Cancionero, Ay, que sé bien cuán dolorida presa

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Ay, que sé bien cuán dolorida presa
somos de quien jamás mortal perdona,
y el mundo cuán veloz nos abandona
y cuán poco nos guarda su promesa;

y cuán flaco es el premio a cuanto pesa,
y cuánto el postrer día al alma atrona.
Mas no, con todo, Amor, me desprisiona,
pues nunca el diezmo de mis ojos cesa.

Días y horas en mortal querella
roban mis años, sin que sufra engaños,
sino fuerza mayor que cualquier magia.

Deseo y razón, dos veces siete años,
me han combatido; y vencerá al fin ella,
si queda aún alma aquí que el bien presagia.