Enciclopedia Chilena/Folclore/Coreografía Criolla

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ECH 2983 1 - Coreografía Criolla.djvu
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Coreografía Criolla
Artículo de la Enciclopedia Chilena

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Este artículo es parte de la Enciclopedia Chilena, un proyecto realizado por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile entre 1948 y 1971.
Código identificatorio: ECH-2983/1
Título: Coreografía Criolla
Categoría: Folclore


[ pág. ]COREOGRAFÍA CRIOLLA.

En el ambiente folklórico nada abisma y desconcierta más que la vida espiritual de algunas melismas ambulantes y ciertos versos volanderos destinados a pervivir siglos de siglos en la mente de los humildes. Atravesando continentes, cruzando inmensidades y surcando el océano recorren medio mundo y dejan por doquier una huella indeleble de su paso.

Aún más perceptible es la asombrosa transmisión de ritmos, pasos y figuras coreográficas, señalándose el ambiente americano como un prodigioso caso de absorción de gérmenes y señales de las más recónditas procedencias. Sorteándose en las naciones iberoamericanas o anglosajonas, las más diversas tendencias sobrepuestas llegaron a forjarse, en obra secular, sendos repertorios en cada país; y, de esa cosecha Chile no acaparó ritmos peculiares con figuraciones coreográficas exclusivas, sino mas bien adoptó fugazmente modelos que muy luego desechó. Concediendo identidad a varias fórmulas rítmicas perfeccionó un patrón determinado y lo llevó a una cierta perfección, dentro de su complejidad, que lo coloca en el puesto honorífico de las concepciones folklóricas novomundiales.

El impulso inicial arranca de la sede limeña en los mediados del ochocientos. Floreció, allí en las capas sociales intermedias, una verdadera escuela mulata de música y coreografía. Fueron muchas las danzas típicas que los maestros mestizos lanzaron a la circulación y casi todas ellas regidas por el afroamericano ritmo de la zamba, verdadera danza madre de la América mestizada. La gran mayoría de esas concepciones cruzaron las fronteras y hacia Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina y Chile se esparcieron en forma da gérmenes que a su vez generaron auténticas especies folklóricas para cada país.

Establecida [ pág. ]la preminencia de la zamacueca ("cueca", "zamba clueca"), hay que recordar sus variante: "cueca de capote", "cueca chilota", "cueca del minero" y "cueca chora", variedades que afectan tanto a la letra como a la coreografía y el texto musical, con tendencias disgregar el esquema típico ya reseñado.

Figuran también como transformaciones de la danza madre (la zamba) otros bailes cantados como la zamba resbalosa ("refalosa") y la zamba ballico. Ocupa aquella un puesto subsidiario al de la cueca. Se conservan sus letras, tan típicas como eminentemente peruana y de la misma índole y carácter de las que se usan en la "sajuriana"; aunque esta última se ha disgregado en varias otras especies folklóricas, en especial aquellas que prefieren los mineros Tanto la refalosa como la sajuriana cayeron en desuso a fines de la pasada centuria, cediendo el paso a la zamacueca. Las correspondientes coreografías difieren muchas veces de la fórmula danzante que explicaran los memorialistas, pero felizmente se ha podido conservar el ritmo zapateado. Ambas especies congenian con la forma bipartida ensalzada en el estro chileno por la "tonada", imponiendo una estrofa lenta y algo nostálgica seguida de un refrán en paso y ritmo vivo y zapateado.

En 1900 figuraban en los programas caseros, además de la cueca, la refalosa y la sajuriana otros bailes de poco arraigo como la "paloma", el "calladito", la "porteña", el "sombrerito", la "Patria", el "patito", el "costillar" y la "pollita", casi todos estructurados en la forma bipartida. Aunque regionalmente también persistieron el "chapecao" en tierras sureñas y el "sandovalito" en las norteñas.

La decadencia de tantas especies folklóricas surge como un hecho inexplicable; pero, en algo comprensible con el auge de la zamacueca. Esta compleja danza cantada ha generado en otros países (California, México, Centro América, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina) las más diversas especies; o, mejor dicho, se ha transformado en condiciones similares a su propia generación, al emigrar de la Lima republicana.

En ningún caso el repertorio típico de la coreografía chilena puede equipararse al de los países limítrofes, en orden a la poca conservación de sus aires. Tampoco se consultan adaptaciones como el vals peruano, la ranchera argentina y la polca paraguaya. En cambio los propios y ajenos repertorios estuvieron almacenados varios siglos en la Isla de Chiloé, pero de ahí desaparecieron sin dejar rastros ni derivaciones.

Reponiendo [ pág. ]tan amplia nómina coreográfica, es forzoso hacer mención de las especies importadas que no han prevalecido, ni tampoco generaron nuevas formas. Algunas de las que se procede a mentar a continuación es bien posible que tengan su origen en tierras chilenas, pero su procedencia permanece incierta.

