vuelva a caer; pregúntale lo demás. 765

(Vase.)    




Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 65 Escena XIII


Dichos, menos ENRICO.

EMPERATRIZ ¿De aquesa suerte te vas? Celos tengo, y soy mujer; satisfacellos conviene. Ven acá. ¿Por qué ocasión, con tan grande indignación, 770 contra ti enojos previene?


BRUNO La culpa esta llave tiene, en que me premia y castiga quien al silencio me obliga, que ha de eslabonar mis daños 775 por no creer desengaños; ella la verdad te digna.

(Da la llave a la EMPERATRIZ y vase.)      


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Escena XIV


La EMPERATRIZ y MARCIÓN, que se finge mudo.

EMPERATRIZ ¿Hay tal descomedimiento? Sin responderme se fue; yo, villano, humillaré 780 vuestro desvanecimiento; presto seréis escarmiento de lo que el favor se muda. Satisfaced vos mi duda, llave, pues que la sabéis; 785 pero cuerda me diréis que sois secretaria muda. Este debe ser crïado del arrogante extranjero; saber dél la causa quiero 790 por qué Enrico va indignado.


MARCIÓN ¿No es bueno, que me he quedado en el potro, donde dudo decir, aunque no desnudo, la maraña de esta danza? 795 Todo este mundo es mudanza; por Dios que he de hacerme mudo.


EMPERATRIZ ¡Hola!


MARCIÓN (Aparte.) Ya empieza a olearme; desahuciado debo estar.


EMPERATRIZ ¿Quién sois?


MARCIÓN (Aparte.) Oír y callarme, 800 si es que pretendo escaparme.

(Fíngese mudo.)    


EMPERATRIZ No temáis; llegad a hablarme. ¿Servís a Bruno?


MARCIÓN (Aparte.) Diré por señas que no lo sé, ni lo que me dice entiendo. 805


EMPERATRIZ ¿No me respondéis?


MARCIÓN (Aparte.) Pretendo de mi lealtad dar hoy fe.


EMPERATRIZ ¿Qué tiene el Emperador? ¿Por qué se partió severo? ¿Qué llave es esta?


MARCIÓN El primero 810 que sirve y no es hablador he sido.


EMPERATRIZ ¿Acaso es traidor con el César vuestro dueño? ¿No me respondes si sueño? ¿Sois mudo? Dice que sí. 815 Mas mudo en tal traje aquí, ¿es o no?


MARCIÓN (Aparte.) Cielo risueño, lleva mi engaño adelante, y sácame deste aprieto.


EMPERATRIZ Este me encubre el secreto 820 con engaño semejante; mas no pasará adelante su cautelosa afición. ¡Hola!


MARCIÓN Tres con esta son las oleadas. ¿Qué mar 825 te pudiera hacer tragar tantas olas, di, Marción?


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Escena XV


MILARDO con algunos soldados. Dichos.

MILARDO ¿Llama Vuestra Majestad?


EMPERATRIZ Sí, Milardo. Aqueste mudo, de cuyas cautelas dudo, 830 de un pino al punto colgad.


MARCIÓN (Aparte.) ¡Cuerpo de Dios! Lengua, hablad y molamos de represa.

(Hablando.)        

Gran señora, a mí me pesa de no haberte respondido. 835 Imagen conmigo has sido de milagros. Digo...


SOLDADO 1.º Apriesa.


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MARCIÓN Que yo me llamo Marción, sirvo de lacayo a Bruno. Fuele el amor importuno, 840 y por aquesta razón dejó estudios, aunque sabio; dejó amores, aunque ciego; dejó padres, galas, juego, celos, desdenes y agravio. 845 Vino a la guerra, seguile; subió al muro y ayudele; venció la ciudad, loele; honrole Enrico y servile. Presentole cierta dama, 850 enamorose de vella, hízole custodio della, fue mariposa en su llama. Quísola agora forzar, fuele a la mano mi dueño; 855 esto del privar es sueño; comenzose a desgraciar. Quitole el César la llave, temió Bruno el tropezón, mudó cuerdo de opinión, 860 que quien miente, privar sabe. Díjole que hacía muy bien, que pues era emperador, apretase con su amor. Ayudele yo también, 865 restituyole a su gracia, iba a sacar a la moza, pero todo lo destroza si se emperra una desgracia. Salió entonces Vuestra Alteza, 870 fue perro del hortelano, vio su amor, Enrico, en vano, diole su estorbo tristeza, trocó el favor en desdén; fuese, acabose la historia; 875 aquí gracia y después gloria por siempre jamás, amén.


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SOLDADO 1.º Mudo que habla de ese modo, ¡fuego en él! Callar y huir.


MARCIÓN Reventaba por parir 880 y eché las parias y todo.


EMPERATRIZ Yo he quedado satisfecha, celosa y desengañada, si con la verdad airada, libre de amor en sospecha. 885 No gozará de esperanza el mudable emperador, ni el villano intercesor de sus gustos, su privanza. Toma, Milardo, esta llave, 890 goza la ocasión, discreto; saca esa mujer, efeto de mi agravio y pena grave. Llévala de aquí, no viva donde pueda darme enojos, 895 ni hechizar con torpes ojos el César, loca y lasciva. Su jurisdicción te entrego; goza su amor entre tanto que yo entre penas y llanto 900 de menosprecios me anego.

(Vase.)    



Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 70 Escena XVI


MILARDO, MARCIÓN y soldados.

MILARDO ¡Oh llave de mi esperanza, remedio de mi temor, premio justo de mi amor y de mi envidia venganza! 905 Perdone el Emperador, que si su vasallo fui, Amor, que es dios, puede en mí más; así obedezco a amor. Sacaré la prenda hermosa 910 que mi lealtad atropella; desterrareme con ella, que si la patria amorosa menosprecio por Visora, patria, riqueza y ventura 915 llevaré con su hermosura y serviré a mi señora.

