El Gaucho Martín Fierro (artículo)
En hora buena que se condene los abusos, y se disculpe ante los jueces que la sociedad se ha dado, los extravios á que pueden conducir la falta de educación y las injusticias, de que un hombre puede ser objeto.
Pero la misión del escritor filosófico, del moralista que pone libros en manos del pueblo, consiste en condenar no solo á quien oprime, sino al oprimido que á su vez abusa de su fuerza, y huyendo de sus enemigos se convierte en enemigo de sus semejantes.
El señor Hernandez, que indudablemente posee las aptitudes necesarias, para iicicerse escuchar, tiene una alta misión que desempeñar, ensanchando su esfera de cronista, haciéndose maestro de los gauchos que lo leen con avidez, inspirándoles aversión al puñal, repugnancia á la sangre, levantando, en una palabra, su nivel moral, abriéndoles horizontes que su vista, habituada á explorar la pampa, no ha descubierto todavía.
La tarea debe comenzar por enseñarles á conocer á Dios, mostrándoles que la compañía de una buena conciencia y la esperanza en el cielo, mitigan los sufrimientos y obligan á amar los hombres.
Su héroe, dotado de una resistencia física que supera á la de la mayor parte de los hijos de la naturaleza, sería doblemente amable y poderoso, si adquiriera esa fuerza moral que domina las pasiones y encadena la carne al espíritu.
La oportunidad nos parece propicia para llevar á cabo un empeño tan generoso.
El perseguido, en vez de buscar asilo en las tolderías hoy puede encontrarlo en las ciudades, en las colonias, en las tareas agrícolas que han venido á modificar las condiciones sociales de los campos dominados por el pastoreo, que convertía á los gauchos en beduinos, y á los beduinos en siervos, que ignoraban que existieran hombres buenos y compatriotas justos.
El señor Hernandez, que ha tenido el poder de hacernos derramar lágrimas con la descripción de la tapera del rancho de Martin Fierro; que ha sabido tocarnos la fibra mas delicada del sentimiento, con aquella tierna despedida del vagabundo á las últimas poblaciones cristianas, está llamado á combatir con éxito las preocupaciones del gaucho contra sus prójimos, blancos, negros, nacionales ó extranjeros, ahogando en su corazón el odio con las semillas del amor.
Mientras que el campesino errante, perseguido por sus delitos, asilado entre los indios, arrojado de las tolderías por otra ola de sangre, no manifieste al regresar á su pago, como Martin Fierro, el arrepentimiento fecundo del hombre religioso, no debe dar por terminada su labor el poeta á cuyos cantos consagramos estas lineas, hijas de la admiración é inspiradas por el deseo de verlo á la cabeza de una cruzada regeneradora.
«La America del Sur» Marzo 9 de 1879.
El Gaucho Martin Fierro, es tambien una lección, es decir, lo que debe ser la poesía: una moral además de un arte, so pena de ser inútil, ó peor aún, perversora. Ese poema es un pequeño curso de moral administrativa para el uso de los comandantes militares, comisarios pagadores, y, cuantos tienes que hacer con el pobre gaucho. Allí están fotografiados, estigmatizados todos los malos patriotas, en imágenes verosímiles y verdaderas. Poner en la picota á los malvados, es tanto mas meritorio, cuanto de mas alto se les baja para hacer en ellos la justicia popular.
Muchas leyes y disposiciones hay tendentes á mejorar la suerte del paisano de nuestra campaña, pero dudo que ninguna sea mas eficaz que esos cuadros en que el abuso no dá contra una ley muerta sino contra una caricatura viva; porque como se ha dicho bien, «el ridículo es lo único que temen los que ya no tienen pudor ni remordimientos.» Y en este concepto estamos muy distantes de dar al autor de Martin Fierro el consejo que el [ pág. ]articulista de la Tribuna de Montevideo.
«A Montero cuando concluyó su cuadro Los Funerales de Atahualpa le dijeron en Florencia y por labios muy autorizados, que no pintara mas. Nosotros sin ser mas que admiradores, diríamos a Hernandez, que se perpetúe solo con Martin Fierro.
Nosotros le diríamos por el contrario, que á imitación de Mr. Laserre, aunque Martin Fierro fuese obligado á borrar su nombre como El Diablo Rosado de aquel, sigue su ejemplo publicando El Hijo, El Nieto y El Biznieto de este Diablo Rosado destinado á hacer que no roben al paisano, que no lo traten como á bestia de carga, que respeten en él al ciudadano y al hermano, ya que no al hombre de corazón y al valiente.
Esa es la gran misión de la poesía: la mejora moral. Y por fijarnos solo en el género de la poesía de «Martin Fierro», esa fué la regla de su fundador, que no lo es Ascasubi, como pretende el articulista de La Tribuna de Montevideo, sino Hidalgo, según puede verse por sus bellos versos en la Lira Argentina impresa en Lóndres en 1824, si bien Ascasubi y Estanislao del Campo han cultivado con ventaja al género, lo mismo que hoy Hernandez.
Sí, siga haciendo cuadros como éste, que son la pura verdad en boca de Martin Fierro:
- Y andábamos de mugrientos.
- Que el mirarnos daba orror;
- Les juro que era un dolor
- Ver esos hombres, ¡por Cristo!
- En mi perra vida he visto
- Una miseria mayor.
