A Júpiter
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Tonante monseñor, ¿de cuándo acá fulminas jovenetos? Yo no sé cuánta pluma ensillaste para el que sirviéndote la copa aún hoy está. El garzón frigio, a quien de bello da tanto la antigüedad, besara el pie al que mucho de España esplendor fue, y poca, mas fatal, ceniza es ya. Ministro, no grifaño, duro sí, que en Líparis Estérope forjó (Piedra digo bezahar de otro Pirú) las hojas infamó de un alhelí, y los Acroceraunios montes no. ¡Oh Júpiter, oh, tú, mil veces tú!