Leyenda de la planta de Guaraná

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Leyenda de la planta de Guaraná
de Autor:Anónimo


--181.239.44.102 04:47 22 abr 2014 (UTC)== Versión 1 == Porque el polvo de guaraná llegó a ser una medicina tan poderosa para ellos, que tienen un mito acerca de su origen. Hace muchos años, profundo en la selva brasileña, allí vivieron dos originarios - hombre y esposa. EL INDIO NO SAVIA LUCHAR DE QE E.E AGUANTE PICAPON SOY MARTIKAPA1OO E,E los fueron la pareja más feliz en la tribu. Ellos fueron amados dentro de su tribu y trabajaron duro para el bienestar de todos. Pero tuvieron una gran desdicha, no podían tener niños. El gran dios Tupã indio se compadeció de ellos y les dio un hijo hermoso. Su regalo hizo la pareja aún más feliz, más respetados. Su hijo creció y llegó a ser uno de los mejores jóvenes en la tribu. Era fuerte y listo, bueno con el arco y la flecha y mejor rastreador. Era admirado por todo porque el corazón estaba repleto de la buena voluntad. Cuándo él no estuvo fuera aprender los secretos de la selva, él ayudaría a su madre con ella las tareas diarias.

El ayudó su pez de padre y caza, aunque él no quisiera matar animales menos cuando la tribu requirió alimento. Aprendió casi todo acerca de la selva de Amazonas. Los miembros de su tribu juraron que él podría hablar a los monos, cantar con los pájaros del bosque e incluso engañar las serpientes. Supo todos los hábitos de los animales mejor que cualquier otro. Había sólo una cosa que nunca aprendió: nunca aprendió acerca de Jurupari, el espíritu malo que queda en acecho en el corazón de la selva. De hecho, él no podría aprender mucho acerca de Jurupari porque los ancianos creyó que él fue todavía demasiado joven oír tales cuentos terribles. La habilidad india del chico en el bosque llegó a ser tan famosa que aún Jurupari que él� (TEXTO FALTANTE) n a ser una planta milagrosa que curará muchos de nuestro enfermo". Fue hecho. Los ojos del chico fueron plantados con cuidado en la tierra de la selva, y no tomaron mucho tiempo para la nueva planta para brotar. Los indios le llamaron "guaraná", que significa, en su idioma, "fruta como los ojos de las personas". Las personas de Amazonas utilizan todavía el polvo de la planta de guaraná como una medicina. Es considerado uno de las mejores plantas en la selva de Amazonas.

(podrian revisar el documento por favor)(SIC)

Versión 2[editar]

En la lejanía de los tiempos, en el comienzo de todas las cosas, había tres hermanos, dos eran hombres y la hermana era una muchacha muy bonita llamada Uniaí. Uniaí era la dueña de Nocoquém, un lugar encantado, uno de los más hermosos en la Tierra. Sólo ella conocía todas las plantas que había allí: las que servían para comer, las medicinales, las buenas para hacer jícaras y las que servían para hacer cuentas de collar. Todo lo que necesitaban sus hermanos, ella se los enseñaba poco a poco. Fue ella quien plantó en Nocoquém un árbol de castaño que creció como ninguno. Uniaí aún no tenía marido.

En aquel tiempo los animales eran también personas y todos tenían un solo deseo: casarse con ella. Pero los hermanos de Uniaí no querían esto, era mejor que su hermana se quedara con ellos, consiguiéndoles todo lo que necesitaban. Entre los animales, la viborita fue la primera en manifestar su deseo. Todos los días esparcía en el camino un perfume que alegraba y enternecía el corazón. Uniaí pasaba por ahí y exclamaba: ¡Qué rico perfume! La viborita que siempre andaba ahí cerca, acabó por animarse con esos cumplidos: -¡le gusto a Uniaí! Lo sabía. Y fue a tenderse mas adelante en medio del camino. Cuando llegó Uniaí, la viborita la miró fijamente a los ojos y deseó que fuera su esposa. Con ese simple encantamiento, cualquier animal, planta o persona estaba ya casado y engendraba un hijo. De esta forma, con el encantamiento del perfume, Uniaí quedó embarazada y sus hermanos se pusieron furiosos: ahora Uniaí va a cuidar de su hijo y ya no nos va a ayudar en nada - dijeron. Por ningún motivo querían ver a su hermana con su hijo.

