A los serenísimos señores infantes
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No tanto de placer queda colmada la ansiedad del cansado caminante, cuando alzando los ojos ve delante las torres de la villa deseada; ni con júbilo igual ve recobrada su libertad la tortolilla amante, volando al dulce nido en el instante que rota ve la pérfida lazada; como al ver la bondad y gracia unida de Carlos y Francisca, alegre aclama la imprenta a su favor agradecida. Las letras sirven bien a quien las ama: tiempo vendrá en que paguen su venida con la inmortalidad y con la fama.