(Vase.)    


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 71 Escena XVII


Dichos, menos MILARDO.

SOLDADO 1.º ¡Lindamente desbucháis!


MARCIÓN El temor causarlo pudo. Haceos vos media hora mudo, 920 veréis después lo que habláis.


SOLDADO 1.º ¿Hácenlo así los discretos?


MARCIÓN Para hinchazón tan odiosa es medicina famosa una gaita de secretos. 925


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Escena XVIII


VISORA, sola.

VISORA ¿Qué es esto, soberbia mía? ¿Quién os humilló tan presto a las leyes del amor y injurias del menosprecio? ¿Vos de Bruno desdeñada, 930 cuando pagaban deseos de espíritu generosos el ver mis ojos risueños? ¿Yo, ayer de amor simulacro, que a idólatras pensamientos 935 pagaba en desdenes locos, siendo adorada por ellos de un pobre soldado agora menospreciada y a riesgo de que mi fama profane 940 Enrico, amante soberbio? Eso no, imaginaciones; prevenga mi amor primero brasas con Porcia y con Dido espadas que aliente el fuego. 945



Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 73 Escena XIX


VISORA y MILARDO.

MILARDO A daros, Visora, hermosa, la libertad que no tengo me envía la Emperatriz abrasada en vuestros celos. Hale declarado Bruno 950 el amor que Enrico, ciego, os tiene, y que determina forzaros torpe y violento. Diome la llave que veis y juntamente consejo 955 que os quite la hermosa vida, digna de siglos eternos. Hanme hecho su ejecutor; pero yo, que en sólo veros, vivo adorándoos, Visora, 960 si es vida vivir muriendo; si admitís servicios nobles y un alma que humilde ofrezco leal a vuestro servicio; si agradecéis mis deseos, 965 huir con vos determino con voluntario destierro, y mejorar amoroso la Corte por el destierro. Casarémonos los dos, 970 y con el traje grosero disfrazaremos las almas, de nobles, villanos vueltos. No respondáis desdeñosa a los nobles pensamientos, 975 que en vez de daros la muerte os eligen por mi dueño.


VISORA ¿Bruno aconseja a la augusta que me dé muerte?


MILARDO Esto es cierto.


VISORA ¡Oh bárbaro, mal nacido! 980 ¿Ya añades a tus desprecios nuevos agravios y enojos? Satisfareme, y con ellos verás lo que es un amor vuelto en aborrecimiento. 985 Como a ese ingrato enemigo mates, Milardo, primero, en satisfacción dichosa el alma y vida te entrego.


MILARDO Pues hoy daré muerte a Bruno. 990



Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 74 Escena XX


VISORA, MILARDO y BRUNO, que sale.

BRUNO A Bruno matan. ¿Qué es esto?


VISORA ¡Traidor, ingrato, villano, alma vil en noble cuerpo! Venganzas son contra injurias: castigos contra consejos. 995 Si mi muerte deseabas, permitieras al acero del soldado violador cumplir su bárbaro intento. ¿Porque te quise me matas? 1000 ¿Porque mi opinión defiendo? ¿Porque desprecio al augusto? ¿Porque insultos aborrezco?


BRUNO ¿Qué dices, Visora bella?


MILARDO Las traiciones con que has hecho 1005 agravio a aquesta hermosura, que agora vengar pretendo.


BRUNO ¡Oh bárbaro! ¿Tú te atreves a injuriarme?


MILARDO En este acero hallarán satisfacciones 1010 sus agravios y mis celos.



(Meten mano y sale ENRICO por una parte y la EMPERATRIZ y MARCIÓN por otra.)


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 75 Escena XXI


VISORA, BRUNO, MILARDO, ENRICO, la EMPERATRIZ y MARCIÓN.

ENRICO ¡Traidores! ¿En mi palacio desnudáis armas? Prendeldos.


EMPERATRIZ ¿Qué voces, señor, son esas?


ENRICO Dos locos y descompuestos 1015 a la inmunidad sagrada de mi casa.


MILARDO Yo confieso cuán mal, gran señor, he andado; mas si castigar excesos contra tu fama merece 1020 perdón de mayores yerros, Bruno, a quien has confiado los despachos del Imperio, encumbrado en tu privanza, y con tu favor, soberbio, 1025 dentro tu mismo palacio con torpes atrevimientos quiso gozar a Visora; hubiera llegado a efecto, si con la espada en la mano, 1030 en justa cólera ciego, no impidiera desatinos traidores y deshonestos. Si no basta esta disculpa, divide de aqueste cuello 1035 la cabeza que te ofende.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 76 BRUNO ¡Qué escucho, piadosos cielos! ¿Yo intenté tan gran delito?


VISORA Gran señor, mi honor le debo a Milardo, defensor 1040 de la joya de más precio. Verdad es cuanto te ha dicho.


EMPERATRIZ ¿Este es, señor, el sujeto tan digno de vuestra gracia, célebre con tanto extremo? 1045 Quien deja vasallos fieles por encargar el gobierno a un humilde advenedizo, la culpa se eche a sí mesmo. Justas quejas habéis dado 1050 a mis inocentes celos, que satisfacéis confuso con verguenza y con silencio. Si en vos, que sois la cabeza, tiene el mundo tal ejemplo, 1055 ¿qué espera la cristiandad, qué harán en ella los miembros? Volved, gran señor, en vos, y a apetitos deshonestos, resistencias generosas 1060 pongan victoriosos frenos. Visora le dé a Milardo la mano, en fe que agradezco la defensa de su honor, como salga de aquí luego; 1065 y quien a vuestra privanza subió con tan malos medios, derribad, pues que es indigno el favor que le habéis hecho.

(Vase.)    


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 77

Escena XXII


Dichos, menos la EMPERATRIZ.

