Cancionero, La más diversa y nueva

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Fragmento CXXXV
Cancionero

de Francesco Petrarca


La más diversa y nueva
cosa que vio jamás extraño clima,
esa, si bien se estima,
más me cuadra, pues tanto en mí Amor hace.
Allá donde el sol nace
ave sin compañía está de suerte
que de elegida muerte
renace, y otra vida en sí renueva.
De vida así se ceba
mi deseo y así sobre la cima
de su alto pensamiento al sol se vuelve
y así es que se resuelve,
y así toma otra vez materia prima;
y arde, y se mueve, y su furor revive
y luego vive, y da de fénix prueba

Osada piedra habita
allá el índico mar, que de manera
el hierro atrae y el clavo en la madera
que toda nave al fondo del mar lleva.
Pues esto el alma prueba
en las ondas del llanto, si la roca
aquella tal la toca
que a zozobra la vida precipita.
Así la debilita
(robando el corazón que duro era,
cuando uno fue y no dos como ahora encierro))
imán que más que el hierro
la carne atrae. ¡Oh suerte mía y fiera,
que, aun siendo carne, voy guiado a la muerte
por una fuerte dulce calamita!

Al extremo occidente
hay una fiera mansa y quieta tanto
como otra no; mas llanto
y muerte dentro de sus ojos tiene,
de modo que conviene
no mirarla a los ojos, si se gira;
pues el que no los mira,
el resto puede ver seguramente.
Mas yo, incauto y doliente,
corro siempre a mi mal, y sé bien cuánto
sufro y he de sufrir; pero el deseo,
que es ciego y sordo empleo,
me arrastra en modo tal que el gesto santo,
y los ojos son causa de que muera
por esta fiera angélica e inocente.

Surge en el mediodía
füente que del Sol nombre procura,
y por costumbre cura
de hervir de noche y por el día enfriarse,
y tanto más helarse
cuanto más sube el sol y más se excede.
Así a mí me sucede,
que fuente soy de lágrima a porfía,
pues cuando se desvía
mi luz y las mías son en noche oscura
entonces ardo entre lamento y lloro;
pero si la áureo oro
y rayos de aquel sol mi vista apura,
por dentro y fuera siento transmutarme
y todo helarme. Así me hace y me enfría.

Tiene otra fuente Epiro,
que siendo fría, y eso escriben de ella,
toda hacha sin centella
enciende, pero apaga la encendida.
Mi alma, que ofendida
no estaba aún por amoroso fuego,
al acercarse luego
a aquella fría por que así suspiro,
arde ya con tal tiro
(cual nunca bajo Sol se vio ni estrella)
que un corazón de mármol conmoviera;
y, tras que arder se viera,
mató el arder virtud helada y bella.
Así el fuego y el frío en mí renuevo;
yo, que lo pruebo, bien lo sé y me aíro.

Allende Atlas rifeño
en las Islas de fama Afortunadas
dos fuentes hay nombradas:
una mata entre risa, otra no daña.
Así Fortuna entraña
mi vida, pues morir podría riendo
de gran placer, entiendo,
si no lo mitigase triste empeño.
Amor, que guías mi sueño
siempre a sombra de famas deslustradas
callemos de esta fuente que hoy es llena,
para con mayor vena
ver cuando Tauro y Sol son conjugadas.
Así mis ojos lloran todo el tiempo;
y más el tiempo en que encontré a mi dueño.

Canción, si hay quien cuestiona
qué hago, dile tú: «Bajo una piedra
que el Sorga engendra, en un valle cerrado,
está, sin ser turbado,
si no es de Amor, que nunca de él se arredra,
y de esa imagen fiel que lo destruye.
Pues por sí huye toda otra persona».