Cancionero, Oh, Envidia de virtudes enemiga

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Fragmento CLXXII
Cancionero

de Francesco Petrarca


Oh, Envidia de virtudes enemiga,
que tan bellos comienzos contrastaste,
¿por cuál sendero tan callada entraste
en aquel pecho, que ya amor no abriga?

De raíz arrancaste en mí la espiga
de la salud; y amante me mostraste
a aquella que a mis ruegos inclinaste
y, en cambio, desdén hoy sólo prodiga.

Y no, por más que por cruel tormento
de mi bien llore y de mi llanto ría,
podrá mudarme un sólo pensamiento.

No, por más que me mate cada día,
podrá mudarme un punto el sentimiento;
que, si ella me desbanda, Amor me guía.