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DISCURSO PRELIMINAR. IX

buscar oro y á matar indios, según han dicho, calumnián- doles , algunos trasoiíadores de aquella historia. La Es- paña explotaba el oro, sin duda alguna, y con él enriquecía á la Europa, derramándolo en las guerras, que mientras fué rica no consiguió acabar; pero sus grandes esfuerzos los di- rigió preferentemente á implantar allí la civilización como aquellos tiempos la comprendían, y á procurar que no se destruyesen los indígenas; que conservándose y creciendo y asimilándose á los dominadores durante los trescientos años de posesión , sirvieron en la época presente para fun- dar en la que fué América española las nacionalidades que hoy existen y se desarrollan y se dirigen á un gran porve- nir. ¿Podía España hacer más? Díganlo las naciones que allá adquirieron dominios y nada fundaron; ó conteste, si no, en representación de la América sajona, la opulenta repú- blica de los Estados-Unidos, en la que, mientras nuestros padres dejaban las colonias con millones de indígenas, y naciones constituidas, sus puritanos y filántropos cazaban y cazan aún los indios tan sin miramiento y con tanto extre- mo, que apenas pasa en el día de trescientos mil el número de los de todas razas que en aquel extensísimo territorio se cuentan, según expresión de las estadísticas oficiales últi- mamente publicadas (i).


(i) La última, hecha en 1874 y leída por M. R.de Semallé en la tercera sesión del Congreso de los Americanistas celebrada en Nancy el martes 24 de Julio de iHyS (Congrés international des Américanistes. — Compte rendu de la premiére sesión. Nancy, 1875, págs. 339-346), clasiñca los in- dios existentes á la sazón *en los Estados-Unidos de este modo: Indios salvajes, que se acercan alguna vez á los agentes del gobierno para reci* bir víveres y vestidos, 98.108; los que obligados al trabajo se someten periódicamente y mientras llenan sus necesidades, 52.ii3; los que han aceptado lotes de tierra, animales y útiles agrícolas y habitan en sus haciendas, xoo.o85; á los que pueden añadirse i5.3oo entre los llamados Pimas y Maricopas, Papagos é indios de las misiones de California, y i5.oi6 holgazanes y vagabundos, que suman en junto 380.633; y si se agregan á estos 24.595 que, según el Almanaque Gotha de 1875, existen civilizados, como nacidos en las poblaciones de la gran República, se tiene un número total de 309.094 indios en todo aquel dilatado territorio.