Cancionero, Quien ya ha resuelto conducir la vida

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Fragmento LXXX
Cancionero

de Francesco Petrarca


Quien ya ha resuelto conducir la vida
entre traidoras olas y entre rocas
librado de la muerte sobre un leño,
no puede andar muy lejos de su muerte;
y así mejor le fuera buscar puerto,
mientras responde a su timón la vela.

Y la aura suave, a quien timón y vela
cedí zarpando a la amorosa vida
y esperando llegar a mejar puerto,
conmigo al cabo dio en más de mil rocas;
y la razón de mi sentida muerte
no la hallé en derredor, sino en el leño.

Preso gran tiempo en este ciego leño
vagué, sin levantar ojo a la vela
que antes de tiempo andaba hacia la muerte;
quiso después Quien me donó la vida
llevarme tan seguro de las rocas
que, aunque a lo lejos, divisé al fin puerto.

Como luz en la noche de algún puerto
que avista en alta mar bajel o leño
si no la hurtaron tempestad ni rocas
así yo encima de la henchida vela
vi las señas de aquella otra vida
y entonces suspire frente a mi muerte.

No porque esté seguro de mi muerte;
pues, queriendo llegar de día al puerto,
gran viaje es para tan corta vida;
y temo, pues me veo en frágil leño,
y, más de lo que quiero, hinche la vela
el viento que me arrastra hasta estas rocas.

¡Ay si escapase vivo de estas rocas,
y llevase mi exilio hasta tal muerte
que con gusto volviese allá la vela
y las anclas largase en algún puerto!
Pero ardo yo como encendido leño,
y me es duro dejar la antigua vida.

Oh Señor de mi muerte y de la vida,
antes que encalle el leño entre las rocas,
lleva a buen puerto la afanosa vela.