Bibliografía Martín Fierro - El Mercantil (6 de febrero de 1873)

De Wikisource, la biblioteca libre.

 


Noticia bibliográfica aparecida en el periódico «El Mercantil» (6 de febrero de 1873).
de El Mercantil

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.



[ pág. ]
habitantes de nuestras inmensas praderas, cuando no están sujetos al yugo del servicio, que es un lote en el repartimiento de los bienes de la libertad por cuya conquista tantos años han pugnado.

Martin Fierro es la encarnación de la multitud: órgano reproductor del lamento de los gauchos sujetos al bárbaro servicio de fronteras que, como una onda poderosa, viene á estrellarse ante la indiferencia granítica de los gobiernos.

Si aquí tuviéramos un público capaz de reivindicar los derechos del hombre y del ciudadano, agredidos en el habitante nativo del campo, su libro habría producido el efecto maravilloso alcanzado en la América del Norte por «La Cabaña del TIO TOM», porque uno y otro son producto de la mas sublime filantropía. Levantar una raza abatida, devolviéndole las condiciones civiles y políticas que el abuso arrebató atrevidamente, es la tendencia de ambos libros: allá se atacaba una institución legal y sin embargo triunfó el grito de la naturaleza, en tanto que aquí el pobre gaucho es flagelado sin derecho y por un simple abuso de fuerza.

Lo dicho, relativamente al objeto, y por lo que respecta á su tipo, no vacilo en decirlo que, sin pretenderlo, ha dejado Vd. muy atrás á nuestros payadores en cuanto al fondo y oportuna elección de la estrofa. La décima no la usa el gaucho sino en composiciones breves de amor ó en felicitaciones, y el romance asonantado nunca: evitando estos escollos y haciendo uso del sexteto octosílabo, la imitación de los trobos campesinos es perfecta.

Los que han manejado este género entre nosotros, poseyendo el medio literario, desconocían las peculiaridades de moral, de filosofía, de religión y aun de política que hacen del gaucho un ser excepcional, difícil de medirlo en el cartabón de los compadritos dicheros.

El compadre en la campaña, es la depuración incorrecta de la sencillez rústica que perdiendo todo su sabor original, se aproxima y entremezcla con el compadre de la ciudad, degeneración correcta del habitante culto; y en esa zona que deslinda la civilización de la barbarie, los predios rúticos de los urbanos; término medio del estado social argentino, se desenvuelve la existencia bullanguera del tipo estudiado para representar al gaucho, y que en su eterna manía de espectabilizarse, hace grotesco lo que es bello.

En este concepto, Vd. se hallaba en condiciones ventajosas para desarrollar su tésis, porque habiendo vivido por mucho tiempo en contacto con el gauchaje de las cuatro provincias litorales, y siendo como es, un observador fino y de criterio, tenía que ofrecemos en sus cuadros la verdad, eterna fuente de la belleza; y si á esto se agrega ün fácil manejo de la lengua y gran respeto á los preceptos literarios, terminaré diciendo: que mi como aspiración noble á favor de los habitantes del campo, ni como crítica de los abusos cometidos en el servicio de fronteras, ni como interpretación del gaucho moralmente juzgado, he tenido, hasta hoy, la ocasión de leer algo que le aventaje.

Queda de Vd. S. S. S. y amigo


Mariano A. Pelliza.


Marzo 27 de 1873.


Separador-linea.jpg

BIBLIOGRAFÍA


MARTIN FIERRO

Acaba de darse á la publicidad un pequeño libro con el título con que encabezamos estas líneas.

El brillante éxito que ha obtenido en la Campaña, nos ha llamado la atención y sea dicho de paso, empezamos su lectura con cierta desconfianza que se explica en los números chaxos de que es víctima nuestro público en materia de composiciones literarias.

