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Página:Ninon Lenclos Cartas.djvu/74

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62 MEMORIAS SUBRE LA VIDA

cuidado de castigar á la ingrata. No todas las almas se dejan corromper por esa filosofía cuya base parece ser la voluptuosidad. La habilidad de unir al amor de los placeres el de la sabiduría humana hace ini- mitable á Epicuro y peligroso para casi todos. Mile, de Lenclós era casi la única que gozaba de la felicidad de no haber alterado aquella doctrina.

Todo París había visto los versos que el amor por Mile, de Lenclós arrancó á Chapelle (1) : nadie igno- raba que él había sido uno de los más [ervientes admi- radores de las cualidades que tan estimable hacían á Ninón; sin embargo, no se avergonzó de desmen- tirse haste el punto de herir á la vez los derechos del amor y de la amistad queriendo dejarla en ri- dículo como se ve en estos versos :

Que nadie se admire — Si ella razona -— Con la virtud sublime — Del divino Platón. — Porque si bien contamos — Ella pudo vivir — Al mismo tiempo que él.

Mlle, de Lenclós rió con sus amigas esta sátira de Chapelle; era incapaz de la mezquindad de ofenderse - por tan poca cosa; por eso fácilmente se comprende el efecto que tales burlas productan. Ninón aprendió mucho tiempo antes, que la vejez, como decía su amigo, M. de La Rochefoucauld, es el infierno de las mujeres. Demasiado filósofo para sentir la pérdida de un bien que estimaba en muy poco y al cual había preferido siempre la fuerza del talento, ella veía con tranquilidad cómo ese bien se desvanecía. En uno de sus momentos de alegría, de aquellos momentos en que se abandonaba á los encantos de su imagi- nación riente y fecunda, fué cuando ¿mitó la frase

(1) Véase la obra Poesías complelas de Chapelle.