Oficios de González Balcarce y Castelli sobre el combate de Cotagaita

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Oficio de González Balcarce a José de Córdoba y Rojas[editar]

Las tropas de la capital que se hallan a la vista de ustedes ni vienen a hacer conquistas ni ha derramar la sangre de sus connacionales y compatriotas. El tirano de la Europa está en posesión de la metrópoli, y para conservar a nuestro augusto y desgraciado soberano el señor don Fernando VII este rico patrimonio de su corona es necesario reunir los votos de los pueblos por medio de diputados para que un Congreso general establezca el gobierno a que han de sujetarse estas provincias mientras que la península se halla en aquel estado; Buenos Aires no aspira a mandarlas, y es una impostura atribuirle a este principio la remisión de las fuerzas: sabe sí que los pueblos interiores, sin excepción ninguna tiene sus mismos sentimientos y que no pueden demostrarlo por la opresión a que los han reducido los tiranos mandatarios; contra esta original conducta se dirigen los batallones de mi mando; si ustedes están decididos a sostenerla, van a avanzar a todo [costo]; pero si ustedes quieren agregarse a la justa causa que los conduce, en ellos, en mí y en cuantos constituyen la expedición de auxilios encontrarán ustedes la mejor disposición para perpetrarse la unión y fraternidad que debe reinar y que venimos buscando. Dios guarde a ustedes muchos años.

Cuerpo de la vanguardia del ejército auxiliar en las inmediaciones de Santiago de Cotagaita, 28 de Octubre de 1810.

Señores generales, comandantes de los cuerpos y oficiales de las tropas del Alto Perú.

Es copia del que dirigió firmado el mayor general don Antonio González Balcarce. Nicolás Rodríguez Peña. Secretario.

Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|pág.=12942, tomo XIV.

Oficio de González Balcarce al doctor Castelli sobre la acción de Cotagaita[editar]

Excelentísimo señor:

El 27 me dirigí a atacar las fortificaciones enemigas en Cotagaita como lo verifique a las diez de la mañana, desde cuya hora, hasta las dos de la tarde se sostuvo de ambas partes el fuego más activo que puede imaginarse; pero reconociendo que no era posible penetrar hasta las trincheras enemigas, dispuse retirarme, lo que se efectuó con el mejor orden, sin que se atreviesen los contrarios a perseguirme, ni a salir uno solo de sus parapetos. En la misma tarde acordamos en una Junta de guerra que era indispensable retroceder a reforzarnos, proveernos de municiones de artillería, subsistencias y caballerías, pues es tan extrema la escasez de estos auxilios que no hay absolutamente como poder operar por su falta: mi dirección es a Suipacha, donde esperaré los auxilios indicados, y las superiores ordenes de vuestra excelencia para lo que debo ejecutar.

El capitán don Santiago Carrera impondrá vuestra excelencia circunstanciadamente de lo ocurrido en dicha acción, y de lo demás que es preciso facilitar para volver a internarnos prontamente como interesa.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Mashara 29 de Octubre de 1810.

Excelentísimo señor.

                                          Antonio González Balcarce

Excelentísimo señor don Juan José Castelli.

[Original en: Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Archivo de Gobierno de Buenos Aires, año de 1810, tomo 36, folio 271].

Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|pág.=12952, tomo XIV.

Oficio de González Balcarce al doctor Castelli ampliando información sobre la acción de Cotagaita[editar]

Excelentísimo señor:

Aunque con fecha del 29 del corriente participé a vuestra excelencia que regresaba a situarme en Suipacha, tuve el mismo día que variar de determinación y dirigirme a resguardar esta villa [Tupiza], por haber adquirido noticias de que los enemigos venían a posesionarse de esta, como efectivamente lo intentaron aproximándose hasta pasar la cuesta de la Almona; pero extendiendo allí la entrada de las tropas de mi cargo retrocedieron a sus fortificaciones de Cotagaita, sin que hasta ahora tenga noticia alguna de que traten de dejarlas para venir a atacarme, lo que a más tiempo puede suceder, y así será muy oportuno que adelanten cuanto sea posible los refuerzos que están en camino, a fin de asegurar cualquiera acción.

En la del 27 hemos tenido tres muertos y seis heridos; y mi retirada se verificó, no por que temiese una derrota, ni esperase un ataque que absolutamente no pudiese resistir; estaba a una corta distancia de los enemigos convencido ya de que trataban de defenderse a toda costa; la tropa se hallaba sumamente escasa de subsistencias y sin recurso alguno para remediarla; no tenia dinero para el pago de sus haberes vencidos; las caballerías por momentos se acababan, de donde deducía que iba a encontrarme sin arbitrio para moverme, cuyas circunstancias, unidas al trabajo y cuidado que requería la conservación de un punto donde era preciso estar con las armas en la mano, me hicieron concebir que interesaba sacar de allí la tropa, pues había padecido mucho en los días anteriores y era necesario redoblase sus fatigas al paso que se aumentaban sus escaseces y miserias. Este ha sido todo el origen de mi retirada; debiendo asegurar a vuestra excelencia que ni al entrar en la acción, ni en el tiempo que duró, ni al de restituirnos, hemos tenido el más mínimo peligro de ser atacados, pues no se ha visto salir una partida enemiga fuera de sus trincheras.