ENRICO Desnudad este villano 1070 de las insignias, que han hecho, cuanto más nobles en él, más indignos sus empleos. Bástele esto por castigo, que si matarle no quiero, 1075 es por pagar, aunque ingrato, su mal empleado esfuerzo. Yo os perdono a vos, Milardo, este honrado atrevimiento, y a Visora por esposa 1080 liberalmente os concedo. Llevalda a vuestros estados, y sírvame de escarmiento para no fiar de hazañas lo que agora experimento. 1085 Salid de mi corte, vos, que quien, su padre ofendiendo, fue contra sus canas malo, no será para mí bueno.

(Vase.)    


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 78 Escena XXIII


BRUNO, MILARDO, VISORA y MARCIÓN.

VISORA Así castiga desdenes, 1090 descortés, ingrato, el cielo. Escarmentad en vos mismo, si escarmienta nunca el necio.

(Vase.)    


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 79 Escena XXIV


BRUNO, MILARDO y MARCIÓN.

MILARDO En tres días de privanza, Bruno, serviréis de ejemplo 1095 al mundo. Presto subisteis; no es mucho que caigáis presto. Revolved otra vez libros, y estudiad, Bruno, de nuevo derechos que os hagan sabio, 1100 que en privanzas no hay derechos.

(Vase.)    


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 80

Escena XXV


BRUNO y MARCIÓN.

MARCIÓN ¿Qué privanza tercianaria es esta, señor? Tornemos (pues a tres va la vencida) desde el principio este juego. 1105 Privado eres de alquitar; quien te vio dando gobiernos en aqueste triunvirato, y agora quedarte en pelo, dirá que eres rey de gallos, 1110 que en los tres días de antruejo triunfaste, y ya te desnuda el Miércoles ceniciento. Triangulada es tu ventura, para bonete eres bueno, 1115 de tres esquinas; señor, voyme a buscar amo nuevo. Adiós, señor tres en raya, que pues contigo no medro, quien se muda Dios le ayuda: 1120 él me ayude, pues te dejo.

(Vase.)    


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 81 BRUNO ¡Oh sagrados desengaños! Pues no me curáis el seso, curad mi ciega inquietud, alumbrad mi entendimiento. 1125 ¡En tres días de privanza tanta confusión! ¿Qué es esto? Fié en hombres, ¿qué me espanto? Si crió Dios al primero, y de un soplo le infundió 1130 el alma, animando el cuerpo, por fuerza se ha de mudar si fue su principio el viento. ¡Qué confïado dormía Jonás, a la sombra puesto 1135 de una yedra, que secó un gusanillo pequeño! Yedra es la privanza humana; royola la envidia, y luego faltole al favor la sombra, 1140 quedé a la inclemencia expuesto. Dichoso soy; sin razón, piadosa deidad, me quejo; embosqueme en laberintos de lazos y penas llenos. 1145 Si anduve tres días perdido, dichoso llamarme puedo, pues la salida he hallado de su confusión tan presto. No más engaños de amor, 1150 no más favores soberbios, no más príncipes mudables, no más cargos y gobiernos. Peregrino he de vivir, y pregonar escarmientos 1155 por el mundo a los mortales; conmigo el ejemplo llevo. Quien desengaños buscare, mercader soy que los vendo, pues el mayor desengaño 1160 puede en mí servir de ejemplo.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 82 Acto tercero

Escena I


ROBERTO, LUCIO y FILIPO, estudiantes.

ROBERTO ¡Notable ingenio!


LUCIO ¡Espantoso monstruo es Bruno en todas ciencias!


ROBERTO Con exceso se llevara la cátedra, aunque con ella se llevara la tïara. 5


FILIPO No hay quien le haga competencia.


LUCIO A su maestro Dïón, con ser águila en las ciencias, se aventaja aqueste monstruo.


ROBERTO Así él mismo lo confiesa, 10 y como ha caído malo, y la muerte se le acerca, que a su cátedra se oponga me han dicho que le aconseja.


LUCIO Es Dïón un grande santo; 15 a Dios goza acá en la tierra; llórale todo París, que dél maravillas cuenta.


ROBERTO En fin: ¿a la oposición se hallan el rey y la reina 20 de Francia?


LUCIO Quieren honrar a Bruno, y por experiencia ver lo que la fama a voces de su mucho estudio cuenta.


FILIPO Si lee cátedra de Prima 25 y es canónigo en la iglesia de París, no será mucho que lleve una mitra.


ROBERTO Y sea la de arzobispo de Remes, o un capelo le engrandezca. 30


LUCIO Los reyes y los doctores salen al acto.


ROBERTO A mi cuenta está un argumento.


FILIPO Todos delante la real presencia arguiremos, aunque Bruno 35 nos concluya y nos convenza.





Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 83 Escena II


BRUNO, de clérigo; MARCIÓN, de gorrón; MARCELA y LAURA, damas, de estudiantes. El REY, la REINA, doctores y estudiantes de la Universidad. Dichos.


Tocan música. Los reyes se colocan en un sitial. BRUNO en una silla, y delante un bufete con unas conclusiones. Los doctores y estudiantes siéntanse en un banco, y en otro, MARCELA, LAURA y MARCIÓN. Levántase BRUNO, y siéntase luego al empezar.

