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NUESTRA SEÑORA DE PARIS.

devota, de una grandeza mas áustera que la de los

Nuestra Señora de Paris pg 39


Íialucios, pero no meaos bellas , no menos grandes; as que atraian los ojos Bates que los demas, eran la de los Bernardinos con sus tres campanarios; santa Genoveva, cuya torre cuadrada, existe aun, nos hace lamentar tauto la destruccion de lo demas; la Sorbona, edificio entre colegio y monasterio , en la que se conserva una nave tan admirable; el bellisimo claustro cuadrilateral de los Mathurins; su vecino el claustro de S. Benedicto, en cuyas paredes ha habido tiempo para armar un teatro entre la sétima y la octava edicion de este libro; los Franciscanos con sus tres enormes pisos juxta puestos; los Agustinos, cuya gallarda aguja formaba, despues de la torre de Ñesle , el segundo dentellon de Paris, por el lado de Occidente. Los colegios que son en efecto el eslabon intermedio entre el claustro y el mundo, eran un término medio en la série monumental, entre los palacios y las abadias, con una severidad llena de | elegancia, una escultura ménos prolija que la de los palacios, y una arquitectura ménos seria que la de los conventos. Casi nada que-' da ya desgraciadamente de aquellos monumentos en que el arte gótico mediaba con tanta precision entre la riqueza y la economia. Las iglesias (y eran numerosas y espléndidas en la Universidad; y alli tambien se escalonaban todas las edades de la* arquitectura , desde los semicirculos de S. Julian hasta las ojivas de S. Severiuo), las iglesias dominaban el conjunto ; y como una armonia mas en aquella masa de armonias, resaltaban á cada instante entre el múltiple festoneo de las agujas acuchilladas, de los campanarios trasparentes, de las torres primorosas, cuya linea no era ademas otra cosa que una magmfica exageracion del ángulo agudo de los techos.

El terreno de la Universidad era montuoso, la montaña de Sta. Genoveva formaba en él una enorme ampolla , y era cosa de ver desde lo alto de Ntra. Sra. aquella multitud de calles estrechas y tortuosas (hoy el pais latino), aquellos racimos de casas que derramadas en todas direcciones desde la cumbre de aquella eminencia , se precipitaban de tropel, y casi perpendienlarmente hasta la orilla del agua, pareciendo que unas se caian , que otras se asian para no caer, y que todas se sostenian las unas á las otras. Un flujo continuo de mil puntos negros que se entrecruzaban por el suelo, daba á este conjunto una mobilidad extraordinaria ; aquellos puntos era la gente, vista tambien desde lo alto v de léjos.

En fin, en los intérvalos de aquellos techos , de aquellas agujas, de aquellos accidentes de edilicios infinitos que doblaban, torcian y festoneaban de un modo tan singular la linea última de la Universidad, entreveiase de trecho en trecho un musgoso paredon, una ancha torre redonda , una puerta almenada , parecida á una fortaleza; aquella era la cerca de Felipe Augusto. Y mas allá verdeaban las praderas, y mas allá se angostaban los caminos, á lo largo de los cuales veianse rezagadas algunas casas de los arrabales, tanto mas escasas y menudas, cuanto se alejaban mas. Algunos de aquellos arrabales tenian cierta importan


cia ; tales eran, en primer lugar, saliendo de la Tournelle, la aldea de S. Victor, con su puente de un solo ojo sobre el rio Bievre, su abadia donde se leia el epitafio de Luis-el-Gordo, epitaphium, Luduvici Grossi, y su iglesia con su torre octógona, flanqueada do cuatro esquilones del siglo xi (aun puede verse una igual en Etampes; todavia no la han derribado); luego la aldea de Saint-Marceau ; que ya tenia tres iglesias y un convento ; luego , dejando á la izquierda el molino de los Gobelins y sus cuatro paredes blancas, veiase el arrabal de Santiago con la linda cruz esculpida de su encrucijada , la iglesia de Santiago du-Haut-Pas, que era entónces gótica, puntiaguda y bellisima; Saint Mayloire, soberbia nave del siglo xiv, que convirtió Napoleon en una troje de heno; Nuestra Señora de los Campos, donde bahia mosáicos bizantinos. En fin, despues de haber dejado en medio de la llanura el monasterio de los Cartujos, rico edificio contemperáis neo del palacio de Justicia con sus ¡arjf dincillos diviI didosylasruin:ts mal frecuentadas de Vauvert, caia la vista en el occidente sobre lastres agujas sajonas de S. German de los Prados. La aldea de S. German, concejo de consideracion, tenia quince ó veinte calles, el agudo campanario de S. Sulpicio indicaba una de las extremidades de la aldea. Distinguiase inmediato á ella el recinto cuadrilateral dela Feria S. German, donde está hoy el mercado , luego la picota del abad, linda torrecilla redonda, con su montera ijónica de plomo; el tejar estaba mas adelante, y la calle del Horno, que conducia al horno de Poya y el molino sobre su terromontero y el hospital de los "leprosos, solitaria casuca y mal mirada. Pero lo que mas llamaba y lijaba la atencion, era la abadia. Es seguro que este monasterio que tenia grandes fueros como iglesia y como señorio, este palacio abacial, donde teman á mucha honra el pasa» una noche los obispos de Paris : este refectorio, al que babia dado el arquitecto la ventilacion, la magniíic¿ncia y el expléndido roseton de una catedral; esta elegante capilla de la Virgen , este dormitorio monumental, aquellos vastos jardines , aquel rastrillo, aquel puente levadizo, aquel ceñidor de almenas que recortaba la verdura de los campos circunvecinos; aquellos patios en que reluciau las corazas de los hombres de armas en' tre aúreas capas, aquel conjunto agrupado y rennido en torno de tres altas agujas romanas, bien asentadas sobre una abside gótica, formaban un espectáculo magnifico en el horizonte.

Y cuando en fin , despues de haber considerado por largo rato la Uuiversidad, dirigiais los ojos hácia la orilla derecha, á la Villa, el espectáculo cambiaba bruscamente de carácter. La Villa , en efecto, mucho mayor que la Universidad, era tambien ménos uniforme. A la primera ojeada veiasela dividirse en muchas masas singularmente distintas. En primer lugar, al levante, en aquella parte de la ciudad que todavia recibe su nombre del pantáno en que zambulló Camulogenes & César, todo era un hacinamiento de palacios que llegaban hasta la orilla del agua. Cuatro grandes edificios, casi adherentes, Jou,Sens, Barbeau, la casa de la Keina, reflejaban en el Sema sus techos de