Las aceitunas: 2

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Las aceitunas Lope de Rueda


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Toruvio: ¡ A catorce ó quince dineros!


Mencigüela: Así lo haré, padre.


Agueda: ¿Cómo así lo haré, padre? Toma, toma, hacé lo que y'os mando.


Toruvio: Dejad la mochacha.


Mencigüela: ¡Ay madre! ¡ ay padre! que me mata.


Aloja: ¿Qu'es esto, vecinos? ¿Porqué maltratais ansí la mochacha?


Agueda: ¡ Ay señor ¡ este mal hombre que me quiere dar las cosas á menos precio , y

quiere echar á perder mi casa : unas aceitunas que son como nueces.

Toruvio: Yo juro á los huesos de mi linaje, que no son ni aun como piñones.


Agueda: Sí son.


Toruvio: No son.


Aloja: Hora, señora vecina, hacéme tamaño placer que os entreis allá dentro , que yo lo averiguaré todo.


Agueda: Averigüe , ó póngase todo del quebranto.


Aloja: Señor vecino. ¿qué son de las aceitunas? Sacaldas acá fuera , que yo las compraré aunque

sean veinte hanegas.

Toruvio: Qué, no señor, que no es d'esa manera que vuesa merced se piensa, que no están las

aceitunas aquí en casa, sino en la heredad.

Aloja: Pues traeldas aquí, que y'os las compraré todas al precio que justo fuere.


Mencigüela: A dos reales quiere mi madre que se vendan el celemín.


Aloja: Cara cosa es esa.

 

Toruvio: ¿No le paresce á vuesa merced?


Mencigüela: Y mi padre á quince dineros.


Aloja: Tenga yo una muestra dellas.


Toruvio: Válame Dios , señor, vuesa merced no me quiere entender. Hoy he yo plantado

un renuevo de aceitunas, y dice mi muger que de aquí á seis ó siete años llevará cuatro ó
cinco hanegas de aceituna, y qu'ella la cogería y que yo la acarrease y la mochacha la vendiese ,
y que á fuerza de drecho había de pedir á dos reales por cada celemín; yo que no, y ella que sí,
y sobre esto ha sido la quistión.

Aloja: ¡Oh qué graciosa quistion ! Nunca tal se ha visto : las aceitunas no están plantadas,

y ha llevado la mochacha tarea sobre ellas ?

Mencigüela: ¿ Qué le paresce , señor ?


Toruvio: No llores, rapaza : la mochacha, señor, es como un oro. Hora andad, hija,

y ponedme la mesa, que y'os prometo de hacer un sayuelo de las primeras aceitunas que se vendieren.

Aloja: Hora , andad , vecino, entraos allá dentro, y tené paz con vuestra muger.


Toruvio: A Dios señor.


Aloja: Hora por cierto , que cosas vemos en esta vida, que ponen espanto. Las aceitunas

no están plantadas y ya las habemos visto reñidas.



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