BRUNO Cuestión antigua y reñida, con no pocas competencias, es, cristianísimos reyes, amparo de la ley nuestra, 40 entre sabios y soldados sobre cuál profesión sea mayor en nombre y en fama, o las armas o las letras. No me atreveré a mostrar 45 cuál de las dos lo merezca, por no ofender a la una, aunque en cátedras y guerras seguí entrambas profesiones, que respeto en la grandeza 50 del cristianísimo rey la espada, noble defensa de la fe por tantos siglos; mas diré por cosa cierta que letras y armas se hermanan, 55 y sólo se diferencian en que las armas se ayudan de las corporales fuerzas, como las letras del alma, pues unas y otras pelean. 60 Las armas son instrumentos belicosos, que sujetan, mediante el valor invicto, materiales resistencias; las letras, con argumentos, 65 silogismos y entimemas, que convencen el discurso y la más noble potencia. Este al presente me toca, puesto que temblar pudiera 70 delante la Majestad y la soberana grandeza de los Católicos Reyes; mas si el arguir es fuerza donde el ánimo acredita 75 y donde el temor alienta, en la oposición que he hecho a la cátedra suprema de la sacra Teología, que está vaca en las escuelas, 80 por no volver las espaldas, el mantener será fuerza los puntos que me han cabido, aunque pobre en suficiencia.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 84 BRUNO (Levántase y descúbrese) Y así, sacras majestades, 85 luz de la sangre francesa; rector, maestro decano, digno de memoria eterna; insigne Universidad, donde viven en su esfera 90 las Musas y las Virtudes, el saber y la elocuencia: proponiendo mi cuestión en nuestra lengua materna, porque mejor la perciba 95 la Reina, señora nuestra, digo en el punto asignado y escogida controversia, que es, si puede la criatura ver de Dios la eterna esencia 100 con su virtud propia sola, y si hay naturales fuerzas que a ver en Dios sean bastantes la beatífica presencia. Ciertos filósofos hubo 105 en la platónica escuela que ser posible afirmaron ver de Dios la esencia eterna una criatura finita en esta vida; que tenga 110 virtud un hombre mortal en sí para comprendella. Deste error blasfemo y loco dan a Eudomio por cabeza, de quien eudomios se llaman 115 los que siguen esta secta. Así lo refieren muchos, como son: Pselo y Nicetas, San Gregorio Nazianceno, Crisóstomo, Homilia tertia, 120 de incomprensibilidad de Dios, y otros mil que en Grecia se opusieron valerosos contra sus plumas perversas. Siguieron estos errores 125 después con bárbaras lenguas, Beguardo, Beguino y otros, con que en Alemania siembran ponzoñosas herejías, que ya condenadas quedan, 130 conforme una Clementina del concilio de Vïena.

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 85 BRUNO

Y entre otras autoridades que pudo traer con ella, basta alegar a San Pablo, 135 sol claro de nuestra iglesia, que escribiendo a Timoteo, en la Epístola primera y en el Capítulo sexto, dice de aquesta manera: 140 «Dios habita eternamente luz inaccesible, eterna, la cual ningún hombre vio, ni es posible pueda verla». Dejando, pues, este error 145 como herético y sin fuerzas, pues ya no hay tan loco ingenio que le apadrine y defienda, digo, que afirmaron otros, puesto que con agudeza 150 (distinción cuarenta y nueve del cuarto de las sentencias, al número veinticuatro, questión segunda y tercera), que aunque Dios no puede verse, 155 por ser sol de luz inmensa, conforme a la orden común de nuestra naturaleza; porque según este orden nadie es posible le entienda, 160 si con sentidos corpóreos primero al alma no entra, y siendo espíritu puro de Dios la divina esencia, no hay sentido que le alcance, 165 por no tocar a su esfera. Con todo esto realzando nuestra natural flaqueza (según el orden de gracia) la Divina Omnipotencia, 170 puede una pura criatura alcanzar la inteligencia de Dios, y en mortales lazos ver la soberana esencia.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 86 BRUNO Esta opinión es de Escoto, 175 sobre la parte tercera de la distinción catorce quaestione prima; y se prueba, porque toda facultad y cognitiva potencia 180 que de algún modo termina al objeto su agudeza, quitado el impedimento extrínseco, que estorbo era para producir el acto 185 y efecto que nace della, luego al momento obra fácil; sed sic est, que a la potencia del entendimiento humano, por más finito que sea, 190 toca el conocer a Dios, pues es su naturaleza un objeto inteligible que en su latitud se encierra. Luego si el impedimento 195 de la corpórea materia se quita, según la gracia, ¿no habrá quien a Dios no entienda? Pruebo la mayor a simili. La vista, que en las tinieblas 200 no puede ver la color, que es su circa quam materia, luego que sale la luz, echando el estorbo fuera que impedía sus efectos, 205 produce visión perfecta; igitur, si Dios quitase las imperfecciones nuestras y el conocer sin especies que los sentidos presentan 210 su Divinidad, ¿quién duda que si immediate se viera, del entendimiento humano ser conocido pudiera? Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 87

BRUNO Pero todo esto, no obstante, 215 mi conclusión verdadera es que no hay pura criatura que con naturales fuerzas vea la esencia divina, la pueda gozar, ni entienda, 220 si con la lumbre de gloria Dios no realza y eleva el criado entendimiento, y animando su flaqueza, le da celestial valor 225 con que hasta su objeto vuelva. Esta clara conclusión es de fe, según lo prueba en el lugar ya citado el Concilio de Vïena, 230 y como tal, admitida por la Católica Iglesia, me excusa de autoridades que puedo excusar por ella. Pero ratione probatur; 235 entre el objeto y potencia tiene de haber proporción natural, medida y cierta. Dios es objeto infinito de virtud pura y inmensa; 240 finito el entendimiento humano: luego está fuera de la latitud debida; luego confesar es fuerza que entre nuestra mente y Dios 245 no hay proporción verdadera: luego para conocelle es necesario que tenga una calidad sublime que de suerte le engrandezca 250 (mediante su actividad) que pueda subir por ella a la divina visión, que lumbre de gloria sea. Otros muchos argumentos 255 alegara en mi defensa; pero los propuestos bastan, pues para que resplandezca la verdad de mi doctrina; las impugnaciones vuestras, 260 doctores sabios, ilustres, la harán más constante y bella.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 88

MARCIÓN ¡Vítor, Bruno, vive Dios! ¿Qué papagayo pudiera hablar con más elegancia? 265 ¡Vítor, Bruno!