La tropa se ha portado con intrepidez y valor pues ha llegado a pecho descubierto a tomar agua y hacer fuego dentro del mismo río de Santiago, bajo del de mosquetería y baterías enemigas: no le he permitido atacar a bayoneta, como lo solicitó repetidas ocasiones, reconociendo que iba mucha parte de ella a sacrificarse: se ha retirado cuando se le ha mandado sin confusión ni atropellamiento, conteniendo siempre la artillería, cuyos soldados se han desempeñado completamente.

El atolondrado y cobarde comandante de Artillería don Juan Ramón Urien, divulgando la voz de hallarse herido desamparó la pieza que mandaba en el medio de la acción, y sin darme el más mínimo conocimiento emprendió una vil y vergonzosa fuga, viniendo por toda la carrera vociferando, que todo el ejército se había perdido, y que quedaba el río de Santiago cubierto de nuestros cadáveres. Son incalculables los males que ha traído este procedimiento al que no puedo encontrarle principio; los pueblos se intimidaron y salieron muchas familias fugitivas; los auxilios que me venían y que con tanta urgencia necesito, los hizo retroceder y cuando podía ya en el día contar con toda la artillería y refuerzos reunidos, y por consiguiente en estado de permanecer con completa seguridad, aun me veo constituido a tener que sostener algún ataque con notable desigualdad.

La llegada aquí de vuestra excelencia y de todos los auxilios que he solicitado por conducto del capitán don Santiago Carrera, son de la mayor importancia: es preciso aprovechar los momentos antes que vengan las aguas próximas: no se puede subsistir en estos pueblos, por que no hay absolutamente con que mantenerse, y bajo este concepto, si la expedición no ha de pasar adelante prontamente, es indispensable designar otro punto para su cuartel general.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Cuartel general de Tupiza, 1° de Noviembre de 1810.

Excelentísimo señor.

                                            Antonio González Balcarce.

Excelentísimo señor doctor Juan José Castelli.

[Original en: Archivo General de la Nación, Buenos Aires, S.X.-C.2-A.4.-N°8, Archivo de Gobierno de Buenos Aires, año de 1810, tomo 36, folios 273-274].

[Se reprodujo en Gazeta de Buenos Aires, jueves 23 de noviembre de 1810, número 25, págs.400-402 (edición facsímil, págs.654-656.]

Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|pág.=12953-12954, tomo XIV.

Oficio del doctor Castelli a la Junta de Buenos Aires remitiendo el parte de González Balcarce[editar]

Excelentísimo señor:

Dirijo a manos de vuestra excelencia el parte original que anoche a las nueve recibí, en esta parada, del mayor general Balcarce por el oficial don Santiago Carrera, que conforme con lo que instruí a vuestra excelencia por el parte de ayer; sin haber otra novedad que haber encontrado al oficial Carrera, ya en marcha, la artillería, municiones, mulas y tropa que había hecho retroceder Urien.

A este oficial [Urien], a quien he hecho las reconvenciones generales sobre su conducta, le tengo impuesto arresto y, sin embargo de que está conocidamente enfermo, le hago seguir la marcha a la vanguardia para ser procesado y juzgado.

En consecuencia considero, que aunque pueda absolver los cargos que tiene, que lo hallo imposible, por la enfermedad que tiene no debe [podrá] servir; y así es preciso sustituirle [con] un oficial de su clase, el mejor que pueda venir de esa. No me atrevo a determinar el que sea; pero si exijo que venga tan pronto como un correo. Entre tanto he mandado venir de la retaguardia en posta al oficial Pereyra de Lucena que accidentalmente se encargará de la artillería, y será servida de los únicos oficiales que hay para las ocho piezas, a saber: Pereyra, Villanueva, Puche, Giles y Martinez. Faltan artilleros, que deben venir de allá al menos en número de veinte para reemplazo de los que faltan: porque aquí no hay como suplirlos.

Además de las reiteradas disposiciones y ordenes dadas para la artillería, municiones, pertrechos, tropas y mulas de la retaguardia, las repito hoy para que aceleren la marcha en mi alcance al cuartel general para donde me dirijo.

El adjunto impreso que remito por lo que puede convenir a vuestra excelencia [para] su conocimiento y publicación de su crítica, es remitido por el mayor general Balcarce, a quien lo pasó el comandante de Cotagaita don José de Cordoba por medio de don Santiago Carrera que fue a parlamentar e intimar la rendición antes del ataque del 27, en cuyo acto tuvieron largas discusiones sobre los asuntos del gobierno.