- Yo no tenía ni camisa
- Ni cosa que se parezca;
- Mis trapos solo pa yesca
- Me podían servir al fin...
- No hay plaga como un fortín
- Para que el hombre padezca.
- Poncho, jergas, el apero,
- Las prenditas, los botones,
- Todo, amigo, en los cantones
- Fué quedando poco á poco:
- Ya me tenían medio loco
- La pobreza y los ratones.
- Solo una manta peluda
- Era cuanto me quedaba—
- La había agenciao á la taba
- Y ella me tapaba el bulto—
- Yaguané que allí ganaba
- No salía... ni con indulto.
- Y pa mejor hasta el moro
- Se me jué de entre las manos
- No soy lerdo.... pero hermano,
- Vino el Comendante un día
- Diciendo que lo quería
- «Pa enseñarle á comer grano.»
...................
¿Quién es el gaucho? He aquí su retrato, por el que cualquiera lo reconoce al momento: he aquí el formidable cargo contra los que han podido y debido tratar á los hijos del país al menos como á los inmigrantes.
- «El nada gana en la paz
- Y es el primero en la guerra—
- No le perdonan si yerra,
- Que no saben perdonar,—
- Porque el gaucho en esta tierra
- Solo sirve pa votar.
- Para él son los calabozos,
- Para él las duras prisiones.
- En su boca no hay razones
- Aunque la razón le sobre;
- Que son campanas de palo
- Las razones de los pobres.
- Si uno aguanta, es gaucho bruto—
- Si no aguanta, es gaucho malo—
- Déle azote, déle palo!
- Porque es lo que él necesita!!—
- De todo el que nació gaucho
- Esta es la suerte maldita.
Complementan el cuadro porción de pinceladas de mano maestra sobre la vida y los sentimientos del gaucho; por ejemplo, entre otras muchas para las que no hay ya espacio en estas páginas; [ pág. ]
- «Yo no tengo en el amor
- Quien me venga con querellas;
- Como esas aves tan bellas
- Que saltan de rama en rama—
- Yo hago en el trébol mi cama.
- Y me cubren las estrellas.
- ............................
- Ninguno me hable de penas
- Porque yo penando vivo
- Y naides se muestre altivo
- Aunque en el estribo esté
- Que suele quedarse á pié
- El gaucho mas alvertido
- Junta esperencia en la vida
- Hasta pa dar y prestar,
- Quien la tiene que pasar
- Entre sufrimiento v llanto;
- Porque nada enseña tanto
- Como el sufrir y el llorar.
- Viene el hombre ciego al mundo
- Cuartiándolo la esperanza,
- Y á poco andar ya lo alcanzan
- Las desgracias á empujones;
- ¡Jué pucha! que trae liciones
- El tiempo con sus mudanzas!
En resúmen: tal vez Aniceto el Gallo tiene mas verbosidad gaucha; Anastasio el pollo más estética para nosotros que entendemos su immortal Fausto; pero Martin Fierro piensa mas como el gaucho, y los gauchos encontrarán siempre, que si se ha hecho pueblero y á veces su fraseología podría dejar que desear algo, su corazón y su espíritu están saturados indeleblemente de los dolores y de las injusticias con que la civilización, por no ser todavía bastantemente cristiana, ha perseguido á la barbarie por ser demasiado débil.
«La Biblioteca Popular» de Buenos Aires, dirijida por el Dr. Miguel Navarro Viola.
Jamás obra alguna ha alcanzado en nuestro país tan extraordinaria popularidad y no menor triunfo que el que ha alcanzado este poema del Sr. D. José Hernandez, su autor.
Los diarios de Buenos Aires, nos hacen saber que se ha publicado la undécima edición, enriquecida con los variados juicios críticos que se han escrito por personas competentes sobre esta obra, edición que viene ademas adornada con varias láminas y con el retrato de su autor, el Sr. Hernandez.
Jamás tampoco, se habrá publicado un libro que á la vez que conquistaba tanta popularidad, consiguiese despertar tanto intéres y simpatía, al extremo de agotarse completamente la décima edición que se había hecho de esa obra, y de que la undécima que acaba de hacerse se haya solicitado y disputado con interés por algunas librerías de Buenos Aires.
Pero no es esto solo lo que prueba la gran popularidad é interés que ha despertado este poema.
«Martin Fierro», ha cruzado el Océano, con su inmensa fama y popularidad, y alcanzado otros triunfos en Europa, en donde se ha publicado en varios periódicos precedido de grandes elogios.
Allí como aquí también, notables críticos se han ocupado de este poema, en que el autor tan bien ha sabido copiar al hombre de nuestra campaña, contando sus dolores y desventuras, como sus alegrías con tanta exactitud y belleza, que es imposible dejar de leerlo mas de una vez.
No es pues de extrañar que, con tal popularidad, la nueva edición que acaba de hacerse por la librería «La Nueva Maravilla» de Buenos Ayres, alcance también el mismo resultado que las anteriores.
A lo dicho podríamos agregar, que el señor Hernandez, tiene ya concluida la segunda parte de este poema, es decir «La vuelta de Martin Fierro del Desierto» cuya publicación debe hacer en breve.
Nota
Este artículo fue publicado en el periódico «La Biblioteca Popular» de Buenos Aires, dirijida por el Dr. Miguel Navarro Viola. También apareció en algunas ediciones del libro El Gaucho Martín Fierro.