MARCELA ¡Ay prima bella!, que me hechiza aqueste hombre con los ojos, con la lengua, con el talle, con la cara, con su gracia, con su ciencia. 270


LAURA Todo lo merece Bruno, que es Fénix de la edad nuestra. Calla agora y escuchemos los doctores qué argumentan.



(ROBERTO, en pie y descubierto.)

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx   89      

ROBERTO Contra vuestra conclusión 275 habita, primo licentia a serenissimis regibus de la cristiandad defensa, et a domino rectore et decano, en quien se muestra 280 en iguales paralelos la virtud y la nobleza, et a tota schola in qua en hermosa competencia, resplandent scienciae et virtutes 285 quae adquirunt famam aeternam acutissime Magister, águila de nuestra escuela, este argumento propongo, que parece me hace fuerza. 290 Decís que no puede ver de Dios la naturaleza un entendimiento humano mientras que lumbre no tenga de gloria; pues sic insurgo, 295 inútil es la potencia que no se reduce al acto, como Aristóteles prueba. Luego si a Dios, que es objeto inteligible, no llega 300 la potencia intelectiva, por más finita que sea, en vano Dios la crio, y Dios saldrá de la esfera de inteligible, que es cosa 305 absurda. Probo sequelam: Dios no se puede entender de quien con lumbre no venga de gloria; luego es forzoso que inteligible no sea. 310


BRUNO Arguit sic dominus rector, inútil es la potencia que no se reduce al acto, como el filósofo enseña: concedo este antecedente. 315


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 90

ROBERTO Ergo, como a Dios no vea el humano entendimiento, inútiles son sus fuerzas y en balde Dios le crio.


BRUNO Niego aquesa consecuencia. 320


ROBERTO Pruébola. Es inteligible Dios; luego es fuerza se entienda no puede el entendimiento humano entenderle: queda, según esto, defraudado 325 de su virtud, o conceda que no es Dios inteligible.


BRUNO Respondo desta manera. Nuestro entendimiento humano entiende lo que sus fuerzas 330 alcanzan, no más, que es propio de todo agente y potencia. No puede alcanzar a Dios, cuya latitud inmensa excede infinito y puro 335 nuestra natural flaqueza; luego ¿por eso no es inteligible? Es quimera afirmar tan grande absurdo. El Padre Eterno, que engendra 340 al Verbo de su substancia, entiende su misma esencia, siendo el Hijo sacrosanto el acto y la especie expresa de su intelección divina; 345 luego ya probado queda que es inteligible Dios. Si no tiene el hombre fuerzas para entendelle ¿estará, decid, aquesa impotencia 350 en Dios? De ninguna suerte, que es primera inteligencia, sino en nuestro entendimiento, eso sí, cuya flaqueza no alcanza, por ser finito, 355 a la infinita excelencia. Luego es más inteligible de cuantas cosas encierra la máquina que crio. Y porque el hombre le vea 360 (pues por sí solo no basta) cría una luz pura y bella, que llaman lumbre de gloria, para que a nuestra potencia de antojos de larga vista 365 sirva, con que alegre llega al sol Dios, de quien depende nuestra beatitud eterna.

(Levántase.)       


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 91

TODOS ¡Vítor! ¡Vítor!


REY Eso basta. No se arguya más, pues muestra 370 Bruno cuán bien empleada es la cátedra que lleva. De mi Parlamento os hago.


BRUNO Dele el cielo a Vuestra Alteza las dos coronas del mundo, 375 pues tan magnífico premia mis merecimientos cortos.


REINA También corre por mi cuenta el honraros, Bruno sabio.


BRUNO ¿Qué honra de más grandeza 380 que la de haberos tenido, gran señora, aquí?


REINA Quisiera que hubiera vaca una mitra que honrara vuestra cabeza. Yo me acordaré de vos. 385


BRUNO Pisen las lunas turquescas vuestras flores de lis de oro, imperando ambos en Grecia.



(Vanse los reyes.)

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 92

Escena III


Dichos en la escena anterior, menos el REY y la REINA.

ROBERTO Conmutéis, señor doctor, la cátedra que se aumenta, 390 por regirla vos, en mitra de la más sublime iglesia.


LUCIO Darme puedo el parabién a mí, por lo que interesa con tal maestro mi dicha. 395


FILIPO París de hoy más se renueva, pues por oráculo os tiene.


BRUNO Ya yo sé mi suficiencia y cuán corteses honráis, señores, mis pocas prendas. 400 Aquí estoy para serviros.


LUCIO La Universidad espera veros honrando un capelo.


BRUNO ¿Qué más honra que con ella?



(Vanse los estudiantes.)


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 93 Escena IV


BRUNO, MARCELA, LAURA y MARCIÓN.

MARCELA Si pueden dar amores 405 parabienes en vez de dar favores, el mucho que os enseño os los da, que aunque en cuerpo tan pequeño, vive un amor gigante que os desea, cual sabio, ver amante. 410


BRUNO No entiendo vuestro enigma.


LAURA ¿Cuando lleváis la cátedra de prima, que vuestro ingenio exalta, decís, señor, que entendimiento os falta?


BRUNO Es facultad diversa 415 la que en amor, no en cátedra, conversa.


MARCELA ¡Ay Bruno! Yo os adoro.


