Viaje en las regiones septentrionales de la Patagonia/Introducción

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INTRODUCCION.


El descenso gradual de la línea culminante de la sierra chilena desde los elevados crestones del Aconcagua hasta la roca de Diego Ramirez, que parece ser el límite austral del vasto sistema de los Andes: el fraccionamiento de este a medida que se acerca al Estrecho de Magallanes, que es el mas notable accidente descubierto hasta ahora en aquel poderoso i continuado solevantamiento de la superficie del globo terrestre: los brazos de mar que se internan en la cordillera de Occidente a Oriente desde la altura del Canal de Chacao hasta el citado Estrecho; i las relaciones mas o ménos contestes de las personas que comercian en maderas en la tierra firme de la provincia de Chiloé, de las cuales se deduce la existencia de hondos boquetes en la cordillera, que facilitan sin ascenso el paso, tanto a las Provincias Arjentinas como a la parte de Chile ultramontana, conocida hasta ahora con el nombre de Chile oriental o Patagonia; me hicieron concebir la esperanza de que una prolija esploracion en aquellos desconocidos lugares, pudiera dar talvez por resultado palpables beneficios al comercio i a la ciencia. Movido por este pensamiento, contraje mi atención preferente a reunir cuantos datos me fué posible conseguir sobre tan importante asunto: compulsé las relaciones de cuantos viajeros habian escrito sobre las rejiones patagónicas: recojí con prolijidad los datos que me proporcionaron personas ancianas i respetables de Chiloé: e intenté ademas algunas escursiones parciales, cuyos resultados, aunque desgraciados, por motivos que no es del caso referir, lejos de desanimarme o desvanecer mi primera idea, no hicieron mas que fortalecerme en ella.

En efecto, el fácil atravieso de los Andes por los 41.° de latitud austral era ya un hecho averiguado: lo era también que el caudaloso rio Limaí, que es el que da su nombre al rio del Cármen o Negro, deriva su oríjen del vasto lago de Nahuelhuapi, como lo manifesté al Supremo Gobierno en época anterior: i por último, que el ilustre piloto Villarino, saliendo del Atlántico, habia alcanzado rio adentro en direccion al Occidente 600 millas, i constando el curso jeneral desde su embocadura hasta la parte occidental del lago de Nahuelhuapi de 725 millas, era evidente que un trayecto terrestre o fluvial de 125 millas, bastaria para poner a Chile en fácil comunicacion con las aguas del Atlántico: evitando de este modo el duro paso de los Andes, los peligros del Cabo i las morosidades consiguientes a tan dilatado viaje. Las causas que obligaron a Villarino a desistir de su empresa, fueron el propósito irrealizable que él llevaba de alcanzar por esa via hasta Valdivia; si aquel intrépido esplorador, en vez de seguir al Norte, hubiera hecho rumbo por el brazo meridional del rio, habríamos podido contar con conocimientos de que hasta ahora carecemos; pero no fué asi. Por consiguiente, un viaje de Occidente a Oriente, siguiendo el curso del rio desde su oríjen principal, que es el lago de Nahuelhuapi i que yace solo a tres dias de Puerto-Montt con un camino mui accesible, parecia llamado por lo ménos a estrechar mas la distancia terrestre desde el Pacífico al Atlántico. Hícelo así presente a nuestro Gobierno, i habiendo merecido mí idea una feliz acojida, emprendí el viaje cuya relación doi ahora a luz, sin mas pretensión que la de ser útil a la humanidad i a mi patria.

Para mejor intelijencia de este pequeño opúsculo, he juzgado conveniente dividirlo en varias secciones que paso a enunciar.

Las primeras pajinas comprenderán el rúmen histórico de las diversas espediciones practicadas en las rejiones septentrionales de la Patagonia, i el oríjen, fundación i estado actual de la colonia de Llanquihue.

Once capítulos divididos en dos partes, comprenderán el diario de mi viaje.

En seguida otro capitulo, comprenderá mis observaciones jeográficas, jeognósticas, climatéricas i botánicas.

Consagraré otro capítulo a algunas observaciones sobre los distintos idiomas de las tribus que pueblan aquellas rejiones.

I por último, concluiré con una disertación sobre el proyecto que ha dado oríjen a este viaje.


I.
Primeros viajes por la cordillera en busca de la ciudad de los Césares.— Oríjen de esta fabulosa ciudad.— Espedicion del Tucuman.—Sarmiento en 1584.— Funda la ciudades de Jesus i San Felipe en el Estrecho de Magallanes.— Relación de Tome Hernández, 1621.— Don Luis del Peso en 1610.— Don Francisco Luis de Cabrera en 1620.— El padre Montemayor en 1643 i 1663.— El padre Mascardi en 1665.— Funda la mision de Nahuelhuapi en 1670.— Sus viajes por la Patagonia en 1671 i 1672.— Su último viaje en 1673.— Su muerte.— El padre José Zúñiga atraviesa la cordillera con el objeto de restaurar la misión de Nahuelhuapi en 1686.— El padre Refler en la misión de Culé en 1700.— El padre Felipe Lagunas i él padre Guillermos en 1703.— Sus trabajos.— Restauran la misión.— El camino de Bariloche.— Los indios incendian la misión.— Emprende el padre Guillermos otro viaje a la misión en 1715.— Su muerte.— Destrucción de la misión i muerte del padre Elguea.— Decrétase su restauración en 1764, pero no se lleva a cabo.— Motivos que dieron oríjen a la fabulosa existencia de los Césares.— El padre Melendez en 1792.


Los primeros viajes que se hicieron por la cordillera mas allá de los 40° de latitud, fueron para buscar las decantadas ciudades de los Césares [1] que la ignorancia de unos i la malicia de otros colocaba al Oriente de los Andes entre esa latitud i el Estrecho de Magallanes, según la fuente en que bebian las noticias, i el fundamento en que apoyaban los desvaríos de su ignorancia.

Habiendo naufragado uno, según Herrera i dos según otros autores, de los tres buques despachados por el Obispo de Placencia en el año 1539 al pasar por el Estrecho de Magallanes en dirección a las Molucas, se formaron mil conjeturas sobre la suerte de los náufragos, i siendo aquel siglo fecundo en descubrimientos maravillosos, no fué difícil persuadirse de que habian encontrado con un país rico i mui poblado, donde habian fundado una ciudad con todas las grandezas capaces de inventarla mas exaltada imajinacion. Catorce años después, aparecieron en Concepción Pedro de Oviedo i Antonio del Cabo confirmando estas sospechas, que protestaron como testigos de vista, ser realidades en una larga narración de su naufrajio, de las aventuras del viaje, i de la buena suerte con que habian fundado aquella ciudad que con sus inmensas riquezas convidaba a los españoles.

Diversas copias de esta narración, que se hallan en la historia política del padre Lozano, corrieron por Chile i Tucuman, entusiasmando a los gobernadores i aventureros de estos puntos. El gobernador de Chile que necesitaba la jente para enviarla a las colonias del territorio Araucano, atajó los pasos de los que iban a pasar la cordillera por el boquete de Villarrica en busca de los Césares nombre que se daba a los pobladores de la tal ciudad i a los indios pobladores de aquella comarca; i el levantamiento de los Colcheguíes del año 1578 impidió que el gobernador de Tucuman don Gonzalo de Alven partiera al descubrimiento de los mismos con la numerosa i bien provista división que con este objeto habia reunido.

Con mayor calor, pero con igual resultado, se organizó otra espedicion en el Tucuman por su Gobernador en el año 1589, cuando algunos de los verdaderos, pero desgraciados pobladores de las ciudades fundadas en el Estrecho, hablan venido a Buenos-Aires i Santiago con relatos bien distintos.

El 2 de febrero del año 1584 habia llegado al Estrecho de Magallanes don Pedro Sarmiento i Gamboa con tres buques, los únicos de la gruesa armada despachada en España a cargo de don Diego Flores para conducir allá sus primeros pobladores, i refuerzos al ejército de Chile, que tuvieron valor i constancia para arriesgarse a la bravura de aquellos mares e internarse en el Estrecho, i fundar la ciudad del nombre de Jesus en el pintoresco valle de las Fuentes a tres cuartos de legua al O. N. O. del Cabo de Las Vírjenes con las solemnidades civiles i relijiosas usadas en aquella época; i despachando en uno de los buques los víveres i herramientas hácia la segura bahía hoi dia llamada del Hambre que habia reconocido a su vuelta para España casi en la mitad del Estrecho, pasó allí por tierra con ochenta hombres i fundó la ciudad de San-Felipe. Hé aquí las verdaderas ciudades, i las únicas que conste se hayan fundado en aquellas rejiones. ¿I estas adquirieron el esplendor, proporciones i opulencia que la fama les atribuia? No por cierto; barado uno de los buques frente a la primera ciudad, i habiéndose retirado con el otro el piloto Anton, se vió precisado Sarmiento a dejar la nueva colonia sin una sola lancha por irse al Brasil en busca de víveres, plantas, herramientas i municiones que se habian perdido o averiado casi enteramente. Perdido también este buque en aquella costa, i otro que armó i cargó el mismo Sarmiento con el favor de sus amigos, tuvo que retirarse a España, pobre, enfermo i contristado por la desgraciada suerte que aguardaba a los infelices pobladores del Estrecho. Cuando dos años siete meses después de la fundación pasó por él la armada inglesa de Tomas Cavendish, solo quedaban unas quince personas, una de las cuales Tomé Hernández se fué con ella, i saltando en tierra en el puerto de Quinteros, cerca de Valparaíso, con veinte i tres hombres de aquella tripulación, logró fugarse a Santiago, mientras que diez i ocho de los ingleses hallaban la muerte como piratas en vez de la carne fresca que bajaban a buscar. Por muchos años permaneció casi incógnito en Chile, de donde se fué a Lima, i allí el 21 de marzo de 1621 dio el testimonio jurado de todo lo sucedido, que se imprimió en Madrid en el año de 1768. Pero si este tuvo la honradez de decir francamente la verdad, otros abusaron de ella propalando bajo su nombre mil patrañas, ponderando el asombroso crecimiento de entreambas ciudades: la belleza de sus edificios, la grandeza de sus palacios, la suntuosidad de sus templos techados de oro, lo delicioso de sus jardines, huertas i paseos, la inmensidad de sus riquezas i la abundancia tan excesiva de oro i plata, que aseguraban ser de estos preciosos metales los muebles de las casas, hasta la batería de la ciudad. Parece que no discrepaban mucho de estas grandiosas i halagüeñas ideas algunas relaciones de los pocos que fugados del mortífero Estrecho, lograron ir al Rio de la Plata como insinuamos arriba i vinieron a Chile.