Viviendo del Perú - en el fin del Coloniaje y los albores republicanos - tuvieron pasajera boga la mayoría de las danzas de la escuela mulata de Lima, como ser el festejo, el chocolate, el socabon, el aguanieve (agua de nieve), el más vivo, el chicote, el negrito, las lanchas, las oletas, las olas en cuarto, el contoneo, el punteo, el maicito, el caramba, el ecuador, el andá, Don Mateo, la nave, el ocho, la zapatera, etc.; aquellas virtualmente negroides como la cumbia (cambia), la quimba, el zambeque, el londú (ondú), el malambo (malambito, balambo, balambito), el chavalongo, el guachambé, la guaracha, la conga, etc.; las de la promoción tradicional de España, como el bolero, el fandango, el zorongo, la cachucha, la tirana, la seguidilla (sirilla), etc,: y, aquellos bailes casi internacionales: contradanza, gavota, minué, cuadrilla, zarabanda, passepied (paspié), ronda, mazurka, vals, chacona, pavana, cotillón, chotis, redowa, polka, etc.

No lograron arraigar los bailes argentinos (aunque fugazmente han hecho acto de presencia): triste, comonó, chamamé, ranchera, pericón (pericona), chamarrita, pajarito, palapala, cielitos, palito, prado, pollito, triunfo, condición, etc.

Escapan a un localización a algún probable origen a mariquita, el trastrás, la astilla, la negrita, el cascabelito, el punto, el carnaval, la cachupina, la solita, el soldado, el cañaveral, la campana, el espejito, etc.; como asimismo muchos de los bailes zoomorfos, y en especial el torito, el sapo, el pavo, el loro, el chincolito, el caballo, el gallinazo, el minero, el abuelito, etc.

Particular acogida encuentran, especialmente en las provincias, las canciones bailables, de reducida difusión e índole casi regional. Casi todas aquellas presentan cierta novedad melódica, un ritmo avasallador y una letra tan característica que casi ha pronunciado un género.

En la parte más septentriona, especialmente en la zona de Putre (Dep. de Arica) surgen los bailes incaicos: el huasito y el challampe; y, más al sur, en Mamiña (Dep. de Tarapacá) se baila aún los característicos bailes cantados: [ pág. ]cachimbo y las heladas; todos ellos de filiación quechua. En la provincia de Atacama se ha conocido el churre, en la región elquina el sandoval (sandovalito). Con coreografías muy particularistas vinieron figurando, desde Valparaíso a Chillan, el baile cantado La Porteña, en Colchagua La Patria y en Parral el calladito. En la región maulina se difundieron algunas creaciones, al parecer nacionales, como el pequén, el jote y el machacacharqui. Una danza cantada que aparece tan luego en Elqui, como en Aconcagua y en el Maule es el sombrerito, de coreografía análoga a la cueca y un ritmo parecido; pero con diferentes letras que conforman figuras relacionadas con el juego de dos sombreros masculinos intercambiados por la pareja. En la letra surgen los términos "corrumbá" y "corrumbé" que delatan procedencia negroide. Tuvo gran boga en Santiago, entre 1880 y 1890, pero se le confunde, por la letra, con la del malambito que usa el estribillo "corrumbé". Como asimilable a las anteriores puede citarse La Paloma, hermoso baile de pareja suelta en que ambos agitan dos pañuelos imitando el vuelo de esta ave. En las comarcas chillanejas se recuerdan dos especies bien características de este género como La Pollita y El Patito, dignas de calificarse como las más originales de este orden. En Valdivia y lo que resta al sur hasta Chiloé están aún difundidos los antiquísimos bailes El Costillar y La Salchicha; como asimismo El Chapecao entre el Nuble y el Laja.

Temas de estudio constituye la fugaz presencia de otras especies folklóricas de indecisa filiación como, el "chavarín", la "zapatera", el "piopiopá", el "comonó", la "media cadena", el "verde", el "llanto", etc.; y, tal como sucede en otros países, la copla medioeval de La Perdiz se disgregó en bailables como el "mismís", el "gato", y la "perdiz".

Confúndense entre sí las versiones chiIotas de la "resbalosa"; y, especialmente la "sajuria", "sijuria", sijurina", secudiana" dependentes de la "sajuriana". Otras se confunden con los juegos, al ejemplo del "siquimiriqui", el "piopiopá", las "pamamas" y los libertinos "turuntunes".

Lograron sustraerse a estas evoluciones prestigiosos bailes ceremoniales de la Colonia como el "aire" y el "cuando", a causa de no haber ingresado a la masa; y, el último, bien asimilable a la forma típica, perdió en Chile hasta su índole libertaria.

Con [ pág. ]distinta suerte parecen revivir las danzas cantadas: el "pequén", el "jote" y el "machacacharqui", generadas las tres en tierras maulinas. Especialmente la primera se impone con una elegante coreografía y el nacionalista cariz de sus versos y [ pág. ]su música.


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