Conozco que en habiendo de accioncillas nos quedamos sin municiones de artillería, pues no hay otras que las que llegarán a la vanguardia pasado mañana y las que pueda haber en la retaguardia. Tengo a la vista el estado de ellas que me pasó la junta de comisión, pero como no distingue los destinos ni se hace cargo de consumos, no me sirvo por ahora de esa noticia. Espero tenerla mejor y determinar las que deban remitirse para avisarle a vuestra excelencia. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Hornillos a la mañana 2 de Noviembre de 1810.

Excelentísimo señor.

                        Doctor Juan José Castelli.

Excelentísima Junta Gubernativa de Buenos Aires.

[Original en: Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Archivo de Gobierno de Buenos Aires, año de 1810, tomo 37, folios 84-85].

Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|pág.=12951-12952, tomo XIV.

Oficio de Balcarce a la Junta de Buenos Aires sobre oficiales y soldados que se distinguieron en la acción de Cotagaita[editar]

Con fecha 22 del mes próximo pasado me manda vuestra excelencia le remita una lista de los oficiales y soldados que se distinguieron en la accion de Cotagaita. Yo hubiera dado a vuestra excelencia puntualmente este conocimiento, si en mérito de verdadera justicia hubiera encontrado a quien particularizar en mis informes. He visto muy de cerca en dicha acción [el comportamiento] de todos los oficiales y soldados y ninguna duda tengo de que cada uno hizo cuanto esfuerzo pudo para el más completo desempeño de su deber. [Pero] las circunstancias de terreno, lo caluroso del día y la suma falta de agua originaron en general un cansancio extraordinario, de donde provino que las compañías no pudieran trepar a las alturas que se les destinaron bajo una perfecta unión; pero los individuos que quedaron atrasados fue porque fatigados no pudieron absolutamente continuar y así conceptúo no debo agraviarlos con decir que otros hicieron más de los que ellos pudieron hacer. Esta es la verdad, señor excelentísimo, de lo que ha sucedido y cualquier otro informe distinto que haya llegado a vuestra excelencia ha sido producido con pasión.

Las dos piezas de artillería avanzaron hasta ponerse bajo los fuegos de las baterías y mosqueteros enemigas, donde una bala de cañón desmontó la una e hirió a un soldado. El sargento graduado de alférez del expresado real cuerpo, don Juan Luna, tuvo con aquel motivo proporción de acreditar, como lo hizo completamente, que estaba dotado de todo el valor que en semejantes ocurrencias debe manifestar un militar, lo que igualmente demostraron sus soldados; pues en la peligrosa situación en donde estaban, se conservaron haciendo todo el fuego posible con serenidad y espíritu, hasta que por mis propias ordenes se les estrechó a retirarse. La relación adjunta comprende a los artilleros que se hallaron en dicha función y lo paso a vuestra excelencia para los efectos que puedan ser oportunos.

Aun más que la artillería avanzaron algunos piquetes de infantería; pero sus fuegos no podían dañar a los enemigos porque a estos solo se les descubrían los fusiles de detrás de sus parapetos.

La retirada, que después de la indicada acción me halle constituido a practicar por la escasez de municiones y de todos los recursos que necesitaba para sostenerme o reiterar mis ataques, causó algún tanto de desaliento en las tropas; seguidamente se vio reducida, parte de ella, a hacer unas marchas forzadas a pie cuando estaban sin calzado, desnudas, faltas de subsistencia, rodeadas de cuantas incomodidades son imaginables y en la precisión de conservarse en disposición de resistir, de una hora a otra, un ataque del enemigo; a nadie se le ocultaba cuan crítica y apurada era la situación en que me hallaba. En este estado de conflicto, me merecieron la más justa gratitud todos los oficiales, pues en medio de tan tristes circunstancias mantuvieron siempre la firme resolución de sacrificarse en defensa de su patria, debiéndome, con especialidad, todo mi reconocimiento [a] mis ayudantes de campo don Diego de Saavedra, don Jacobo Garcia, don Juan Escobar y don Manuel Rojas, pues aunque envueltos en las miserias y trabajos que en general se padecía, ocurrieron siempre con actividad no solo al desempeño de sus particulares funciones sino de otras que no les competían respecto a que, con motivo de que la fuerza que se había avanzado no venía con la dotación de empleos necesarios para las provisiones que eran precisas, fue indispensable dependiese esta atención de mi inmediato cuidado y así encomendada diariamente a los referidos ayudantes aumentaban sus ordinarias fatigas y eran por consiguiente los últimos para entregarse al descanso.

Díos guarde a vuestra excelencia muchos años. Cuartel general de Potosí, 12 de diciembre de 1810.

Antonio González Balcarce.

Excelentísimo señor Antonio González Balcarce.

Excelentísimo señor presidente y vocales de la Junta Gubernativa.

[Se adjunta la Relación de los individuos que han operado con valor y esfuerzo el día 27 de octubre de 1810 en Santiago de Cotagaita pertenecientes al Regimiento Real de artillería volante firmada por el sargento 1º graduado de alférez Juan Luna]

Fuente: Biblioteca de Mayo, tomo XIV, 1963, págs. 12955/6.

Transcripción de Gaceta Extraordinaria de Buenos Aires, martes 22 de enero de 1811, Págs. 65-68.