I si bien es verdad que ocupados los españoles de este reino en la guerra de Arauco, no pensaron por entonces ir en pos de ellos, no sucedió así en la otra banda de la cordillera. En 1610 el licenciado don Luis del Peso emprendió este viaje, i en mayor escala don Jerónimo Luis de Cabrera en 1620, quien como Gobernador del Tucuman pudo armar un ejército, i provisto abundantemente de víveres i caballadas i entrando por la provincia de Córdova no paró hasta llegar cuando ménos a los Pehuenches, entre los cuales halló rastros de su espedicion el padre Rosales cuando fué a pacificarlos treinta i dos años después. Escarmentados con la inutilidad de tan costosa espedicion los españoles del Tucuman no se atrevieron a emprender otra semejante, aunque no dejaron de hacer algunas tentativas por el lado de Mendoza i también por las costas Patagónicas en el siguiente siglo, sin obtener el menor resultado. No fueron tan inútiles las diversas tentativas que por mar i tierra hicieron los españoles en Chile tan pronto como el marques de Baides asentó la paz con los araucanos. En 1643 el padre Jerónimo de Montemayor embarcóse en Chiloé con el capitán Hurtado en busca de los Césares i desde los 47° regresó sin haber dado con ellos, pero lleno de consuelo por haber hallado numerosas tribus de indijenas en la costa del continente, i teniendo noticias de que existian otros habitantes en el interior del pais. Unos veinte años después repitió el mismo viaje con el jeneral don Cosme Cisternas con mayor entusiasmo i aunque navegaba en tres piraguas libaron al Estrecho, reconocieron sus costas, pero sin hallar mas que desengaños i falsas noticias de lo que habia mas adentro del pais. En 1665 mandó al padre Nicolás Mascardi a reconocerlo por tierra, i éste pasando la cordillera por el pié del Corcovado, caminó hácia el Sur hasta dar con una gran laguna que calculó estaria a los 46° de latitud, no léjos del rio dedos Camarones. Desengañados quedaron de que los Césares no se hallaban en aquellas alturas; pero faltaba averiguar si estarian realmente en mayor latitud i un suceso digno de eterna memoria por sus peripecias lo confirmó de un modo eficaz en estas sospechas.

El Gobernador de Chiloé don Juan Verdugo habiendo traido gran número de Puelches i Poyas que habia apresado en la otra banda de la cordillera, quiso venderlos como esclavos en la ciudad de Castro; a lo que se opuso vigorosamente el padre Mascardi, diciéndole que la lei que declaraba por tales a los prisioneros de guerra se limitaba a los araucanos i por tanto esos Poyas i Puelches, podrían ser sus prisioneros, pero no sus esclavos. No es de estrañar que el victorioso Gobernador negase esta consecuencia o que la menospreciase, pero si lo es la valentía i constancia de un simple misionero que elevaba i sostenia su demanda ante el Gobernador del reino i no hallando justicia ni en él, ni en la Real Audiencia apeló al Virei que se la hizo ordenando que los indios fuesen puestos en libertad i restituidos a sus tierras. Estos deseosos de corresponderle al padre el beneficio de la libertad i los auxilios que les habia prodigado en los cuatro años que empleó en negociársela, se ofrecieron a llevarlo a sus tierras, comprometiéndose a oir su prediciaicion, i a procurar la oyesen dócilmente las naciones transandinas i también a ponerlo en relacion con los vecinos de la ciudad de los Césares. Cabalmente hallábase entre ellos una india titulada la Reina en razón del singular prestijio que tenia sobre aquellas jentes, así por su talento superior, como por su elevado carácter, pues que era cacique de una numerosa tribu, la mas austral de los Poyas, i que por lo mismo decia tener conocimiento no solo de la existencia de dicha ciudad, sino también de los usos i costumbres de sus moradores. Ella le contaba, confirmándolo los demas indios, que los Césares tenian entre sus muchas grandezas magníficos templos con elevadas torres coronadas de cruces; i que cada uno de ellos tenia hasta nueve mujeres, i otras cosas semejantes; con lo cual llegó a persuadirse el candoroso misionero, que los Césares faltos de sacerdotes habrian olvidado la pureza de la lei de Dios que sus padres les legaron, i que con el roce de los bárbaros la habrian manchado con mil abusos hasta con la poligamia; i animado de un santo celo resolvió ir en su auxilio para désengañarles de sus errores, quitarles las supersticiones, correjir sus hábitos i reintegrarlos en la posesión de los dogmas i costumbres del Catolicismo. Partió, pues, con todos sus libertos en 1670, i trasmontando la cordillera, dió con el gran lago de Nahuelhuapi, en cuya orilla boreal colocó su misión improvisando con una palizada cubierta de ramas i paja una capilla para el ejercicio del culto, i junto con ella una pequeña ramada para su habitacion.

Acabadas en pocos dias por la activa cooperación de los indíjenas, estas humildes construcciones e inaugurado el servicio de la relijion al que asistieron todos los indios, el padre se encaminó hácia el Sud, dejando de paso los libertos en los lugares de sus respectivos nacimientos; i en llegando al territorio de la Reina, no le permitieron pasar adelante por necesitarse, según dijeron el permiso de las autoridades Cesáreas, que ella se ofreció conseguir por medio de sus mensajeros. Ignorando el padre Mascardi, que idioma hablarian los Césares porque no se hallaban acordes los testimonios en este punto, les escribió las cartas en Griego, Latin, Español, Italiano, Araucano i Poya manifestándoles el caritativo i relijioso objeto de su viaje; i despues de algun tiempo volvieron los mensajeros finjiendo que unos indios los habian salteado i quitado las cartas.

Regresó mal de su grado a su misión resuelto a renoavar su empresa como lo hizo en 1671 dirijiendo su rumbo hácia el S. SO. por el cual llegó a descubrir el Mar Pacífico, i en 1672 hácia el S. E. hasta dar con el Cabo de las Vírjenes. Por supuesto que en ninguna de tan largas i trabajosas escursiones encontró la ciudad que solo existia en la fantasía de algunos hombres; pero en la primera recojió un cuchillo, que en Santiago de Chile fué reconocido ser del hijo de uno de los principales jefes naufragados poco ántes en aquella costa; i en la segunda halló en una ensenada del Atlántico señas de haberse calafateado allí alguna armada, lo que comunicó al gobernador Henriquez desde el interior de Patagonia, quien ya sabia por los ingleses apresados en Valdivia que en 1671 un capitan ingles había carenado en ella la suya. Pero estas coincidencias que sirvieron de irrefragables testimonios de haber llegado el padre Mascardi a uno i otro mar, no son las que le aliviaron la pena de no hallar ni en el uno ni el otro las almas que buscaba; pero si lo fueron los cuatro mil párvulos que bautizó en la ultima travesía i los muchos millares de adultos a quienes anunció la palabra divina i en los cuales halló buena disposición para abrazar él cristianismo.

Invernó por tercera vez en Nahuelhuapi ocupado en doctrinar las jentes de aquel lugar i de los circunvecinos, muchos de los cuales recibieron el bautismo. Al ver estos resultados; grande era el consuelo del padre Mascardi, pero no tanto que bastára a hacerle desistir de sus intentos para con los Césares, en busca de los cuales partió por última vez en 1673 dirijiéndose al sur o sea hácia el centro del Estrecho i resuelto a no parar hasta encontrarlos; mas lo que encontró fué la muerte el 14 de diciembre del mismo año: los indios le asesinaron a flechazos. Parece que los jesuítas de Chile quedaron plenamente convencidos de que no existian, pues que no les vemos emprender mas viajes en busca de ellos; i no porque les faltase espíritu de empresa, ni dejaran de acometerlas ya hácia el Estrecho o ya a la otra banda de los nevados Andes. Estas fueron muchas en adelante, pero con el solo objeto de civilizar i cristianizar a las bárbaras naciones que en las costas del mar e islas adyacentes, i en el interior del continente vivian sumerjidas en las tinieblas de su condición; i pasando en silencio las espediciones marítimas diremos algo de tas terrestres por conducir mas directamente a nuestro objeto.