MARCIÓN ¡Oxte, puto! Muchachos, guardá el todo: ¡fuego de Dios! Resina, oliéndome vais hoy a chamusquina. 420


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 94

MARCELA Bruno, vuestra presencia, discreción, elegancia y suficiencia, desde el dichoso día que os vio para perderse el alma mía en Aviñón de Francia, 425 aunque el amor en mí fue una ignorancia hasta allí no entendida, luego os rendí la libertad y vida, siguiéndoos en el traje que estoy hasta París, de mi linaje 430 y nobleza olvidada, sólo en vos, Bruno, transformada. Quiso mi poca suerte para darme tormento (si no muerte) que al sacerdocio santo 435 subisteis dando fuentes a mi llanto, y bastara, a ser cuerda, para olvidaros esto; mas recuerda amor con imposibles, en fe de que son llamas invencibles, 440 pues si os amaba antes, ya os adoro con fuerzas tan constantes, que si me sois ingrato, seré de Dido un mísero retrato. Laura, pues compañera 445 de mis desdicha eres, sé tercera de mis remedios; dile lo que le quiero, y el cuchillo afile de su crueldad si intenta despreciar el amor que en mí aumenta. 450


LAURA Por vos las dos andamos tierras extrañas que hoy peregrinamos con el disfraz violento que veis. Pues Fénix sois de entendimiento, de voluntad agora 455 lo sed, agradeciendo a quien adora vuestro talle gallardo, que si correspondiente no os aguardo, juzgaré grosería la ciencia que os ilustra aqueste día. 460


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 95

BRUNO ¡Oh invencible hermosura! No hay resistencia para vos segura. ¡Oh ciegas pretensiones! ¿Qué pretendéis con tantas invenciones? Ni en mi patria bellezas, 465 ya seguras rendidas fortalezas, que a costa de seis años pararon en dañosos desengaños; ni en la guerra, soldado, de amor desnudo escapa Marte airado, 470 pues aún padezco agora persecuciones largas de Visora, sino que hasta en las letras, libros derribas, cátedras penetras. Deidad ciega y desnuda, 475 pues de estado mudé, de intento muda. Ya me acogí a sagrado; del sacerdocio gozo el sacro grado. Mas ¡ay!, pasión tirana, ¿qué inmunidad, qué asilo no profana 480 tu fuego, si hay ejemplos de que violentas, como chozas, templos? ¡Pobre de mí, que al paso que intento resistirme, más me abraso!


MARCIÓN Si son las dos mujeres, 485 aun no tan malo, pues que gallo eres. Juzgábalos varones, y recelaba en ellos chicharrones. Apretemos con ellas, ¡cuerpo de Dios!, si te parecen bellas, 490 si leer determinas, que también el amor paga propinas; y mientras que las cobras, reduciendo palabras a las obras, si dormit ista tecum, 495 ista me servirá de vademecum.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 96


MARCELA Responde agradecido, o mátame, si intentas con olvido pagar, Bruno, amor tanto.


(Dentro.) ¡Cuerpo santo!


BRUNO ¿Qué es esto?


(Dentro.) ¡Cuerpo santo! 500


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 97 Escena V


ROBERTO. Dichos.

ROBERTO Murió Dión, si es cordura decir que murió quien vive la vida que le apercibe el cielo, y eterna dura.


BRUNO ¡Válgame el Cielo!


ROBERTO París 505 a voces santo le llama, y divulgando la fama que por las calles oís, desde el plebeyo hasta el noble a su túmulo se allega, 510 y como a santo le ruega. No hay campana que no doble; antes repicando todas con nunca vistas señales, en vez de honrar funerales, 515 fiestas le aprestan de bodas. Sus ropas cuantos le ven van a cortar a pedazos, y el cuerpo, huesos y brazos quisieran llevar también, 520 a no hacelles resistencia la catedral clerecía, que con su cuerpo este día aumentan la reverencia de su templo, pues que vienen 525 a añadir la devoción con este santo varón de las reliquias que tienen.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 98

BRUNO Toda es deuda merecida de la mucha santidad 530 de Dión, su cristiandad, limosnas, virtud y vida. Tiene nuestra corte llena de fama que le bendiga; no hay lengua que dél no diga 535 mil bienes.


ROBERTO París ordena, con un entierro pomposo, que le traigan a palacio, donde los reyes despacio, de su cuerpo milagroso 540 las santas reliquias vean y le admitan por Patrón.


MARCELA Era un gran santo Dión. Justamente en él se emplean honras de concurso tanto. 545


ROBERTO Ya llegan con él aquí.


MARCELA Quiérame bien Bruno a mí, y sea o no Dión santo.


ROBERTO En la capilla real le depositan, y en ella 550 quieren por favorecella, que con pompa funeral los oficios se le hagan; y que han llegado recelo.


BRUNO Servicios hechos al Cielo 555 de aqueste modo se pagan.


ROBERTO El Rey y Reina son estos.


MARCIÓN ¿Cuando dos ninfas amamos, de réquiem, señor, estamos? Sucesos temo funestos. 560


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 99 Escena VI


BRUNO, MARCIÓN, MARCELA, LAURA, ROBERTO, LUCIO, FILIPO, el REY y la REINA con acompañamiento y estudiantes.


Traen unas andas y en ellas a DIÓN, difunto, de clérigo, con bonete y borla. Los reyes llegan a besar la mano del muerto, y al mismo tiempo arrodíllanse LUCIO, FILIPO y otros.

REY Llegad a reverenciar, esposa y señora mía, al santo que en este día nos ha de patrocinar con Dios.


REINA A quien Él levanta 565 toda majestad se humilla.


ROBERTO Escuchad, que la capilla el fúnebre oficio canta.


(Cantan dentro.) In memoria æterna erit justus: ab auditione mala non timebit. 570


DIÓN Por justo y recto juicio de Dios, juez Soberano, a juicio voy.


REINA ¡Ay cielo!


REY ¡Qué portento tan extraño!


REINA Sacad de aquí ese difunto, 575 que no es posible sea santo quien pone en duda espantosa su salvación.


ROBERTO ¡Gran milagro!


REY ¡Válgame el cielo! ¿Es posible que un hombre tan estimado 580 en boca de todo el vulgo, y por santo respetado, ejemplo de la virtud, en la doctrina un San Pablo, un San Hilario en la vida, 585 un Gregorio en el recato, un Antonio en penitencia, cuando los nobles, los bajos, desde la cama hasta el cielo subir dichosos pensaron, 590 su salvación ponga en duda, y que él mismo haya afirmado que Dios le llama a su juicio ante su tribunal santo?


