Cancionero, Aquel día siempre amargo y señalado

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Fragmento CLVII
Cancionero

de Francesco Petrarca


Aquel día siempre amargo y señalado
tanto en mí grabó su imagen viva,
que, aun cuando no hay pincel que lo describa,
me acuerdo de él con puntüal cuidado.

El gesto que de gracia hubiese ornado
y el dulce llanto en que pensoso iba,
hacían dudar si era deidad altiva
o mujer, quien el cielo había calmado.

El gesto ardiente nieve, la crin oro,
las cejas ébano, y los ojos soles,
por los que al arco Amor no yerra el tiro;

perlas y rosas en que el mal que adoro
formaba ardiente voz entre arreboles;
cristal su llanto, llama su suspiro.