Sea la primera la del padre José de Zuñiga, que confiado en las consideraciones debidas a su finado padre el benemérito Márquez de Baydes, el pacificador de los araucanos, osó abrir una misión sin espreso consentimiento de las autoridades reales, para allanar el camino a la restauración de la de Nahuelhuapi en lo del cacique Calihuaca, que moraba en la falda oriental de los Andes, al naciente del lago de Ranco cerca de la cual pasaia para doblar la cordillera; i cuando tuvo que dejarla en el año 1686 a instancias del gobernador don José de Garro pasó por Nahuelhuapi distante unas quince leguas dirijiéndose a la isla de Chiloé. Con el mismo objeto instaló la Compañía al padre Refler en la misión de Culé fundada en 1700 entre los pehuenches, i su compañero el padre José Guillermos bien pronto logró ir no por este rodeo sino directamente a la tan deseada misión de Nahuelhuapi; porque habiéndose enfermado el padre Sessa fue nombrado por compañero del padre Felipe de la Laguna, que acababa de conseguir del señor Ibañez el permiso de restaurarla.

El padre Felipe entró en esta laguna en diciembre del año 1703 por el lado de Valdivia; i aunque ninguna de sus cartas, ni de sus historiadores nos dé el derrotero exacto de este camino, parece que por Reloncheroy se internaria en la cordillera, i que pasando por Calihuaca llegaria al lugar de la antigua misión, donde se instaló por ser ventajosa situación. El padre José Guillermos llegó a ella un mes despues por el mismo camino; i el 20 de enero partió el padre Felipe por otro a Chiloé, pasando en balsa aquella laguna, i doblando los Andes por el pié del Tronador bajó por el rio Peulla, balseó la laguna de Todos los Santos, i prosiguiendo su viaje por tierras pantanosas llegó a la ensenada de Reloncaví, donde se embarcó para Castro. El 23 de febrero estaba ya de regreso en su misión desandando los mismos caminos en balsas i a pié, cargando sobre sus hombros i los de sus indios las herramientas i demás útiles necesarios para la construcción de su iglesia. Los que después de un siglo i medio hemos hecho el mismo viaje provistos de botes ya de madera, ya de guta percha, botas fuertes i demás aprestos acomodados a las dificultades i obstáculos que para su tránsito opone allí la naturaleza, no sabemos que admirar mas, si la fortaleza de aquellos padres que tan desprovistos las acometian, o su piedad, pues que viajaban enseñando a sus indios las oraciones i doctrinas en medio de tan escesivas fatigas. Penetrados de tanta constancia los indios que lo acompañaban asi como también los que habian quedado con el padre José Guillermos; tomaron parte activa, a pesar de su habitual indolencia, en los trabajos de la nueva iglesia, que cuanto ántes edificaron en el lugar indicado. En ella reunian los padres cada dia los pocos indios que moraban por aquellos contornos, a ella convocaban frecuentemente sobre todo en los dias festivos, que les enseñaron a respetar; i hacian frecuentes escursiones por los lugares mas remotos en busca de aquellas almas por cuya salvacion tanto se interesaban. Ni el estenso valle de Nahuelhuapi ni las faldas i quebradas de la cordillera eran entónces como ahora lugares desiertos, sino que estaban pobladas por los Puelches, i mas numerosas eran todavia las tribus que vivian al norte i sur de aquella laguna, denominadas Poyas del Norte i Poyas del sur, de los cuales algunos restos se conservan todavia. En todas partes aplaudieron los misioneros la buena voluntad con que los salvajes los recibian, la constancia con que se aplicaban a oir sus instrucciones, i a aprender sus doctrinas, i la docilidad con que muchos las abrazaban. Causaba grande i agradable admiracion la memoria que conservaban aquellas jentes de la predicación del padre Mascardi, el aprecio que hacian del bautismo los que de su mano lo habian recibido, i la perfeccion con que muchos de estos recordaban todavía los oraciones i doctrinas testualmente como él se las habia enseñado; i de ellos las aprendieron los nuevos misioneros, i las escribieron para enseñarlas a los demas. Aunque sus costumbres no eran puras, i habian olvidado en tanto grado las ideas primitivas sobre el matrimonio que habian adoptado la poligamia sino tambien la poliandria, sin embargo no reinaba entre ellos la embriaguez, i por lo mismo conservaban la razón bastante despejada para comprender las amonestaciones de los misioneros.

Siete años contaba ya de existencia esta misión, cuando el padre José Guillermos tuvo noticia del antiguo camino de Bariloche, i para dar mayor impulso a los progresos de ella facilitándole la comunicacion con los pueblos ya civilizados, se resolvió a abrirlo. Trasladóse al efecto al lugar denominado Los baños por sus aguas termales, distante unas quince leguas de la mision, i comenzó a trepar la cordillera de los Andes, abriéndose paso con hachas i machetes por la espesura de los bosques, dejando en los árboles una seña para reconocer la senda recorrida, mientras el padre Gaspar López hacia otro tanto por las vertientes occidentales de la misma, subiendo por la cuesta del Sauce, no mui distante de Ralun, pequeña rada situada en el fondo de la ensenada de Reloncaví, i al llegar a la cumbre encontró las señas hechas por los otros. Quedó pues descubierto aunque no espedito aquel camino, que habia de producir resultados bien contrarios a las sanas intenciones i prudentes esperanzas del laborioso misionero, porque recelando los indios que los españoles volvieran por él a maloquearlos como lo hacian antiguamente, pegaron fuego a la Mision con el designio de evadir con un golpe de mano tamaño mal.

Retirando de allí los superiores de la orden por una prudente cautela al padre José Guillermos, quedaron suspensos estos trabajos, que emprendió de nuevo siendo ya superior, i con tanta constancia que empleó en ello tres meses continuos hasta dejarlo practicable el 15 de diciembre del año 1715; i en los cinco meses siguientes despachó tres veces por él las mulas, que a pesar de ir cargadas llegaban a Ralun en solo tres dias sin la menor novedad. No pensaba por cierto que tan buena obra tuviera que costarle la vida, cuando lleno de satisfaccion lo comunicó a sus superiores i al Exelentisimo señor Gobernador el 15 de mayo de 1716: mas probable es que fué así, porque dándole un vaso de chicha Manquehuanay, cacique del lugar a cuya casa llegó para confesar un enfermo, yendo a encaminar al propio que llevaba las cartas, le acometieron tales dolores de vientre que al tercer dia murió. Murió también en manos de aquellos indios el padra Elguen en el año siguiente por haberse resistido a entregarles las vacas que para el sustento de los padres i de sus dependientes había conducido allí el padre Guillermos, por no haberlas anteriormente en aquellos lugares, i su cuerpo fué quemado junto con la iglesia i casa de la mision, que se acabó con tan lamentable catástrofe para no volverse a restablecer [2].

Es verdad que en el año 1764 consiguieron se fundara otra vez por la Junta de la Real Hacienda, pero no consta se llegaría a efectuar, i si se efectuó fué para perecer en embrion.

Los indios dan el nombre de ciudad a cualquiera poblacion de europeos, aunque sea una sola casa: hé aquí porque en el siglo XVIII corrieron tantas noticias en Buenos-Aires de que existia realmente la ciudad de los Césares. Los indios que iban allá de entre los pehuenches, los mismos españoles o mestizos, que habian estado cautivos en el interior de las pampas, aseguraban como un hecho irrecusable a principios de dicho siglo que se hallaba a este lado de la cordillera un poco mas al sur que Valdivia, añadiendo que habia un misionero mandado a ella por el obispo de Concepcion. He aquí el fundamento de la conviccion con que el padre Cardiel creyó ser real su existencia, i pedía su auxilio al gobernador de aquella ciudad para descubrirla. Algo pudo influir talvez en el importante viaje de esploracion por el rio Negro que hizo Villarino en 1782, i del cual nos ocuparemos mas adelante, i tambien en las espediciones que se habian hecho ántes i que se hicieron despues en la costa de Patagonia; de resultas de las cuales se fundó en 1781 el fuerte i villa del Cármen en la embocadura de dicho rio; Vice-versa los puelches i pehuenches deponian ante los pasajeros i las autoridades chilenas que existia la tal ciudad en la costa del Atlantico confundiéndola con la del Cármen, recien indicada, i los jefes que aspiraban a entusiasmar al pueblo para semejantes espediciones con el verdadero designio de repoblar la ciudad de Osorno que habia sido destruida por los indios, dieron gran importancia a tan equívocas noticias hasta formular un largo dictámen el Fiscal de la Real Audiencia en el año 1782. Mas aunque esto contribuyese a la restauracion de Osorno ningun efecto produjo directamente, al otro lado de la cordillera.

El padre Melendez fué en busca de los restos de la mision; partió en 1792 por la boca de Reloncaví, caminó por las orillas del lago Calbutué, i llegó al lago de Todos los Santos; se embarcó en una piragua que él i sus compañeros construyeron; tres dias despues, pasó a la otra orilla; llegó en frente del Tronador, inmenso campo de hielo i de nieve, de cual hablaré mas tarde; subió la cordillera, marchó al norte i desembocó en una pampa al pié de un cerro elevado. En el llano, habia un pequeño lago en donde estaban unos canquenes. Este lago es el que nosotros llamamos el lago de los Canquenes, i el cerro elevado, el cerro de la Esperanza, denominado así por Vicente Gomez en 1855, porque de su cima pudo divisar la estensa faja de agua azul de Nahuel-huapi. Llegó en fin a las orillas del lago, justamente un mes despues de haber dejado a Chiloé; el padre Melendez construyó una piragua, cuyos restos he hallado, navegó directamente al Este, en una ensenada larga, tocó en una isla, despues en otra mas al Norte. Se dirijió en seguida al Sur, i desembarcó despues de haber pasado un pequeño estrecho. De allí entraron, el padre i sus compañeros, en una pampa en que encontraron a unos indios que les dijeron que los restos de la mision se encontraban a cinco cuadras del desagüe. El padre Melendez volvió en seguida a Chiloé i escribió una relacion de su viaje, que tengo a la vista. Uno de sus compañeros era el jóven Olavarria, que he conocido ya anciano en Puerto-Montt i que me dió noticias preciosas, casi todas exactas. No he podido dejar de admirar la memoria asombrosa del buen anciano, el cual sesenta años despues de estos hechos podia darme indicaciones tan precisas.