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 00

MARCELA ¡No sé si vivo o si muero! 595


LAURA ¡Las carnes me están temblando!


MARCIÓN De miedo mortal estoy medio desabotonado.


ROBERTO ¡Hay asombro semejante!


FILIPO El corazón se me ha helado 600 en medio del pecho.


LUCIO Mejor es, Filipo, que nos vamos.


REINA Sacadme de aquí este cuerpo.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 01

BRUNO Reina y señora, rey sabio, doctores siempre discretos, 605 escuchadme y sosegaos. No es digno de tanto asombro lo que veis, puesto que espanto os cause que os hable un muerto que siempre asombra lo raro. 610 Dión fue en París y en Francia por santo reverenciado, y hasta ahora no tenemos certeza de lo contrario. Que va a juicio confiesa; 615 ¿qué indicios da de pecados, ni quién dirá por aquesto que Dios le haya condenado? Con su divina justicia, ¿quién hay recto, quién hay santo, 620 si con ella David dice que nemo justificatur? ¿Pierde el tesorero fiel su crédito y fama en algo porque el Rey le llame a cuentas 625 y al recibo ajuste el cargo? Antes, si sale bien dellas, por prudente y recatado, queda con nombre mayor y con su crédito en salvo 630 ¿Qué justo puede alabarse que le haya perdonado en el juicio severo un pensamiento liviano? Podrá ser que este difunto 635 tan bien haya administrado los talentos de su vida, que con Dios cuenta ajustando salga con nombre de fiel, y premiándole su mano, 640 llame testigos el Cielo de la gloria que ha ganado. Por santo le tienen todos. ¿Quién será tan temerario, porque Dios le llame a cuentas, 645 que ose afirmar que no es santo? No le ha sentenciado el Juez, pues cuentas le está tomando; sepamos cuál sale dellas, si libre, si condenado. 650 No sin causa quiere el Cielo que los que viéndole estamos para mayor honra suya, que va a juicio sepamos. Prosigan, si Vuestra Alteza 655 gusta, los oficios sacros, que ya podrá ser que quede del cielo canonizado.


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 02

REY Dices, maestro, muy bien. Hasta agora sólo ha dado 660 noticia que va a juicio. ¿Qué hombre hay que alcance tanto, que del Tribunal eterno libre quede, si el más santo teme el dar cuentas a Dios? 665 Jerónimo está temblando con la trompeta al oído y la voz de «Levantaos, muertos, a dar a Dios cuenta». Pues si él tiembla, ¿qué me espanto, 670 que, imitándole Dión, nuestro olvido despertando, freno ponga a nuestros vicios, y así quiera escarmentarnos? Prosiga el fúnebre oficio. 675


MARCELA ¡Ay amor torpe y liviano! Si a un santo pide Dios cuenta, ¿qué será de mí?


ROBERTO ¡Caso raro!


(Cantan dentro.) 
 Responde mihi quantas habeo iniquitates et peccata, scelera mea atque delicta ostende mihi.            

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 03

DIÓN (Alzándose de nuevo.) Por justo y recto juicio de Dios, Juez Soberano, 680 en juicio estoy.


REY Volvió segunda vez a avisarnos el aprieto en que se ve.


REINA Y en mí acrecientan desmayos que me asombran. ¡Santo Dios, 685 qué espantoso y triste caso!


MARCIÓN Marción, desde hoy libro nuevo: no más risas en el rastro, en la plaza, ni taberna, si con bien de aquesta salgo. 690


MARCELA ¡Jesús! Laura, aqueste aviso reprehende mis pecados. Yo haré enmienda en mi vida.


LAURA Vida nueva desde hoy hago.


REY Muestre aquí mi real valor 695 el esfuerzo necesario; el fin tengo de saber de aqueste suceso extraño. Pues dice que está en juicio, el fin que tiene sepamos 700 tan severa y justa cuenta. Prosiga el oficio sacro.


(Cantan.) Responde mihi, etc.


DIÓN (Otra vez levantándose.) Por justo y recto juicio de Dios, salgo condenado. 705


REINA ¡Jesús sea con nosotros!


TODOS ¡Jesús mil veces!


REINA ¡Huyamos!

(Vase.)    


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 04 Escena VII


Dichos, menos la REINA.

REY ¡Oh ciega opinión del mundo, oh juicios temerarios! ¡Qué dello que hay que saber 710 en un corazón humano! ¿Dión se condenó, cielos? ¿El caritativo, el santo, el recogido, el virtuoso, el humilde, el cuerdo, el casto? 715 ¡Qué diferentes que son, Dios eterno y soberano, vuestros divinos secretos de los nuestros, siempre falsos!


ROBERTO Yo pienso que la soberbia 720 que al Querub ha derribado y engaña a la hipocresía, a Dión ha condenado; porque cuando morir quiso dijo, loco y temerario, 725 más que humilde, justo y cuerdo: «No quiero que en este paso, según su misericordia me juzgue Dios, porque aguardo que por rigor de justicia 730 me dé el Cielo que han ganado mis virtudes y paciencia», y quien fía de sí tanto que por santo se averigua, condenarse no es milagro. 735


REY Si eso dijo, justamente, por loco y desatinado la Justicia le condena quien da a la gracia de mano. Yo voy tan lleno de asombros, 740 como bien desengañado de que mientras uno vive, hasta en el último paso, no puede fïar de sí, pues como avisa San Pablo, 745 quien está en pie, tenga cuenta no caiga, que es todo engaños.

(Vase.)    


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 05

Escena VIII


BRUNO, LUCIO, FILIPO, MARCIÓN, ROBERTO, MARCELA y LAURA.

MARCELA Al fin se canta la gloria. No hay hombre cuerdo a caballo; camino es aquesta vida 750 llena de enredos y lazos. En un monasterio quiero, si hasta aquí me he despeñado, buscar por sendas estrechas otro más seguro y llano. 755


LAURA En todo quiero imitarte.