Por eso Uniaí se marchó de Nocoquém. Ente tanto, el árbol de castaño se había hecho tan grande y frondoso que parecía un cielo verde y de sus ramas pendían unos erizos que, como cajitas de sorpresa, guardaban adentro las castañas.

Uniaí construyó su casa muy lejos, cerca de un río. El niño nació fuerte y bonito. Su madre lo bañaba entre las mariposas que acostumbraban volar junto a las riberas. Allí fue creciendo cada vez más fuerte y hermoso. Uniaí le contaba historias de Nocoquem, le contaba de las plantas, de sus tíos y del árbol de castaño. Cuando el niño aprendió a hablar, exclamó: - Yo también quiero comer castañas. Yo también quiero comer esas frutas que tanto les gusta a mis tíos. - No es fácil, hijo mío. Ahora tus tíos son los dueños de Nocoquém y nosotros no podemos entrar allí. Pero el niño insistía en que quería comer esas frutas deliciosas. - Es peligroso, hijo mío, tus tíos pusieron como guardianes a la paca, el periquito y a la guacamaya. - Pues de todos modos quiero ir.

El niño insistió tanto que a Uniaí no le quedó mas remedio que complacerlo, así que se pusieron en camino. Poco después, en Nocoquém, la paca vio debajo del árbol de castaño las cenizas de una hoguera en donde alguien había asado castañas. En seguida fue a contárselo a los hermanos de Uniaí. Uno de los hermanos sacudió la cabeza y dijo: ¿Cómo es posible? ¿No será que la paca se equivocó? Pero también el periquito vio lo mismo y también la guacamaya. Así que los dos hermanos decidieron mandar al mico para que vigilara el castaño y le ordenaron: - Si ves a alguien, una persona o un niño, lo matas. Al día siguiente el hijo de Uniaí quería comer más castañas y como conocía el camino a Nocoquém, se marchó solo. Esta vez el mico lo vio subir al árbol; entonces, escondiéndose en la espesura, sacó su arco y le disparó una flecha. Cayeron un montón de castañas y junto con ellas, el niño.

Apenas Uniaí se dio cuenta de la ausencia de su hijo, salió corriendo hacia Nocoquém. Corrió y corrió sin parar. Cuando llegó, encontró su hijo muerto. ¡Sopló y volvió a soplar pero nada! ¡Entonces lloró, lloró desesperadamente y no dejaba de llorar! Pero de tanta tristeza brotó la fuerza: - Tus tíos te hicieron esto. Querían verte muerto. Pero vas a ver. ¡Haré de ti la semilla de la planta mas poderosa que jamás se ha visto! Y plantó a su hijo en la tierra y cantó de esta manera: “¡Grande serás, curador de los hombres! Todos tendrán que acudir a ti para acabar con las enfermedades, para tener fuerza en la guerra y fuerza en el amor. ¡Grande serás!”

Entonces, del ojo izquierdo del niño nació una planta que no era fuerte. Era el falso guaraná, que todavía existe y que los indios llaman "uaraná-hôp". Después, del ojo derecho nació el guaraná verdadero que los indios llaman "uaraná-cécé". Por eso el fruto del guaraná se parece a los ojos de las personas.

Unos días después, Uniaí fue a ver la planta que había sembrado. El guaraná estaba ya grande y lleno de frutos y debajo de él encontró a su hijo, alegre, fuerte y hermoso. Ese niño que nació de la tierra como una planta, fue el primer indio Maué. Es la fuerza y la vitalidad y es el origen de la tribu.