Carta del Cabildo de Guayaquil al Virrey Duque de la Palata (25 de Enero de 1689)

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Carta del Cabildo de Guayaquil al Virrey Duque de la Palata a 25 de Enero de 1689.

Excelentísimo Señor.- Habiendo el Señor Presidente de la real Audiencia de Quito despachado a esta ciudad al Gobernador de los Quijos Don Sebastián García por Juez para la averiguación de la invasión que el enemigo pirata ejecuto el día veinte de Abril del año pasado de seiscientos y ochenta y siete, este Cabildo, por representación que en él hizo su Procurador General, determino la suspensión del uso de su comisión hasta dar cuenta, como lo hacemos a Vuestra Excelencia con el rendimiento de nuestra obligación, de las causas que nos han movido a ocurrir/incurrir al amparo y patrocinio de la grandeza de Vuestra Excelencia de cuya benignidad nos prometemos y toda esta Ciudad el alivio de que necesita en su mayor desconsuelo, despachando, a este fin, a esa Corte al Licenciado Don Carlos de Savoya, Presbítero, que pondrá ésta en manos de Vuestra Excelencia e informara de las justas causas que no asisten, al reparo de que no logre la milicia la perturbación que desea en los más leales vasallos de Su Magestad que Dios guarde, que habitan este país y con tanta gloria de sus Reales Armas y defensión de su patria disputaron en la ocasión de la pelea con el enemigo, resistiendo su entrada y muriendo de nuestra parte durante la disputa, en distancia de media legua que hay desde el estero a donde salto y se dio principio hasta la corona del cerro de Señora Sancta Ana que tuvo el fin, más de setenta personas, sin muchos heridos, y que la del enemigo no hay duda que murieron ciento y catorce hombres, sin más de treinta heridos, causa de su irritación para las crueldades que ejecutaron en los prisioneros; cuyos trabajos y los pasados de tres anos de continua guerra y los que al presente queda padeciendo esta infeliz república, remitimos a la más discreta consideración de Vuestra Excelencia, pues que por nuestra desgracia y grandes pecados permite la Magestad Divina mortificarnos, perturbando la emulación no solo la gloria de haber todos los cabos militares y Vecinos cumplido con su obligación y (habiendo) demostrado con el valor y esfuerzo que es notorio sus buenos deseos al logro de la victoria que se prometieron, si no que esta ha hallado lugar en Quito a la calu(m)nia, adelantándose sus malos efectos a lo más sagrado que es la honra, cuya voz ha constristado/conquistado generalmente los corazones de todos los habitadores de este país, que solo les queda en su aflicción la esperanza que le ofrece su alivio en la mayor justificación de Vuestra Excelencia, en cuyo Superior Tribunal se presenta esta Ciudad para que la juzgue en sus causas, con la confianza de conseguir el adelantamiento de sus creditos, dignos de todo premio, y que se justifique la verdad del subceso. Para lo cual pide a Vuestra Excelencia con todo rendimiento esta Ciudad, por lo que conviene a sus créditos y honor con que se ofrecieron a sacrificar sus vidas en el Real servicio y gloria y defensión de su patria, sea servido adbocando en si esta causa dándola por ninguna por sus muchas nulidades, de despachar a esta averiguación Juez emanado de su Tribunal Superior que conozca de esta causa y obre en su expedición con el celo re(c)titud que pide la gravedad de ella, y persona de ciencia y experiencia y ingeniero pra(c)tico en lo militar que reconozca lo irregular de defensa que siempre ha estado esta Ciudad por su mala planta e incapaz de reparo en su fortificación y acredite o desacredite, a vista de ojos, la voz que ha impetrado la perniciosa malicia de las regulares fortificaciones que se ha supuesto tiene esta Ciudad, siendo ninguna, y que no padezca mal informe Su Magestad y se prevenga al remedio más conveniente a su Real servicio y suspenda el juicio emanado de Quito, por sus malas consecuencias y las que se pueden originar de perturbaciones perniciosas a esta Ciudad, que en lo presente y para lo de adelante tanto necesita de (c)uan sincera paz y concordia entre sus Vecinos, deseosos de ser juzgados en el Tribunal de Vuestra Excelencia, a quien directamente toca su conocimiento, y no halle el lugar que pretende la dañada y perniciosa intención de Don Domingo de Iturri, residente en aquella Ciudad, cuyos efectos de pasión con la mayor parte de Vecinos desta son notorios a Vuestra Excelencia por los disturbios de su residencia , pues habiéndole por nuestra desgracia despachado el Señor Presidente de Quito a esta Ciudad con la plata que recogió