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Biblioteca del Congreso Nacional de Chile — 29

ha aplicado a Chile el mismo esquema utilizado en los otros países de la América española, el cual divide la historia en dos etapas: la independencia (1810-1826) y la lucha por la organización del Estado (1823-1829).

No obstante, aunque Heise reconoce que “las dos décadas de la emancipación tuvieron todo el valor de un laborioso aprendizaje político presidido, en gran parte, por D. Bernardo O’Higgins” [1], olvida que este aprendizaje, con su principal conductor, había comenzado antes de 1810 y se extendería, como teoría y práctica revolucionarias, ya sin la presencia del Libertador, hasta aproximadamente 1830.

Las tres fuentes principales de las cuales se nutrió el pensamiento político del joven Ber nardo fueron el ejemplo de su padre, el aporte del venezolano Francisco de Miranda durante su estadía en Londres, y el desarrollo de la ideología revolucionaria en el país, proceso en el cual, como se ha visto, él fue protagonista.


El ejemplo de Ambrosio O’Higgins

En relación con su padre, se percibe en O’Higgins un genuino dolor por su alejamiento, acrecentado por el profundo respeto y la gran admiración que sentía por él. Su clara consciencia que Ambrosio O’Higgins, desde la distancia, aunque usando a veces colaboradores y métodos severos, se había preocupado de darle la mejor educación, era lo único que equilibraba estos sentimientos en él. Las características especiales del desarrollo emocional de Bernardo O’Higgins han llevado a algunos historiadores — especialmente a aquéllos que podrían ser incluidos en el espacio de la que se ha denominado psicohistoria, desde mediados del siglo XX [2] — a vincular su vocación revolucionaria con las complejas relaciones con su padre.

El historiador Guiller mo Feliú Cruz, considera que el ejemplo de su padre constituyó una de las fuentes en que Ber nardo “bebió” las nociones de la ciencia política en lo que corresponde al contenido de la administración, aspirando a “una administración enérgica, que encarara las resoluciones sin titubeos” [3].

Bernardo O’Higgins escribió, en 1840, en una carta al general José María de la Cruz, la impronta que dejó su padre en su ética política:


“Con el ejemplo de mi respetable padre ante mis ojos, no trepido en decir, que sería indigno de ser llamado su hijo, si no trabajara mientras dure mi vida, en beneficio de la América del Sur, y muy especialmente de mi tierra nativa, por la que él trabajó, tanto y tanto, y sobre la que derramó copiosos beneficios.
—Agregando— De sus abundantes ser vicios públicos no hay parte que haya mirado con tanta admiración o que haya deseado más
  1. Ibíd., p. 13.
  2. Eyzaguirre, op. cit., pp. 47 -48; Veneros Ruiz-Tagle, Diana. “Motivos y factores tras la gesta de independencia de Chile”. En: Ghymers H. Christian (Ed.). Seminario Inter nacional Francisco de Miranda y Bernardo O’Higgins en la Emancipación Hispanoamericana (pp. 239-258). Instituto O’Higginiano de Chile – Asociación Internacional Andrés Bello. Santiago de Chile, 2002, pp. 239-258.
  3. Feliú Cruz, Guiller mo. “El pensamiento político de O’Higgins. Estudio histórico”. Imprenta Universitaria Valenzuela Baster rica y Cía. Santiago de Chile, 1954, pp. 14 -15.