En los siguientes párrafos hablaremos del rio Negro que recibe las aguas del lago, del Villarino que esploró sus afluentes vecinos; del padre Falkner, jesuita, cuya obra sobre la Patagonia dió orijen al viaje del piloto español; i de Descalsis que lo remontó setenta leguas en 1833.

II.

El padre Falkner en 1774.—Don Basilio Villarino en 1782.—Descalsis en 1833.

El padre Falkner era ingles de nacimiento: al principio estudiante de medicina, fué a Cádiz, se embarcó en un buque español i vino a América; cayó enfermo en Buenos-Aires i fué atendido por unos jesuitas; el agradecimiento lo comprometió en la órden, i entónces con el doble carácter de misionero i de médico, segundo título que le fué de una grande utilidad entre los naturales del pais, principió a viajar en la parte sur del continente. Despues de cuarenta años de residencia, vuelto a su patria en 1774, publicó el resultado de sus observaciones en un libro titulado Descripcion de la Patagonia, que se encuentra en la coleccion citada mas arriba de don Pedro Angelis. He podido admirar durante mi viaje la sagacidad de espíritu con que el jesuita se habia penetrado de la configuracion del pais, en medio de las respuestas embrolladas i algunas veces contradictorias de los indios. Hablando del rio Negro dice así:

"Este rio es el mayor de Patagonia: se vacia en el Océano occidental, i es conocido por varios nombres, como el segundo Desaguadero, o el Desaguadero de Nahuel-huapi. Los españoles le llaman el gran rio de los Sauces, algunos indios Choelechel; los Puelches, Seubucomó, o el rio por antonomasia; i Curi-leubú quiere decir rio Negro, que es el nombre que le dan los Huilliches i Pehuenches. El paraje por donde lo pasan desde el primero al segundo desaguadero, Choelechel.

"No se sabe exactamente la fuente u oríjen de este rio, pero se supone tenerla del rio Sanquel: compónenle muchos rios i arroyos. Va escondido por entre peñas quebradas, i se estrecha en un canal profundo i angosto, que finalmente se manifiesta otra vez con grande i rápida corriente algo mas arriba de Valdivia, pero al lado opuesto de la cordillera. A poca distancia de su aparicion se descargan en él muchos rios, algunos grandes que vienen de la cordillera i entran principalmente en el norte de él.

"Un tehuel o cacique meridional, me describió sobre una mesa como unos diez i seis rios. Díjome sus nombres, pero no teniendo materiales para escribir, no pude apuntarlos, i se me olvidaron. Añadió ademas que no sabia paraje alguno de este rio, aun ántes que entrasen los menores en él, que no fuese mui ancho i profundo. Ignoraban dónde nacía, i solo dijo que venia del norte. Era hermano del viejo cacique Cangapol; parecia hombre de sesenta años, i habia vivido todo ese tiempo a la orilla de este rio.

"De estos rios, que entran por la parte septentrional, hai uno mui ancho i profundo, i nace de una laguna como de doce leguas de largo, i casi redonda, llamada Huechun-lauquen, o laguna de límite, la cual está dos dias de jornada de Valdivia, i se forma de varios arroyos, fuentes i rios que nacen de la cordillera. Ademas de este rio envia la laguna al levante i al medio dia lo que forma parte del gran rio, i puede enviar otro brazo al poniente que comunique con el mar del, sur cerca de Valdivia: pero esto no lo puedo afirmar por no haberlo examinado suficientemente.

"Tambien viene de hácia el norte otro pequeño rio, que sale del pié de la cordillera, i cruza al país desde el Nor-Oeste, al Sur-Oeste, descargándose en el desaguadero, en el espacio de dia i medio de jornada al este de Huechun, pais del, cacique Cangapol. Llámanle Pichi-Picuntu-leubu, esto es,rio Chico del Norte, para distinguirle del Sanquel, que tambien entra en el segundo desaguadero; siendo cada uno de ellos llamado por los indios, el rio del Norte. La boca de este rio dista de la del Sanquel, cerca de cuatro dias de camino.

"El rio Sanquel es uno de los mayores de este pais, i puede pasar por otro desaguadero de las montañas nevadas de la cordillera. Viene del norte mui léjos, corriendo por entre montañas i precipicios, i engrosándose con los muchos arroyos que se le juntan en el camino todo. El paraje donde primero se deja ver, se llama el Diamante, cuyo nombre le dan tambien los españoles. A corta distancia de su oríjen entran en él muchos arroyos que nacen del pié de la cordillera mas al norte; i mas abajo hácia el mediodia, el rio Solquen. Este rio es tan grande, que los indios del rio Negro llaman indistintamente a su corriente, Lauquel-Leubu i Solquen: es ancha i rápida, nun en su primera aparicion, i crece con la union de muchos arroyos i fuentes que recibe de las montañas, i del pais húmedo por donde pasa, por el espacio de trescientas millas, tomando un curso casi directo desde el norte al sur para el este, hasta que entre en el segundo desaguadero o rio Negro por una boca ancha.

"En el confluente de estos dos rios, hai un gran remolino, por dónde no obstante se atreven a pasar los indios nadando a caballo. Sus orillas están cubiertas de cañas, i de mui grandes mimbres.

"Hácia el dur del grande o segundo desaguadero, no entran sino dos rios de alguna consideracion. Uno se llama Limai-leubu por los indios i por los españoles, el segundo desaguadero de Nahuel-huapi, o Nauvelivapí. Los chilenos dan el mismo nombre al rio grande, pero es un error, porque ignoran algunos de sus brazos, de los cuales este es solamente uno, i no tan grande como el Sanquel, i mucho ménos que el principal brazo, aun en su primera aparicion fuera de la cordillera.

"Este rio continúa con grande i rápida corriente, desde la laguna de Nahuel-huapi, casi al Norte, por entre valles i pantanos, cerca de treinta leguas; recibiendo grandes arroyos de las montañas inmediatas, hasta que entra en el segundo desaguadero, algo mas abajo del que viene de Huechun-lauquen o laguna del límite. Los indios llaman Limai-leubu, porque los valles i pantanos por donde pasa, abundan en sanguijuelas; i los Huilliches le llaman Limai; i al pais Mapu-Limai; i a sus moradores, Limaichees.

"La laguna de Nahuel-huapi es la mayor que forman las aguas de la cordillera (segun la relacion de las misioneros de Chile) pues tiene quince leguas de largo. A un lado junto a la orilla está una isla baja, llamada Nahuel-huapi o la isla de Tigres: Nahuel significa tigre, i huapi isla. Está situada en una laguna rodeada de bocas i montañas, de donde nacen manantiales, arroyos i nieves derretidas. Tambien entra en esta laguna, por el lado meridional, un pequeño rio que viene de Chonos, en el continente en frente de Chiloé. [3]

"El otro rio que entra en el segundo desaguadero, i viene del sur, es pequeño, i llamado por los indios Muchi-leubu o rio de Hechiceros; pero no sé la razon porqué sale del país de los Huilliches, i corre del sur al norte, descargándose al fin en el rio principal, mas abajo del Limai-leubu.

"El segundo desaguadero toma desde aquí su curso, haciendo una pequeña vuelta hácia el norte, hasta llegar a Choelechel, donde se acerca a diez o,doce leguas .del primer desaguadero i luego se vuelve al sur-este, hasta que entra en el Océano;

"A corta distancia, mas abajo de esta última vuelta, hace un grande circulo formando una península, que es casi redonda; cuyo cuello o entrada tiene cerca de tres millas de ancho, de seis leguas de travesía . Llámase el cercado de los Tehuelches o Tehuel malal. El rio tiene hasta la formacion de esta península, altos ribazos, i montañas por uno i otro lado, pero tan distantes, que hai en muchos parajes entre ellas i el rio, dos o tres millas de ancho, mui abundante en pastos. En estos pasajes se acercan mas las montañas al agua: las orillas están cubiertas de sauces, i contienen unas pocas islasa acá i allá, entre las cuales hai una mui grande en el país del cacique Cangapol, donde éste i su vasallos guardan sus caballos para que los Pehuenches no se los hurten. Jamás he oido que haya alguna cascada en este rio, o quesea vadeable por alguna parte. Es mui rápido, i las avenidas mui extraordinarias, cuando las lluvias i nieves derretidas bajan de la parte occidental de la cordillera; comprendiendo todas las que caen desde el grado 35 hasta el 44 de latitud meridional, haciendo una hilera o cadena de montañas de setecientas veinte millas. Las avenidas de este rio son tan rápidas i repentinas, que, aunque se oigan a mucha distancia el golpe i ruido que hacen entre rocas i peñas, apénas da lugar a las mujeres para bajar sus tiendas, i cargar su bagaje, ni a los indios para asegurarse i pasar sus ganados a las montañas; Estas avenidas causan frecuentemente muchas desgracias, pues estando anegado todo el valle, arrastra su impetuosa corriente, tiendas, ganado, i algunas veces ganados i niños."