la piedad christiana en dicha provincia para el rescate de los prisioneros que se hallaban con el enemigo en la Isla de la Puna, y en su compañía al Gobernador de los Quijos Don Sebastián García, con su nombramiento de Juez Pesquisidor sobre la perdida de esta Ciudad, hallo Don Domingo la ocasion que con rayos de justicia logro su depravada intención en des(a)credito de toda este República, pasando a lo sagrado de las honras, solicitando y adquiriendo con diabólica maña a algunos descontentos y a otras personas de baja esfera y de ninguna excepción para que declarasen contra nuestro Correxidor y militares y Vecinos contra el hecho de la verdad, induciendo a los testigos a medida de su pasión y venganza, mirando su única pretension a quedarse en el Gobierno a que se había introducido, pasando su malicia a mostrarse parte en esta causa, a que admitido en Quito con el pretesto/pretexto de via informativa , en cuyos informes adelanto su pasión con inauditas calu(m)nias contra todos los militares y Vecinos, ponderando las fingidas fortalezas que hizo en este Ciudad, para por este medio adelantar sus créditos y dar a entender, siendo al contrario de la verdad, que esta Ciudad la dejó en regular defensa. A este mismo fin, Excelentísimo Señor, con la ocasión de haber bajado juntos de Quito y vivido en una casa en esta Ciudad y comido a una mesa, como parecieles y amigos, unió su voluntad con la de Don Sebastián García, Juez despachado de segunda instancia a esta Ciudad a influencias del dicho Don Domingo de Iturri, quien, asimismo, para dar crédito a sus informes y hacer cuerpo de delito de crimen, cuando deben ser premiados por su valor, dispuso se introdujese aparte en la causa fulminada/culminada al dicho Gobernador Don Sebastián García, quien por vía informativa se adelanto en su informe no tan solamente a acreditar la aflicción de voces del dicho Don Domingo, si no que paso su malicia a calu(m)niar a los Vecinos, siendo todo lo que hasta ahora ha autuado/actuado a contemplación de su fiel amigo Domingo de Iturri, como mas largamente reconocerá Vuestra Excelencia por los instrumentos jurídicos que en nuestra defensa hará manifiesto el podatario/propietario y información que ofrece dar el Procurador General ante Juez emanado de Vuestra Excelencia, con cuya vista espera, Excelentísimo Señor, esta Ciudad en el alivio que se promete en el remedio de que no (se) use de su comisión, por apasionada y parcial, el Gobernador Don Sebastián García, sobre cuyo punto, y el de adbocar en si esta causa deliberara Vuestra Excelencia con su adelantado acuerdo lo que más convenga al Real Servicio y bien y utilidad de estos pobres vasallos y su paz y quietud; pues en medios de los frajentes pasados y cortedades que al presente se padecen deseosos de afianzar para lo de adelante esta Ciudad con fortificaciones regulares y que se pase a mejor sitio, ha ofrecido contribuir en tiempo de diez anos con cien mil pesos y hacer Casas de Cabildo y Casas Real, adbitriando/advirtiendo para ello pensiones sobre los frutos de esta provincia porque no se llegue a la Real Hacienda; y para los reparos de fortificaciones, en lo de adelante, y gastos de municiones y limpiar las armas y ayuda a la paga de la infantería que se asignare de guarnición, ofrecen contribuir con diez mil pesos cada ano, de que se le ha dado cuenta al Señor Presidente de Quito, donde tan solo lo descubierto, (por) obra (de) la venganza de Don Domingo de Iturri, introduciendo por este medio el adelantamiento de sus créditos. Guarde Dios a Vuestra Excelencia. Guayaquil, veinte y cinco de Enero de mil seiscientos y ochenta y nueve años.

Excelentísimo Señor. A los pies de Vuestra Excelencia sus mas rendidos. Don Fernando Ponze de León. Don Francisco de Castañeda. Don Diego de Eguino. Don Juan Pérez de Villamar. Don Joseph de Salas de Baldes. Por su mandado. Don Joseph de Banzes Obregón, Escribano de Cabildo y Real.

Excelentísimo Señor Duque de la Palata. Concuerda con la carta original que para este efecto me entregaron los Señores del Cabildo de esta Ciudad de Guayaquil, a quien lo volví. Guayaquil y Enero veinte y siete de mil y seiscientos y ochenta y nueve años, y en fe de ello lo firmo.

Phelipe Gonçales de Zandoya. Escribano de Su Magestad.

Bibliografía[editar]

  • Freile Granizo, Juan. Actas del Cabildo Colonial de Guayaquil Tomo VI: 1682 a 1689 De la Primera Época. Versión de Juan Freile Granizo, basada en la transcripción original de José Gabriel Pino Roca, revisada por Rafael Euclides Silva. Publicación del Archivo Histórico del Guayas (Santiago de Guayaquil, año 1980).