Las migraciones de los Kilmes y la historia de las mismas/Capítulo II

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Era una noche del mes de Octubre, que los dichos y dos y tres compañeros más, a mula y con el "establecimiento"[1] de octubre como tales viajeros, llegábamos a una gran casona, casa solariega, o "sala", aislada en una pampa del inmenso valle por el cual caminábamos. Era de la familia Aramburu, de abolengo en esos andurriales, pero ausentes los dueños el mayordomo nos acordó las licencias del caso para nuestro alojamiento; todo pasó bien, llegaba la hora de la marcha para atropellar las alturas al Oriente, nos despedimos de nuestro alojamiento, el mismo centro del Pueblo que antes fuera de los Kilmes en Kalchakí.

No es esta la odisea de nuestra peregrinación de tres meses, en volanta americana, por el Interior de la República vía el Quebracho Herrado, de infeliz memoria para la causa de Lavalle, sino la de esos pobres Indios Kilmes tan amantes de su libertad que durante cien años tuvieron a raya las armas españolas, cuando España se imponía a medio mundo, por no decir al mundo entero.

Llegados de regreso a Montevideo el 25 de Diciembre de 1858, no tardó en hacerme dueño de una edición (la nueva) de la historia del Deán Funes, que en aquél tiempo era la mejor Biblia para lo concerniente a la Conquista del Tucumán. Con ella en la mano quedé muy bien contento y más que satisfecho que los Kilmes habían nacido en Kalchakí, y que por gracia de Dios y proeza de las armas españolas habían salido de sus Bañados en los Kilmes de Encalilla en Kalchakí para pasar a mejor vida en los Bañados de otros Kilmes más cerca de aquí: Sic transit Gloria Mundi.

El Mundo Calchakí[editar]

Pasaron los años, y el doctor Andrés Lamas, el ilustre diplomático uruguayo y brillante americanista, pudo o tuvo a bien sacar a luz una primera edición del MS. dejado sin publicarse por el Pedro Lozano, S. J., que con su luz propia apagó la lámpara prestada del Deán Funes. No es este el lugar de entrar a comparar los dos autores, solo sí puedo asegurar que tratándose de la misma época, Lozano excluye al Deán Funes y esto más, que Lozano en la parte que trata del Tucumán es una fuente inagotable de información, que no siempre está trasparente, es decir, que se interpreta sola, por el contrario, muchas veces, es críptica y sólo cede a investigaciones posteriores. Así a la simple vista casi podría asegurarse que nuestros Kilmes eran de allí donde estaban cuando los expatrió e hizo conducir a sus nuevos Bañados el famoso Gobernador don Alonso de Mercado y Villacorta.

Mi primera duda acerca de la ubicación de los Kilmes en su asiento legendario fue después que se publicó mi "Londres y Catamarca" (1888). Con motivo de esos artículos y mediante los buenos oficios de m¡ amigo don Enrique Peña me relacioné con el erudito americanista Dr. Fregeiro, quien en una de tantas conversaciones me hizo conocer la obra capital para nuestros estudios "Relaciones Geográficas de lndias" (1885). En el t. II se halla el ya muy conocido "Itinerario del Licenciado Matienzo" (Enero 2 de 1556) cap. III, p. XLI.

En la p. XLIV la jornada es de los Tolombones a los "Tambos de la Ciénaga", distancia de 4 leguas.

Aquí se demora para darnos cuenta de muchas cosas: en este punto se hallaba la encrucijada de dos muy conocidos caminos, cada cual de ellos con su historia, una de ellas nada menos que el derrotero del primer viaje de Almagro a Chile, cuando este aventurero se apoderó de los derechos de don Pedro de Mendoza, y la otra que se relaciona con la fundación de la ciudad de Cañete y su asiento en la desembocadura de la quebrada de Monteros o del Pueblo Viejo[2]

Estos "Tambos de la Ciénaga" se hallan precisamente en lugar donde dormimos nosotros en la noche de marras, y que para los que íbamos estaba ubicado en el sitio o región de los Kilmes. Es curioso que más o menos donde "el Itinerario" coloca a la llamada Tambería del Inca se halla el lugar dicho de Encalilla.

A todo esto ¿dónde estaban los Kilmes?

Notas al pie[editar]

  1. Así solían llamar al mucho equipaje del viajero en mula de carga.
  2. Hoy sabemos que su asiento se hallaba sobre el río Ibatín, uno de los tantos que se desbordaban por la quebrada aquella.
Las migraciones de los Kilmes. La historia de las mismas: Capítulo II