La comunicacion fluvial no interrumpida de Nahuel-huapi, por el rio Negro, resalta a los ojos perspicaces del jesuita, porque a propósito del alerce, madera cuya resistencia i belleza él alaba, dice que no debe omitir el que por medio del rio que viene de Nahuel-huapi a echarse en el rio Negro, se podria hacer llegar hasta el Atlántico balsas flotantes de árboles de alerce, útiles para las construcciones de buques i de habitaciones. Pero hai en su obra un pasaje que hizo mucho ruido i que, despertando la atencion de la corte de España, orijinó la espedicion de Villarino. Hé aqui el pasaje del jesuita: "Si alguna nacion intentara poblar este pais podria ocasionar un perpétuo sobresalto a los españoles, por razon de que de aqui se podria enviar navíos al mar del Sur, i destruir en él todos sus puertos ántes que tal cosa o intencion se supiese en España, ni aun en Buenos-Aires: fuera de que se podria descubrir un camino mas corto para caminar o navegar este rio con barcos hasta Valdivia. Podríanse tomar tambien muchas tropas de indios moradores a las orillas de este rio, i los mas guapos de estas naciones, que se alistarian con la esperanza del pillaje; de manera que seria mui fácil el rendir la guarnicion importante de Valdivia, i allanaria el paso para reducir la de Valparaiso, fortaleza menor, asegurando la posesion de estas dos plazas, la conquista del reino fértil de Chile."

Se conoce por estas palabras que palpitaba todavia bajo la sotana del jesuita el corazon del inglés con los sentimientos patrióticos de su raza. Era un llamamiento a sus compatriotas, entónces en guerra con España; el jesuita habia olvidado la divisa fundamental de su órden: Eritis perinde ac cadaver, i habia escrito una pájina que fué ciertamente desaprobada por sus superiores. Si hai una filosofía que no reposa jamás i que apénas acaba de hacer un descubrimiento para el bien de la humanidad cuando ya se pone en camino en busca de otro, hai tambien una nacion cuyas invasiones no se pueden criticar, porque sino traen consigo el catolicismo, traen la civilizacion, envuelta en sus fardos de mercaderias. Esta nacion es la Inglaterra. Ella podia tomar al pié de la letra la invitacion indirecta de Falkner. La corte de España lo comprendió i mandó la órden al virrei de Buenos-Aires para que emprendiese el reconocimiento del curso del rio Negro i realizase lo que habia dicho el jesuita sobre el pasaje del Atlántico hasta Valdivia por el rio que venia de Huechun-Lauquen.

El virrei escojió para este fin a don Basilio Villarino, piloto de la Armada Real.

Se reunieron hasta cuatro chalupas que calaban tres piés, armadas de pedreros, tripuladas por sesenta i dos hombres de los mas infatigables para el trabajo, se hizo el competente apresto de víveres, maroma, caballos i de cuanto se presumió era oportuno para vencer los obstáculos que debia oponerles la corriente del rio. Por fin, todo ya prevenido, se hicieron a la vela en el puerto del Cármen el dia 28 de setiembre de 1782.

Aunque la violencia de la corriente les dió desde luego bastante trabajo, viéndose en ocasiones obligados a llevar a remolque las embarcaciones, la decidida voluntad de los atrevidos esploradores supo allanar los inconvenientes que hallaban en la naturaleza i en el carácter por instinto suspicaz i veleidoso de los pobladores de aquella tierra. Cuando el viento les soplaba favorablemente desplegaban las velas de sus chalupas; cuando arreciaba el ímpetu de la corriente i se veia la imposibilidad de poder avanzar a fuerza de remo, se sirgaba, atando a las chalupas una fuerte maroma que las caballerias arrastraban desde la orilla contra el curso natural del rio: nunca desmayaban en su propósito de llevar a término el viaje emprendido.

A los cincuenta i ocho dias (10 de noviembre de 1782) despues de haber partido del Cármen, llegaron a la grande isla de Choelechel, formada por dos brazos del rio que en aquella parte se dividia para unirse un poco mas abajo. Esta isla que se halla situada casi en la medianía de su curso, creia Villarino que distaba del Cármen setenta leguas, pareciendo estar hácia los 39° de latitud: es bastante estensa i en algunas puntas presenta una vejetacion risueña i pasto en abundancia. En el dia la isla del Choelechel está dividida en tres o cuatro islas por brazos del rio que la cortan.

Miéntras proseguian su navegacion divisaron un dia por la orilla del rio algunos indios que, segun ellos dijeron, caminaban con direccion a la cordillera. Deseoso Villarino de captarse su amistad creyendo le seria útil i que podrian darle noticias a cerca del nacimiento del rio i de los estorbos con que tendrian que tropezar en la continuacion de su viaje, los trató con benignidad, afreciéndoles regalos de aguardiente i tabaco que aceptaron de mui buena gana. Al principio correspondieron con agradecimiento los agasajos de los españoles; pero poco tardaron éstos en convencerse de que la amistad de sus nuevos compañeros era mas de temer que de desear. La codicia de esta jente es proverbial, i cuando de grado no consiguen lo que pretenden, tratan de adquirirlo por la fuerza. Villarino que se veia importunado a cada momento con las molestas instancias de sus huéspedes, trató de librarse de ellos, i les negó cuanto pedian. Irritados los indios con esta negativa, de amigos de los españoles que hasta entónces se habian mostrado, se tomaron sus mas encarnizados enemigos, i ya solo pensaron en incomodarlos, haciéndoles todo el daño que podian. Por otra parte sospechaban las intenciones de los españoles i temian que aquellos advenedizos los desposeyesen de sus tierras, sospecha en que vino a confirmarlos un marinero que se habia desertado de las chalupas, quien les resveló el plan de los esploradores para atraérselos con el fin de que, si trataban de aprehenderlo, le prestaran su ausilio. Todo esto exasperó mas su ánimo predispuesto a la venganza i resolvieron hostilizar a los españoles por los medios que estaban a su alcance. Se adelantaron a las embarcaciones i fueron talando los prados naturales de yerba que por alli crece con lozania, i cometiendo mil jénero de hostilidades que mantuvieron a Villarino i su comitiva en una continua alarma durante todo aquel tiempo.

A esta razon el intrépído jefe de la espedicion comenzó a temer por el porvenir. Ahora presenciaba los hechos; palpaba los obstáculos con que tenia que luchar; conocia la insuficiencia de los medios de que podia disponer, veia a la tripulacion estenuada por un trabajo tan asiduo como fatigoso, i sobre todo estaba mui desengañado del carácter amistoso i hospitalario que al principio habia supuesto en las hordas salvajes que encontraba en la orilla del rio. Se persuadió de que talvez se esponia a demorarse un tiempo indefinido en su espedicion para no lograr un fruto de ella, si continuaba sin contar con otra cosa que con los recursos de que actualmente podia disponer, i que ya empezaban a escasearle. Determinó, pues, no pasar adelante hasta no haber enviado al Cármen por nuevos auxilios e instrucciones que le permitieran proseguir adelante.

Miéntras aguardaba la contestacion de don Francisco Viedma, gobernador del Cármen, resolvió volver a Choelechel porque creyó debia elejir un lugar seguro contra los ataques de los naturales que tanto los habian incomodado, i en aquella parte existia un paraje naturalmente defendido. Luego que hubieron llegado al lugar designado, se apresuraron a rodearlo de una barrera que los pusiese a cubierto de las fechorías de los indios, i para mayor seguridad hizo Villarino que toda la tripulacion se encerrase allí con lo que tenian. Tranquilos por esta parte con aquel simulacro de fortaleza, denominada por los esploradores fuerte de Villarino, pero que creían suficiente para detener las invasiones de los salvajes, esperaron con paciencia a que volviera del Cármen el mensajero que debia traerles la respuesta del gobernador.

Por fin, al cabo de dos meses tuvo la contestacion de don Francisco Viedma. Ordenábale que siguiera su interrumpido viaje, i que para alejar los motivos de contienda entre su jente i los naturales hiciese regresar al Cármen los peones con todas las caballerías que llevaba. Villarino que sabia de cuanta necesidad le eran los caballos i peones, habria querido hacer sus observaciones al gobernador; pero temiendo que un retardo de tiempo en la estacion en que cesan las lluvias hiciera disminuir el agua del rio hasta serles imposible navegarlo, se decidió sin demora a ejecutar las órdenes de Viedma.

El 20 de diciembre se pusieron nuevamente en camino. Por esta parte el rio semeja una inmensa serpiente que va desarrollando sus numerosos anillos entre las farellones de que están sembradas sus orillas. Para doblar estos recodos les era preciso llevar a la sirga las chaluchas, luchando sin cesar con la corriente, porque las velas de nada les servian. Una multitud de pequeños islotes que parecen sobrenadar en la superficie aumentó las dificultades de la navegacion, así fué que en diez dias solo habian avanzado veinte i cuatro leguas.

En el paraje a que llegaron al cabo de este tiempo, encontraron varios indios que voluntariamente les prestaron auxilio en su fatigosa tarea. Segun decian, habitaban la falda oriental de la gran cordillera. Villarino supo de ellos que el rio Negro era navegable hasta el pié de los Andes, punto que fácilmente podia comunicarse con Valdivia, i que la laguna de Huechun-lauquen, (laguna de la frontera o del término) hácia donde se dirijian, estaba mui cerca de Valdivia.

Durante algun tiempo caminaron en buena armonía los indios i españoles, prestando aquellos varios servicios a la espedicion i suministrando a Villarino las noticias que sabian de la parte superior del rio i de los escollos que debia evitar en el camino. Asegurándole que la laguna de Huechun-lauquen, en cuyos alrrededores tenian ellos sus habitaciones, no distaba de Valdivia mas que dos jornadas. Los datos suministrados por aquellos indios contribuian no poco a confirmar en el ánimo del jefe de la espedicion la esperanza de obtener el logro de sus deseos. Es de advertir que esta jente hablaba de los limites de la provincia de Valdivia, puesto que desde la ciudad de este nombre hasta Huechun-lauquen hai seis dias de buena marcha.

