La durmiente (Poe)

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original. Traducción de Alberto Lasplaces.



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por fin y profundamente fijada bajo la mar, todavía, levantándose sobre sus mil tronos, el Infierno le rendirá homenaje.


1845.


LA DURMIENTE

En el mes de Junio, a media noche me encuentro bajo la mística luna. Un oscuro vapor de opio y de rocío se exhala de su halo de oro, y dulcemente, filtrando por la cumbre tranquila de la montaña, resbala perezosa y armoniosamente por el valle universal. El romero se adormece sobre la tumba, el lis se inclina hacia la onda. Envolviéndose en la bruma se hunde en el reposo. Ved, como parecido al Leteo, el lago parece adormecerse a sabiendas y por nada del mundo quisiera despertar. Toda belleza duerme. Y ved donde reposa —su ventana abierta a los cielos,— Irene, con sus destinos.

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¡Oh brillante princesa! ¿por qué dejar esa ventana abierta a la noche? Los espíritus juguetones, desde la alto de los árboles se filtran a través de la persiana. Los seres incorpóreos, turba de magos, revolotean a través de la [ pág. ]cámara y hacen flotar las cortinas del dosel, tan fantásticamente, tan tímidamente, por encima de tu párpado cerrado y franjeado, —bajo el cual se esconde tu alma adormecida— que sobre el piso, al pie del muro, sus sombras se levantan y descienden como una ronda de fantasmas.

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Querida niña, ¿no tienes miedo? ¿Por qué, y con qué sueñas? Has venido, ciertamente, de mares muy lejanos; ¿no eres una maravilla para los árboles de ese jardin? Extraña es tu palidez, extraño tu vestido, extraña sobre todo, la longitud de tus cabellos, y todo este silencio solemne.

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¡Ella duerme! Oh! puede que su sueño sea tan profundo como durable!; ¡que el cielo la tenga en su santa guardia. ¡Que esta cámara sea transformada en una más melancólica y yo rogaré a Dios que la deje dormir para siempre, los ojos cerrados, mientras que a su alrededor errarán los fantasmas de oscuros velos.

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Mi amor: ¡ella duerme! ¡Que su sueño eterno pueda ser profundo! Que los gusanos se deslicen dulcemente a su alrededor! Que en el fondo del bosque viejo y sombrío, alguna gran tumba pueda abrirse para ella, alguna gran tumba que haya cerrado otras veces como alas sus negros «panneaux» triunfantes, por encima [ pág. ]de los estandartes funerarios bordados con las armas, de su ilustre familia; —alguna tumba lejana y aislada contra la portada de la cual ella haya en su infancia lanzado tantas piedras ociosas;— algún sepulcro cuya puerta sonora no le devuelva jamás nuevos ecos, a ella, pobre hija del pecado, que en otro tiempo se estremecía al pensamiento de que fueran los muertos quienes le respondiesen gimiendo!


1845.


BALADA NUPCIAL

El anillo está en mi dedo y la corona sobre mi frente; he aquí que poseo rasos y joyas en abundancia, y en el presente instante soy feliz.

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Y mi Señor me ama bien; pero la primera vez que pronunció su voto sentí estremecerse mi pecho, porque sus palabras sonaron como un toque de agonía y su voz se parecía a la de aquel que cayó durante la batalla en el fondo del valle, y que es dichoso ahora.

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Pero habló de modo de tranquilizarme y besó mi frente pálida. Entonces un delirio vino
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