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XXXVI BIBLIOTECA DE LOS AMERICANISTAS.

guíente día del de su llegada se presentó al licenciado Mar- cos de Aguilar, que, como sucesor del juez de residencia Luis Ponce de León, gobernaba la Nueva España, á pedir que le encomendase indios de la capital. Denegada la sú- plica por no tener Aguilar poderes para hacer tales conce - siones, le contentó con buenas promesas, que al cabo se re- dujeron á confirmarle en la posesión de lo que nuestro poco afortunado pretendiente disfrutaba en Cfaamula, y no pa- saron adelante, acaso por haber muerto el gobernador antes de cumplirlas, y no mucho después de hacerlas.

Dejó Aguilar ordenado en su testamento que le sucediese en la gobernación el tesorero Alonso de Estrada, que ya la había desempeñado interinamente, y no con gran fortuna. Temiendo el cabildo de México que no la tuviera mejor en aquellas circunstancias, y recordando con dolor los conflic- tos pasados, rogóle que para no asumir tantas responsabili- dades, y para contener en el límite de sus obligaciones á los turbulentos y al no poco agitador Ñuño de Guzmán, com«  partiese la pesada carga del mando con Cortés, que, sujeto á la residencia, y en suspenso ésta por la falta de Marcos de Aguilar, se hallaba desposeído de todo cargo oficial y sin más autoridad que la de su gran prestigio. Resignado sufría aquel gran carácter los injustos desaires de la Corte, cuando fueron á hacerle la oferta, que dignamente rechazó por no verse más deprimido ante aquella opinión por él creada; y eligióse entonces, acaso por indicación suya, al alguacil ma- yor de México y su capitán favorito Gonzalo de Sandoval.

Poco después, y quizá por recomendación de este su amigo, le encomendó Estrada á Bernal Díaz con fecha 3 de Abril de i528 «los señores y naturales de los pueblos de Gualtipán y Micapa en las sierras de Cachulco, que solían ser sujetos á Cimatán y Popoloatán en la provincia de Citla (i).» Posesionóse nuestro soldado de este repartimiento al tiempo


las usaron también los españoles en sus pequeñas contrataciones, asig- nándole á cada centena de ellas el valor de un real. (i) Adiciones y aclaraciones. — Cédula de encomienda, pág. 376.