Los españoles luego tuvieron ocasion de conocer que sus compañeros bajo la apariencia de una amistad sincera ocultaban la mas grande aversion hácia ellos. Cuando Villarino les negó el licor que le pedian para embriagarse, comenzaron como la vez primera, a manifestarse descontentos, i llegaron hasta fraguar un plan de conspiracion que se proponian hacer estallar en el momento en que los españoles ménos lo sospechasen. Pero afortunadamente para éstos se frustraron los pérfidos designios de aquella jente malvada, habiéndose tenido oportuno conocimiento del hecho, i los indios burlados en sus esperanzas, echaron a huir, llevándose dos españoles. Por entónces parecieron éstos mui escarmentados i resolvieron no volver a entrar en relaciones con huéspedes tan incómodos.

Despues de este suceso que no dejó de molestarlos, haciéndoles perder el tiempo que habian deseado aprovechar en avanzar algo mas en su camino, continuaron su esploracion con nuevo empeño. El 23 de enero de 1783 llegaron a la desembocadura del Neuquen en el rio Negro. Nace este rio un poco mas abajo del Antuco i era llamado por los indios Sanquel-leubú, sin duda por la mucha cantidad de juncos que crece en sus riberas: los indios modernos lo llaman Comoe. Arrastra en la continuacion de su curso el de muchos tributarios que aumentan su caudal hasta su confluencia con el Negro. Villarino equivocadamente creyó que era el Diamante, i en su diario aparece con este nombre: ademas estaba firmemente persuadido de que la provincia de Mendoza no podia distar de aquel punto mas de veinte i cinco jornadas. No se detuvo mucho aquí, porque habiendo subido en un bote como unas dos leguas llegó a un paraje en donde el agua era tan somera que podia vadearse facilmente el rio, pareciendole ser aquel el vado mas frecuentado por los naturales de esa tierra. Notó sin embargo, que en las orillas habia señales de la altura a que podia alcanzar el agua, por lo que creyó que, una vez salvado este paso o haciendo el reconocimiento en una estacion ménos avanzada, podria consentir embarcaciones de mucho mayor calado que la suya.

Para disculpar a Villarino del cargo que se le hace por no haber esplorado este rio, uno de los mas caudalosos de los que confluyen con el Negro, es preciso saber que ya se acercaba la estacion de las nieves, i el jefe de la espedicion temia con sobrado fundamento no poder llegar al pié de la cordillera, donde se decia estar situada la laguna del Límite, punto que siempre habia tenido en vista para dar fin a su escursion de aquel lado de los Andes, por creerlo el mas cercano a Valdivia i al mismo tiempo el mas apropósito para trasmontar la cordillera. Despues de haber avanzado mas de una legua desde la desembocadura del Neuquen en el rio Negro, se vió que la latitud era 38° 44' i que este último parecia inclinarse al S. O. direccion que le hacia tomar una cadena de cerros que se halla situada al norte, i que un poco mas arriba tuerce el curso del Neuquen en el mismo sentido. Luego empezaron a notar que el rio se angostaba entre paredes naturales de piedra maciza de unos 500 o 600 piés de elevacion. Un bajo que se forma en esta parte les hizo tan dificultoso el camino que se vieron precisados a abrir paso con picos i azadas i a descargar las chalupas para poderlas trasportar a fuerza de brazos. Parece que el rio estaba estraordinariamente bajo; hacian cinco meses que no llovia. Aquí fué donde los obstáculos se multiplicaron i en donde comenzaron a presentárseles dificultades mas sérias. En el espacio de un mes hubo dias en que solo caminaron diez o doce cuadras i a veces únicamente 1,000 o 1,500 varas, siguiendo el tortuoso curso del rio por entre peñas escarpadas. Los caballos estaban inútiles i el pesado trabajo de sirgar las embarcaciones tenia que hacerlo la tripulacion. La esperanza de llegar pronto a Valdivia que creia no estar mui léjos de Huechun-lauquen, i en donde se prometía saborear con sus compañeros el descanso que viene tras de las fatigas i sinsabores de un viaje tan costoso como el suyo, era lo único que podia alentar a Villarino en la realizacion de su atrevida empresa: le parecia que esto solo alcanzaba a indemnizarle de las penalidades sufridas.

Las dificultades del tránsito se hacian mayores a medida que adelantaban, si hemos de atender al diario de Villarino; i aun cuando el piloto de la marina real en un momento en que parece abandonarle su acostumbrado buen humor, se atreve a comparar sus riberas con las del Averno; sin embargo es de temer que exajerase la gravedad de los peligros e hiciese comparaciones desfavorables a los parajes que esploraba, inspiradas solamente por el deseo de no proseguir la espedicion que ya principiaba a disgustarlo i cuyo término no divisaba. El piloto esplorador deseando visitar aquella cadena de montañas, trepó con gran dificultad una de las cumbres mas elevadas i pudo divisar la aguda cima de un volcan que, segun sus cálculos, no debia distar mas de quince leguas, equivocándolo con el de la Imperial de Chile que no puede divisarse de esa banda de la cordillera. Este volcan era el Lagnin.

Los esploradores necesitaron un espacio de dos meses para recorrer una estension de cuarenta i una leguas: tales eran los obstáculos que habian entorpecido su marcha. Aparte de la rapidez de la corriente y de los escollos que se oponian a su paso, obligados a tener las piernas metidas en el agua durante dias enteros se les hincharon en estremo i se les cubrieron de llagas producidas por las picaduras de mosquitos venenosos que en crecido número infestaban el aire. Se declaró el escorbuto en la tripulacion, pero felizmente encontraron un bosque de manzanos, cuyo fruto restableció a los que se hallaban atacados de aquella terrible enfermedad.

El 25 de mayo llegaron al pié de los Andes, i se encontraron en el punto en que confluyen dos rios que, corriendo en opuestas direcciones, el uno del norte i el otro del sur, concurren a formar el rio Negro, i circuyen una isla que no tendrá ménos de media legua de estension. Estos rios son el Chimehuin i el Limai.

Villarino no trepidó un instante en elejir el afluente que partía del Norte, desde que vió por la latitud (40° 2') que ocupaban, que se hallaban al sur de Valdivia; pero queriendo dar algun descanso a su jente debilitada por el asíduo trabajo, se detuvo aquí dos dias que aprovechó en esplorar el brazo que venia del sur; el Limai, desagüe de Nahuel-huapi.

Villarino dice que este rio, en la parte que él recorrió, cerca de dos leguas, lleva una gran cantidad de agua cristalina sobre un lecho formado de guijarros redondos i lisos, i como hasta el peso de una arroba. Es tan caudaloso como el Neuquen, teniendo cinco piés de profundidad i una anchura de doscientas varas con una corriente de ocho millas por hora. Púsole por nombre rio de la Encarnacion, i es el mismo cuyo curso he descendido, i del cual nos ocuparemos mas adelante; los indios lo llaman Limai, rio de las sanguijuelas, nombre que tambien suelen dar al brazo principal hasta su union con el Neuquen, denominándole desde alli Curi-leufú o rio Negro. Encontraron en sus orillas trozos de madera acumulados por las creces del rio, consistiendo en su mayor parte cipres de que están pobladas esas orillas i las del lago de Nahuel-huapi.

Los indios contaron a Villarino que el Limai o Encarnacion traia su oríjen de la gran laguna de Nahuel-huapi, i le refirieron que los cristianos habian fundado en otro tiempo (1703) a sus orillas una mision, que despues destruyeron unos salvajes, asesinando a los que la habitaban.

Persuadido Villarino de que siguiendo el afluente que estaba situado mas al norte, iba a lograr mejor su intento, principió a subir por el Chimehuin, que él llama equivocadamente Catapuliche, siendo esto solo un afluente de aquel; pero bien pronto conoció cuan inútil era su pretension, porque luego la poca profundidad del agua le obligó a detenerse i a considerar como imposible poder llegar al lago de Huechun-lauquen por medio de este rio. En efecto, poco tardó en convencerse. El poco fondo i la mucha corriente hizo imposible el paso de las embarcaciones, i solo pudo recorrer diez leguas de su curso en veinte dias de trabajos continuos.

El Chimehuin nace del lago Huechun-lauquen i se dilata por la falda de los Andes en una estension de dos leguas; recibe en la continuacion de su curso el agua de muchos rios pequeños que le envian las nieves i algunos lagos situados en la cordillera cuyos piés bañan; estos rios son el Catapuliche, el Pihualcura, el Trepelco que sale del lago Quilquihue, el estero de Quemquemtreu i el Caleufú. Villarino desde que principió a navegar en este rio tuvo que vencer mil jénero de inconvenientes; no dejó, sin embargo, de avanzar sin detenerse un momento. Seis dias habian caminado desde que pasaron por la confluencia del Limai o Encarnacion, cuando arribaron, a un punto que Villarino conceptuó no se alejaria mas de seis leguas de Huechun-lauquen, lo que le dió nuevo ardor para proseguir su viaje con mas tezon; hasta que por fin el 17 de abril de 1783, en el momento en que piensa que quizá solo cinco jornadas lo separan de Valdivia, se ve forzado a detenerse un poco mas arriba de la confluencia del brazo formado por el Pihualcura i el Catapuliche, i que se separa hácia el norte del Chimehuin el cual viene entónces del N. O. Villarino habia remontado aquel brazo dejando el Chimehuin a la izquierda, al cual llama rio de Huechu-huehuin i no sin razon, porque esta parte del pais se llama asi. Se hallaba a una latitud de 39.° 40', i casi al frente de Valdivia. Faltábanles los víveres, i las enfermedades hacian terribles estragos en la tripulacion. No era esto lo peor: los indios de este lugar, i que los españoles reconocieron ser los primeros amigos con quienes se habian encontrado cerca de Cholechel, tuvieron una reyerta de que se siguió la muerte alevosa de uno de los caciques. El traidor buscó un refujio entre los españoles, i éstos no titubearon en dárselo, todavía poco escarmentados con lo sucedido. Los de la faccion contraria, disgustados con la conducta de los españoles, les declararon desde entónces guerra a muerte, como a sus mayores enemigos. Este fué el principal motivo que tuvo Villarino para pensar en volverse, despues de haber intentado inútilmente hacer pasar siquiera una carta hasta Valdivia.