MARCIÓN Desde hoy me vuelvo ermitaño o motilón de un convento. Adiós, mundo inmundo y falso.



(Vanse MARCELA, LAURA, MARCIÓN.)

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Escena IX


BRUNO, ROBERTO, LUCIO y FILIPO.

BRUNO ¿Qué hacemos aquí suspensos, 760 señores? ¿Qué dilatamos nuestra salvación? ¿Qué hechizos nos desvanecen? ¿Qué encantos? ¿Qué importan letras y estudios, dignidades, honras, grados, 765 libros, cátedras, oficios, si se condenan los sabios? Dichoso el pobre pastor que entre el grosero ganado, ignorante para el mundo, 770 para los discretos zafio, es para Dios elocuente. Decid, ¿qué le aprovecharon fama y opinión de bueno a quien para Dios fue malo? 775 Abrid los míseros ojos; no os predican desengaños los vivos ya solamente; los muertos nos están dando voces y ejemplos seguros. 780 Púlpitos son ya de humanos los túmulos, desde donde un muerto está predicando. Si desengaños buscáis donde con torpes halagos 785 no os divirtáis, el que veis es «el mayor desengaño». Dión, tenido en París por un vivo simulacro de santidad y virtud, 790 sin bastarle los trabajos de estudios y de desvelos, el verse reverenciado de los príncipes y reyes, de los plebeyos y bajos; 795 sin dalle ayuda sus letras, magisterios, honras, cargos, se condena, y por su boca pronuncia su horrendo fallo. ¿Y esperaremos nosotros 800 en las cortes y palacios, entre ocasiones lascivas, entre tanto enredo y lazo salir libres? ¿No es locura? Amigos, desengañaos, 805 pues el que presente vemos es «el mayor desengaño». A vida tan breve y corta, a tan inefable plazo, a juez tan recto y severo, 810 a tan apretados cargos, ¿no despertamos, señores? ¿Nos dormimos descuidados? ¿Nos entretenemos locos? ¿Nos divertimos ingratos? 815 Si un predicador difunto no es suficiente a quitarnos vendas de los ojos ciegos, prisiones de pies y manos, ¿qué desengaño lo hará? 820 ¿Tan contumaces estamos que ya para convertirnos son necesarios milagros? ¡Oh mil veces venturosos desengaños! Ya me aparto 825 de ocasiones, pues he visto hoy «el mayor desengaño».


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ROBERTO A persuasiones tan ciertas, ¿qué bronce, Bruno, qué mármol podrá resistir rebelde? 830 Un muerto vivo está dando liciones al ambicioso, y un vivo, muerto miramos en ti, pues al mundo mueres y predicas desengaños. 835 Pues de los despeñaderos nos apartas, ve guïando al camino, que nosotros queremos seguir tus pasos.


LUCIO Por mi capitán te elijo. 840


FILIPO A tu sombra asegurado, procuraré desde hoy más escarmentar mis pecados.


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BRUNO Eso sí, amigos discretos; en los desiertos y campos 845 aún no está un hombre seguro, ¿cómo lo estará en palacio? En ellos Pedro a Dios niega, y para llorar agravios hechos contra el cielo, busca 850 cuevas que ocultan peñascos. Lloremos con él nosotros, y también con él huyamos ocasiones engañosas, pues lo son de vuestro daño. 855 Una orden de vivir muriendo quiero enseñaros, donde aprisionéis sentidos, enemigos no excusados; freno a la lengua el silencio 860 ha de poner, y candados a los oídos y ojos, si nos despeñan regalos. Penitencias nos den vida; perpetuo ayuno le mando 865 a mi cuerpo, sin que guste otro manjar que pescado. Prisión y cárcel perpetua tendrán a los pies livianos a raya, y en su clausura 870 darán al alma descanso. No ha de entrar mujer jamás en parte donde vivamos, ni en la iglesia que labremos, que así el peligro excusamos. 875 Si este modo de vivir admitís, y como hermanos debajo de la conducta de Dios os llamáis soldados, respondedme brevemente. 880


ROBERTO Todos humildes te damos la obediencia desde aquí, poniendo en tus pies los labios.


BRUNO Pues supliquemos a Dios ponga su divina mano 885 y ayude nuestros principios, porque firmes prosigamos. Pero atended, ¿qué es aquesto?


Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 09 Escena X


Dichos, que se pondrán de rodillas. El PAPA HUGO y un ÁNGEL.

LUCIO Un ministro soberano, abriendo Dios nuestros ojos 890 y su potencia llevando, al sucesor de San Pedro llega, y con celestes rayos consuela nuestro temor. ¡Qué favor tan soberano! 895


ÁNGEL Piloto, que este gobierno de la nave que surcando almas para Dios «flectúa», tienes dichoso en la mano; Dios quiere que prevalezca 900 a tu sombra y con tu amparo una nueva religión, que Bruno desengañado comienza a fundar agora. A tus pies con seis letrados 905 que con él el mundo dejan, vendrá; procura animarlos, que todos siete han de ser fundamentos soberanos desta fábrica divina, 910 significada en los rayos destas siete estrellas puras. Ya les da sitio y espacio el valle de la Cartuja, de quien el renombre santo 915 tomará su religión.

(Cúbrese, con música, el ÁNGEL.)   


EL PAPA HUGO Si alista tales soldados nuestra militante Iglesia postrará viles contrarios. Yo les doy mi bendición. 920

(Cúbrese el PAPA.)         


BRUNO Dadme todos esos brazos en albricias de mi gozo, y en ejecución pongamos nuestros propósitos justos.


ROBERTO Si escarmienta el cuerdo y sabio 925 en desengaños, aqueste es El mayor desengaño.




FIN DE EL MAYOR DESENGAÑO



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Castilla y Portugal, siglo XV [editar]