Sin embargo, debernos confesar que el libro en cuestión, está muy lejos de ser lo [ pág. ]que generalmente se llama un fiambre; su argumento no puede ser mas verosímil, ni sus personajes mas verídicos. Su autor, el Sr. Hernandez, antiguo redactor del «Rio de la Plata», nos demuestra que conoce profundamente las costumbres del campamento y los secretos del fogón, nos enseña el aduar del hombre semi-salvaje con toda la desnudez vergonzosa de su realidad.

Pero hay escenas que indudablemente no las comprenderá sino la persona que haya vivido algún tiempo en el campamento, imájenes que solo el que haya cruzado errante nuestras dilatadas pampas podrá valorar.

Con el grosero lenguaje de los habitantes del campo, hace apreciaciones pintorescas y de un colorido magnífico —exibiéndonos tipos que solo Ascasubi y Del Campo han descrito con éxito en nuestros días.

A pesar de que no somos partidarios de este género de literatura, porque creemos que para herir la imaginación de las masas no se necesita escribir en el lenguaje liberal con que ellas manifiestan sus pensamientos, porque como ha dicho un notable literato oriental —se puede sentir en gaucho y expresare en lenguaje culto y castizo, enseñando á las generaciones del porvenir como se sentía en nuestra época, preocupándose poco de como se expresa el sentimiento lo que á la verdad poco importará á nuestros sucesores; sin embargo la composición del Sr. Hernández tiene tan hermosos pensamientos, ideas de poesía natural tan elevadas y exquisitas, que se puede perdonar la forma en que se presentan á la imaginación impresionable del pueblo de nuestras campañas, seguro que el mas ignorante paisano comprenderá el fondo de verdad y aun la moral del argumento.

El mas extraño á nuestras costumbres populares, verá brillar en medio á las tinieblas que se proyectan del cuadro de salvaje ignorancia que el autor describe, brillantes luces, que el mismo fondo oscuro hace notables, aumentando su magnitud.

En medio de la ceguedad del fanatismo supersticioso, y de los mas groseros vicios, se destacan hermosas flores que se revelan por su exquisito perfume á pesar del estilo y de la forma.

Martin Fierro no es el tipo del gaucho patriota, que allá en la alborada de nuestra independencia, nos describía Hidalgo: entusiasta, indomable y cristiano.

No es, tampoco, el gaucho que nos exhibe Ascasubi luchando por las libertades de su Patria en los ejércitos de Paz ó de Lavalle — ni menos el paisano semieducado que nos pinta Del Campo en su popular «Fausto» — Martin Fierro es una creación de otro género — es el hijo desheredado de una raza de centauros, envilecido perseguido y menospreciado por la sociedad en que vive, engendro miserable de la guerra civil y la ignorancia, con todo el caudal de pasiones que puede abrigar en su corazón un ser humano, y sin siquiera el derecho de manifestarlas libremente —verdadero pária de nuestros días, pero indomable; ignorante, pero con arranques de nobleza; resistiéndose á ser arrastrado al ignominioso servicio de frontera y batiéndose como un león con la partida del pago— Ginete como un tártaro, fuerte como un atleta, práctico en las inmensurables sendas del desierto como un árabe sufrido, sobrio, como nadie en el mundo — esto es algo de lo que el autor nos hace conocer en su tipo, y á la verdad que la creación no ha podido ser más feliz.

Aquí, en los grandes centros de población, nadie se cuidará del tipo; todo el mundo ignora que á esa raza de hombres que va desapareciendo empujada por las brisas de la civilización se le deben nuestra indipendencia y nuestras libertades!!

Felicitamos ardientemente al señor Hernández por su hermoso trabajo, y desearíamos que siguiera en esa senda, haciéndonos escuchar en ese género la lira casi abandonada de Ascasubi y de Del Campo.


Lautaro.


(El Mercantil, Febrero 6 de 1873).


Nota

Esta noticia apareció publicada en algunas ediciones del libro El Gaucho Martín Fierro.

Herramientas personales