Epitafio (Forner)
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Aquí yace Jazmín, gozque mezquino, que sólo al mundo vino para abrigarse en la caliente falda de madama Crisalda, tomar chocolatito, bizcochos y confites, el pobre animalito, desazonar visitas y convites, alzando la patita para orinar las capas y las medias con audacia maldita, ladrar rabiosamente al yente y al viniente, ir en coche a paseos y comedias y ser martirio eterno de criados, por él o despedidos o injuriados con furor infernal y grito horrendo. Si inútil fue y aborrecible bicho, y petulante y puerco y disoluto, culpas no fueron suyas, era bruto; educóle el capricho de delicia soez con estupendo horror de la razón; naturaleza no le inspiró tan bárbara torpeza. Los que en la tierra al Hacedor retratan, sus hechuras divinas desbaratan, corrompen y adulteran. Los vicios de Jazmín, de su ama eran.