Cancionero, Hacia la aurora, cuando dulce la aura

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Fragmento CCXXXIX
Cancionero

de Francesco Petrarca


Hacia la aurora, cuando dulce la aura
primaveral suele mover las flores,
y recitar los pajarillos versos,
tan dulces mis cuidados siento al alma
llegar de aquella donde están por fuerza,
que me es forzoso retomar mis notas.

¡Ay, si templar pudiese en tales notas
mi suspiro, que enterneciera a Laura,
haciéndole razón lo que en mí es fuerza!
Pero antes nos traerá el invierno flores,
que amor florezca en esa noble alma,
que no curó jamás de rima o versos.

¡Cuántas lágrimas, triste, y cuántos versos
ya en mi vida esparcí, y en cuántas notas
he probado rendir aquella alma!
Pero ella como roca frente a la aura
resiste, que aunque mueve hoja y flores,
nada puede en hallando mayor fuerza.

Amor dioses venció y hombres por fuerza,
tal como queda escrita en prosa y versos;
yo tal probé, al despuntar las flores.
Ahora ni mi Señor ya, ni sus notas,
ni el llanto o ruego hacer pueden que Laura
saque de vida o de martirio el alma.

Para tu última industria, oh pobre alma,
usas tu maña toda y toda fuerza,
mientras gozamos de la vida la aura.
No hay cosa con que no puedan los versos,
que encantar saben áspides sus notas,
y aun el hielo adornar con nuevas flores.

Ríen hoy por los prados hierba y flores;
no puede ser que aquella angélica alma
no sienta el son de mis amantes notas.
Si nuestro impío sino es de más fuerza,
llorando y recitando nuestros versos,
iré canzando con buey cojo la aura.

En red atrapo la aura, en hielo flores,
e intento en versos sorda y firme alma,
que ni fuerza de Amor precia ni notas.