La media naranja: 10

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original. Publicado en la Revista de España: Tomo XI



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Y á aquel sí siguieron tales expansiones, emociones, efusiones, palpitaciones, adoraciones, declamaciones, declaraciones, aclaraciones, explicaciones, etc., etc., etc., que la pluma abandona su pintura imposible y prolija, y se refugia en el supremo recurso de los puntos suspensivos.

La prueba de Clara le parecerá al lector extraña, absurda , inverosímil, imposible; y la abnegación de Gonzalo, imposible, inverosímil, absurda y extraña.

Pues eso es precisamente la originalidad: hacer lo que nadie hace.

Las novelas de la vida son las rarezas, las aberraciones; lo extraordinario, lo extravagante, lo ridículo, lo heroico, lo criminal, lo grandioso, lo sublime; todo menos lo común, lo vulgar, lo diario.

Que un hombre quiera á una mujer, que un cura los eche la bendición, y tengan hijos, nietos y biznietos, esto sucede cada dia, y no merece las ciento cincuenta cuartillas de esta historia.

Pero que dos almas grandes, dos criaturas superiores se encuentren, se comprendan, se identifiquen y se sometan á una prueba extraordinaria, esto no es frecuente, es raro, y lo raro es novelesco.

No faltará lector que me acuse de mal psicólogo al ver á Clara enamorarse en algunos minutos de Gonzalo.

Shakspeare era el primer psicólogo y conocedor del corazón humano. Pues bien, su Romeo y Julieta se enamoran en menos tiempo, y el joven Montechi, hasta olvida al punto á su amada Rosalina.

No es esto compararme con Shakespeare.


X. [editar]

Poco me importa que se tache de absurda la prueba de Clara para conocer el amor de un hombre.

Gracias á ella, dos meses después, y por una apacible tarde, la sociedad elegante de Madrid saludaba á una pareja humana, radiante de hermosura, juventud y felicidad, que paseaba en una magnífica carretela.

Eran Clara y Gonzalo.

[ pág. ]O mejor dicho, eran dos medias naranjas que habian realizado la suprema y difícil unidad platónica.

Una naranja entera rodaba por el mundo. Yo que la vi pasar, maravillado, decidí escribir esta historia del casual encuentro de las dos mitades.

Al ver á Clara y Gonzalo tan felices, reflexioné, que cuando la suerte quiere elaborar la verdadera felicidad, no tiene más que esta receta:

Coge una criatura, la analiza, y después, por esos mundos tan grandes é intrincados, le busca y entrega su média naranja.

Adiós, lectores, y quiera la suerte depararos á cada cual vuestra média naranja.


José Alcalá Galiano.



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