Cuando Villarino se hubo persuadido de lo infructuoso que seria cualquiera tentativa que se hiciera para llegar a Valdivia, perdió la esperanza de poder realizar los deseos de su gobierno, i creyó oportuno regresar. En efecto, inmediatamente se pusieron en camino; ayudados por las creces de los rios i navegando a merced de la corriente, estuvieron de vuelta en el Cármen el 25 de mayo de 1783, habiendo empleado solo en su venida tres semanas i sin haber tropezado con ninguno de los estorbos con que habian luchado en la subida. Ocho meses habian demorado en todo el viaje.

Si Villarino no sacó de su espedicion todo el provecho que habria deseado, los preciosos datos que en ella obtuvo, i que merecen toda la fé debida a un observador concienzudo, no hacen mas que corroborar la verdad de ciertos hechos que ahora se reconocen casi sin contradicion, a saber: que el rio Negro es navegable desde su desembocadura en el Atlántico hasta el pié de los Andes, en donde se divide en dos afluentes principales; el uno que parte del Sur, accesible hasta la laguna de Nahuelhuapi, i que Villarino solo recorrió en el espacio de casi dos leguas, es el Limai de los indios, o el Encarnacion de los españoles; el otro, cuya hondura es menor que la del primero baja del N. O., i lo esploró hasta un poco mas arriba del punto en que confluye con el Pihualcura i el Calapuliche, se nombra Chimehuin. Quedó pues establecida la posibilidad de una comunicacion entre el Atlántico i la cordillera por medio del río Negro.

Tambien cabe a Villarino la gloria de haber sido el primero que fijara con certeza la direccion de este gran rio.

Otro viaje por el rio Negro de que tenemos noticias es el del piloto Descalsis. Este marino ascendió el rio en una goleta en 1833 durante la campaña del desierto que aquel año hizo el jeneral Rosas contra los indios. Habiendo salido del Cármen el 10 de agosto, llegó a Cholechel el 23 de octubre empleando setenta i tres dias, este es, el doble tiempo de lo que habia puesto ántes Villarino. El 2 de noviembre alcanzó hasta la punta llamada del Dolor, nombre que dió a este sitio por no haber podido continuar esplorando "tan hermoso rio" dice en su diario, i regresó al Cármen el 12 de ese mismo mes tardando solo siete dias en la bajada.

El diario o planos de esta espedicion se dieron a luz en la Revista del Plata, periódico publicado en Buenos-Aires en 1854. Interesantes detalles se encuentran en estos documentos. El cauce del sur corre por entre dos barrancas que lo acompañan constantemente, barrancas coronadas por las interminables planicies de la pampa. Se las conoce con el nombre de Cuchilla del Norte i del Sur. Entre el pié de éstas i la ribera del rio se estienden espaciosas í húmedas márjenes que a veces se estrechan hasta encajonar el rio entre farellones i otras se dilatan en campos abiertos pastosos que miden hasta ocho i diez leguas cuadradas, como los llanos que Descalsis bautizó con el nombre de Campos de la Vírjen de Itati. Los planos son hechos en grande escala i con mucha minuciosiclad, contienen las sendas frecuentes de toda la parte esplorada.

Los indios han conservado la tradicion de este viaje: el cacique Hunicahual de Quemquemtreu me dijo: que su padre le contó, que los españoles habian estado allí con cuatro botes i cañones i que habian traido mucho pan duro. Conocia ademas todos los nombres de los caciques consignados en el diario de Villarino.

III.
Excurciones de Espeñeira Phillippi.— Espedicion de Muñoz Gamero, en 1849.—De Dóll en 1852.—De Vicente Gomez, en 1855.De Fonck i Hess, en 1856.


Hasta entonces el solo mapa que contenía algunas noticias sobre estos lugares era el de Moraledad, levantado por los años de 1792 a 1796, por órden del virei del Perú. En este mapa se halla suficientemente bien indicada la posicion del volcan de Osorno entre Llanquihue i Todos los Santos. Se ve tambien en él bosquejada la orilla occidental del lago de Nahuel-huapi. Del lago de Llanquihue, al cual llama Puralillo, sale el Maullin. Pero se creia entónces, probablemente a causa de la gran estension del lago i la dificultad de llegar hasta sus orillas, que habia dos lagos: uno de Puralillo al sur i otro de Llanquihue. Eran tal vez los de Puyehue i Rupanco, cuya existencia se sospechaba ya. Se ve tambien en ese mapa el lago de Todos los Santos con su desagüe en la boca de Reloncaví, trazado con mucha prolijidad. Este lago era llamado por los indios, Pichi-laguna, para distinguido del de Llanquihue. Los españoles cambiaron su nombre, i mas tarde Muñoz Gamero le dió el de Las Esmeraldas, a causa del color verde de sus aguas.

Se ve tambien un punto situado en la embocadura del rio Petrohue que sale de Todos los Santos, en donde Moraleda ha escrito. "Entrada del camino de Bariloche que seguia la jente de Chiloe para ir a la antigua mision de Nahuel-huapi." ¡Cosa admirable que en ese tiempo los españoles tuviesen ya una mision i un camino capaz de poder seguir, en unos parajes que nos han parecido inaccesibles i como perteneciendo a rejiones fabulosas! En 1842 o 43, el intendente de Chiloé don Domingo Espiñeira recorrió con don Bernardo Philippi la lengua de tierra de tres o cuatro leguas que separa el golfo de Reloncaví de la laguna de Llanquihue. Despues Philippi entró en este lago, se internó por tierra desde Maullin, reconoció sus orillas septentrionales i la distancia que le separa de Osorno. Al principio de 1848, un aleman, don Juan Renous, atravesó el lago de Llanquihue, llegó al pié del volcan de Osorno, al lado del cerro Calbuco, i alcanzó a distinguir los bordes del lago de Todos los Santos i de su desagüe. Casi al mismo tiempo se publicó en el Araucano una corta noticia sobre estos lugares. El autor era don Guillermo Döll, el primero que señaló la existencia distinta de dos cerros separados en vez de uno, i fijó la verdadera posicion del volcan Osorno respecto de la del de Calbuco. Al mismo tiempo emite algunas dudas sobre la posibilidad de una comunicacion con el otro lado de la cordillera. En fin, en 1849 nuestro Gobierno se decidió a enviar, bajo las órdenes de don Benjamin Muñoz Gamero, oficial de la marina chilena, una espedicion encargada de esplorar la Cordillera en esa latitud i buscar ellago de Nahuel-huapi. El resultado de este viaje, aunque interesante respecto a la luz que arrojó sobre esta parte del país, tan poco conocida, no fué lo que se le habia exijido. La esploracion no alcanzó el objeto principal que se tenia en vista, que era encontrar el pasaje cuya existencia se sospechaba al Este del lago de las Esmeraldas o de Todos los Santos. Muñoz Gamero desembarcó en Melipulli o Puerto-Montt, en el seno de Reloncaví, i atravesó la lengua de tierra de tres o cuatro leguas, cubierta de alerces, que separa el golfo de Reloncaví del lago. Allí construyó una embarcacion i llegó a un punto inmediato entre los dos volcanes, situado sobre las mismas orillas del lago, i determinó su latitud i lonjitud; en seguida atravesó el espacio comprendido entre los dos volcanes hasta el lago de Todos los Santos, construyó una embarcación en sus orillas i principió a recorrerlo; reconoció primero la salida del rio Petrohue, por el cual las aguas del lago se vácian con una gran rapidez en el golfo de Reloncaví; en seguida el pequeño lago de Calbutue, que se vácia en la mitad del lago grande; continuó la navegacion hasta llegar a la boca del Peulla, cuyas aguas vienen del pié del Tronador; caminó por sus orillas hasta una distancia de ocho millas. La cordillera se dirijia al Tronador; la falta de recursos i la inpenetrabilidad del monte que tapiza esta cordillera, no le permitieron pasarla. La falta de un guia que conociese el pasaje influyó mucho, a mi parecer, en el mal éxito de este viaje. La espedicion, a su vuelta, visitó con distincion las orillas del lago de Llanquihue, desde la embocadura del Maullin hasta la orilla septentrional, llamada costa de Chanchan. Los resultados fueron interesantes i exactos; se han corroborado despues, i es preciso pagar aqui un justo tributo a la memoria de este desgraciado oficial que encontró una muerte bien deplorable en la colonia militar de Magallanes.

Döll en 1852 completó el trabajo de Muñoz i publicó un mapa bastante exacto.

