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XXX Vm BIBLIOTECA DE LOS AlfERICANISTAS.

á México. Hernando Cortés juzgó que si autorizaba en aquella ocasión con su aquiescencia el atrevimiento del go- bernador cortesano, pudiera serle muy difícil contenerse en cualquier otro punto que le afectase, y despreciando las menguadas humillaciones del sujeto, aunque respondiendo cortésmente á la autoridad, ^^resolvió dejar la tierra de sus afanes y de su gloria, é ir á enterarse personalmente de las causas de aquellos desdenes que sufría. Preparó, al efecto, su viaje, y después de nombrar procuradores que mirasen por sus asuntos durante la ausencia, se embarcó para Casti- lla en 1 528.

En tanto que llegaba á la Corte y mientras desautorizaba á sus calumniadores y recibía del Emperador, con las ma- yores muestras de cariño y de reconocimiento por sus ser- vicios, el título de Marqués del Valle de Oaxaca, y el hábito de Santiago, y el nombramiento de capitán general de la Nueva España, vivía modestamente nuestro BernalDíaz en la villa del Espíritu Santo de Guazacoalco, á donde se había trasladado antes de comenzar las desavenencias entre Cortés y Estrada. En aquella villa desempeñaba el cargo de regidor y procurador síndico cuando supo que los señores de la primera Audiencia, recien llegada á México, habían dispuesto que todas las poblaciones de españoles enviasen á la capital procuradores para revisar los repartimientos, con- forme á las ordenes que el Rey les había comunicado. Para enterarse mejor del mandato pasó á México: sabido lo que se trataba, regresó á Guazacoalco, y elegido con Luis Marín para representar á los encomenderos de la villa, trasladóse con él á la capital, donde perdieron desesperadamente el tiempo y nada alcanzaron en definitiva, porque el presiden- te de la Audiencia, Ñuño de Guzmán, y los suyos, más se ocupaban en atender al propio interés que al cumplimiento de las cédulas reales. Pero en cambio sufrieron los conquis- tadores no pocos disgustos por haber protestado enérgica y colectivamente contra algunas injustas acusaciones que el apasionado Guzmán dirigió á Cortés, y por haberse decla- rado solidarios de su caudillo en la reclamación de intereses


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