Cancionero, El fuego que pensé estar apagado

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El fuego que pensé estar apagado
del frío y de la edad ya menos nueva,
llama y martirio al alma le renueva.
Nunca apagado fue del todo, veo,
sino cubierto su rescoldo un tanto;
y este segundo error peor lo creo.
Por lágrimas que a miles vierto tanto
conviene que el dolor destile en llanto
del pecho que rescoldo y yesca lleva;
no sólo como fue, pues aun se ceba.
¿Qué fuego ya no hubieran apagado
las lágrimas que vierto siempre firme?
Amor, si bien ya tarde lo he notado,
quiere entre dos contrarios confundirme
y tantos lazos tiende en constreñirme
que cuanto es más mi fe en que se subleva,
más a su rostro el alma me ata y lleva.