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Misas Herejes.
En su instante supremo la frente inclina,
como en su último adiós un bandido
que llorase al pie de la guillotina,
y se fuese después redimido.
...¿Será el miedo, hermano? ¿No oyes como brama
el viento en la calle, tan sola y oscura?...
¡Si supieses! Anoche, junto a mi cama,
con muecas burlonas pasó la Locura.