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Cuando describe, pinta, y sus cuadros son vivos y animados como la naturaleza misma.
- Yo he conocido esta tierra
- En que el paisano vivía
- Y su ranchito tenía
- Y sus hijos y mujer....
- Era una delicia el ver
- Cómo pasaba sus dias.
- Entonces.... cuando el lucero
- Brillaba en el ciclo santo,
- Y los gallos con su cantos
- Nos decían que el día llegaba,
- A la cocina rumbiaba
- El gaucho que era un encanto.
- Y sentao junto al jogón
- A esperar que venga el día,
- Al cimarrón le prendía
- Hasta ponerse rechoncho,
- Mientras su china dormía
- Tapadita con su poncho.
- ....................................
- ....................................
- Venía la carne con cuero,
- La sabrosa carbonada,
- Mazamorra bien pisada
- Los pasteles y el güen vino...
- Pero ha querido el destino,
- Que todo aquello acabara.
- ....................................
- ....................................
- No me faltaba un guasca
- Esa ocasión eché el resto:
- Bozal, maniador, cabresto,
- Lazo, bolas y maneas...
- ¡El que hoy tan pobre me vea
- Talvez no crerá todo esto!!
Todo esto es bellísimo; pensamiento, descripción, versificación. El recuerdo del tiempo pasado, la madrugada, la comilona, y el candoroso recuerdo de las guascas que constituían sus riquezas, son preciosidades que enternecen, que encantan y trasportan al lector á la estancia, al rancho, á la yerra, á todas esas escenas sencillas y tocantes que hacen la felicidad del paisano y su familia — felicidad real porque está en la naturaleza, y que solo Martín Fierro ha sabido pintar con sus verdaderos colores.
Por lo que á mí hace, puedo decir que no he visto en las mejores descripciones de Walter Scott y de Fenimore Coopper, nada que iguale á la sencillez, naturalidad y belleza de éstas.
Tiene todavía en este género, y entre un cúmulo de bellezas en que es dificil elegir, un cuadro sin rival, en que competen la grandeza del terror, en que todo es bello, todo es tremendo; tremendo el espanto, tremendo el pavor que inspira. Este cuadro es el malón del Indio.
- Allí, si, se ven desgracias
- Y lágrimas, y afliciones,
- Naides le pida perdones
- Al Indio — pues donde entra
- Roba y mata cuanto encuentra
- Y quema las poblaciones.
- No salvan de su juror
- Ni los pobres angelitos;
- Viejos, mozos y chiquitos;
- Los mata del mesmo modo —
- Que el Indio lo arregla todo
- Con la lanza y con los gritos.
- Tiemblan las carnes al verlo
- Volando al viento la cerda —
- La rienda en la mano izquierda
- Y la lanza en la derecha —
- Ande enderieza abre brecha
- Pues no hay lanzazo que pierda.
¿Y qué decir de la última estrofa?
¿Quién no vé con espanto ante sus ojos al indio feroz y bárbaro, sediento de sangre, ávido de destrucción y carnicería; desnudo, desmelenado y terrible, lanza en ristre hiriendo y matando con furor cuanto encuentra, viejos, mujeres y niños?
- Tiemblan las carnes al verlo
- Volando al viento la cerda —
- La rienda en la mano izquierda
- Y la lanza en la derecha —
- Ande enderieza abre brecha
- Pues no hay lanzazo que pierda.