Pero el honor del descubrimiento del pasaje de la cordillera estaba reservado a don V. Perez Rosales, intendente en 1855 de la colonia de Llanquihue: un habitante de P. Montt, don Vicente Gomez, el mismo que despues me acompañó en mi espedicion, le informó que su abuelo el anciano Olavarría, habia acompañado en otro tiempo al padre Melendez a la mision de Nahuel-huapi. Don V. Perez Rosales creyó que con su concurso i sus indicaciones se podria tal vez hallar el pasaje de la cordillera. Confió pues a Gomez la direccion de una espedicion a la que se asoció un colono aleman, don Felipe Geisse; el resultado correspondió a sus esperanzas. Los dos viajeros pasaron la cordillera, subieron el cerro de la Esperanza i desde su cima pudieron percibir las aguas del lago de Nahuel huapi. Hasta allí se limitaba su mision.

Al año siguiente, viene la espedicion de don Francisco Fonck, médico aleman de la colonia de Llanquihue, que asocia al otro aleman, don F. Hess; parten el 30 de enero de Puerto-Montt, llevando trece compañeros; el 4 de febrero, atraviesan el lago de Llanquihue hasta el pié del volcan de Osorno, el 7 i el 8 se encuentran en el lago de Todos los Santos, en los siguientes dias remontan el Peulla, suben la cordillera con bastante dificultad, se apartan un poco del boquete que llamaron Perez Rosales, en honor del intendente que habia enviado la espedicion anterior, llegan a un cerro al cual dan el nombre de cerro del Doce de febrero, fecha del dia; de allí se dirijen al lago de Nahuel—huapi, construyen una canoa i avanzan un espacio de cinco leguas en el lago; se detienen en una punta, a la cual dan el nombre de Punta de San Pedro, que equivocadamente tomaron por una punta del continente; en fin, volvieron a Puerto-Montt, trayendo consigo datos interesantes, vistas i alturas de las montañas que habian tomado por medio de la ebullicion del agua: una observacion debida al Doctor Fonck es que el pequeño rio Frio, en lugar de descender perpendicularmente en la direccion jeneral de la linea central que es de Norte a Sur, le es casi paralela, i ademas una legua que se reconoció de él, era navegable.

Encontraremos mas tarde un caso análogo en el desaguadero de Nahuel-huapi.

Así, en el estado presente, todo lo que dieron esas espediciones; es un conocimiento de la estension de terreno desde Puerto-Montt hasta una parte del lago de Nahuel-huapi, sin arrojar ninguna luz sobre la parte oriental ni tampoco sobre el desaguadero, que he tenido la suerte de esplorar.

IV.
Puerto-Montt.—Colonizacion.

Como no solo mi proyecto abraza un interes científico i mercantil, sino tambien humanitario, por cuanto conduce a facilitar la colonizacion de aquellas rejiones, haciendo afluir a ellas los brazos i las capacidades de que tanto necesitan para su futura importancia, he creido conveniente tocar, aunque sea por incidencia, la colonizacion; a fin de que si esta publicacion llegase a Europa, aparezca allí con el doble carácter de dar a conocer lugares hasta ahora inexplorados i de exitar a nuevos trabajos que conduzcan al fomento de la colonizacion en el sur de la República.

El 25 de mayo de 1862 me embarqué en Valparaíso; traia conmigo a don Enrique Lenglier, jóven francés, antiguo alumno de la Escuela Politécnica de Francia, que por una serie de circunstancias habia venido a Chile i que queria participar de mis aventuras; necesitaba una larga permanencia en Puerto Montt para hacer los preparativos necesarios, a fin de reunir todos los elementos favorables para la empresa, i no tener que reprocharme si esperimentaba un descalabro. Conocia ya a Puerto-Montt ántes de esta última época. Hé aqui lo que era, en el mes de mayo de 1862, esta hermosa villita, cabecera de la colonia, que ya ha realizado en parte las esperanzas que tenia el derecho de abrigar el Gobierno por los sacrificios que ha hecho.

Las ventajas de llamar la emigracion hácia un país desierto relativamente a su estension, eran demasiado notables para que se escapasen a la penetracion del Gobierno. La empresa no era tan fácil, porque Chile se encontraba demasiado léjos de los grandes centros de emigracion para poder pretender la preferencia que le disputaban todos los países bañados por el Océano Atlántico en el Nuevo Mundo: era preciso ofrecer al emigrante, en compensacion, concesiones superiores, siempre onerosas para el Gobierno de una nacion que trabaja por colocarse entre los pueblos mas civilizados: ademas, el principio de una colonizacion es colocar a los emigrantes en lugares en donde la exportacion les sea fácil, a fin de que por la venta ventajosa de sus productos, puedan éstos en poco tiempo mejorar de condicion. Era preciso hacer, a fuerza de jenerosidad i de benevolencia, que el emigrante prefiriese a Chile. El Gobierno se decidió.

La primera medida que tomó, imitando a las naciones que como la América del Norte, tienen grandes desiertos que poblar, fué acreditar ajentes en Alemania que estimulasen la emigracion i esplicasen a los colonos las condiciones favorables que les ofrecia el Gobierno, condiciones cuyo conocimiento no carecerán de interes.

El terreno en donde debian establecerse los colonos en la vecindad de Chiloé seria dividido en lotes cuadrilaterales, teniendo una estension de cien cuadras cada uno. Cada lote seria designado con un número en el mapa topográfico que con este objeto se levantaria, i colocado de manera que uno de los costados por lo menos estuviese sobre un camino público. '

Se reservarian puntos para la fundacion de tres ciudades principales. La primera en Puerto Montt, erijida en cabecera de la Colonia; la segunda cuatro leguas mas al norte, sobre la orilla meridional del lago de Llanquihue, con el nombre de Puerto Varas; la tercera, en Puerto Muñoz Gamero, que es una ensenada situada en la orilla septentrional del lago. La primera i la segunda debian ser ligadas por el camino real de la Colonia, la segunda i la tercera, por medio de embarcaciones, mantenidas a costa del Gobierno, que debian hacer el viaje dos veces por semana i conducir gratis a los viajeros de un lado a otro. Ademas un camino al rededor del lago.

El derecho de adquirir tierras era concedido solo a la jente casada, que por su conducta i sus antecedentes honorables, fuese digna de los favores del Gobierno. El valor de la cuadra se habia fijado en un peso, solamente para el colono que la adquiria; cada padre de familia tenia el derecho de adquirir veinticuatro cuadras; la madre i cada hijo mayor de diez años, podian obtener doce por persona. En caso que una familia no fuese bastante numerosa para poder hacer adquisicion de un lote entero de terreno, podia disfrutar durante tres años del resto; pero al cabo de este tiempo se venderia en remate por cuenta del Estado. El colono que habia gozado del terreno tendria la preferencia de derecho como adquiriente, si pagaba tanto como el último postor.

En Puerto Montt desembarcan los emigrantes, i un edificio espacioso está dispuesto para servirles de primer asilo. Embarcaciones mantenidas por el Gobierno conducen a tierra sus equipajes, un médico reconoce el estado sanitario de los recien llegados, se le distribuye víveres gratis los primeros ocho dias de su llegada, i mas tiempo si realmente han estado en la imposibilidad de escojerse un terreno. En seguida se trasportan por cuenta del Estado personas i bagajes al lugar en donde se encuentra el lote que han escojido. Cuando se hallan ya en posesion de su lote, se distribuyen a cada familia víveres para un año, una yunta de bueyes, una vaca parida, mil libras de trigo i mil libras de papa para sembrar.

Todos esos adelantos hechos al precio corriente, deben ser reembolsados a partir del quinto año por quintas partes, sea en especies o en dinero; ningun interes se les exije por estos adelantos; i si la familia no se encuentra en estado de pagar, en este caso se le concede un nuevo plazo, probada su actividad i dilijencia.

El colono de Llanquihue está exento durante quince años, a contar desde la fundacion de esta colonia, de toda contribucion o servicio. Los socorros de la medicina que podian necesitar los colonos, las escuelas públicas para la instruccion de sus hijos i la asistencia relijiosa, están a cargo del Gobierno. El servicio militar es desconocido, i la policía de seguridad es mantenida por el Estado. El emigrado se naturaliza por el solo hecho de una solicitud dirijida a la Autoridad con este objeto, una vez que se haya establecido en la colonia.

Todas esas condiciones se han llenado legalmente. Así es que en el golfo de Reloncaví, en donde hará diez años no habia sino orillas desiertas, cubiertas de bosques impenetrables, se eleva ahora una bonita ciudad como las de Alemania, con casas de dos i tres pisos, pintadas de varios colores; i en donde no se veia mas seres vivientes que un miserable tablero, vive ahora una poblacion holgada: se ven jugar en las calles, los niños de la Jermania con su rubia cabellera i sus ojos azules, mezclados con otros pequeñuelos, cuyo color mas cobrizo recuerda su oríjen indíjena. El domingo, una orquesta como puesta de cuatro o cinco instrumentos, hace valsar alegres parejas de Wilhems, Karls, con sus Federicas i Catalinas; alemanes i chilenos viven unidos; i un poco mas léjos, en las orillas del lago de Llanquihue, viven felices labradores, que esperan la conclusion del camino entre Puerto Montt i el lago para realizar sus doradas ilusiones.

En el puerto, se trata de construir un muelle para facilitar el embarque i desembarque de los buques que frecuentan la rada, una de las mas bellas i seguras que posee el pais, adornada de un dique natural que puede contener buques de cualquier tamaño. Todos los meses, un vapor de la compañia inglesa del Pacífico hace el servicio de paquete. Puerto Montt es su última escala en el Sur. Los habitantes tienen buena agua potable, i canales que traen el agua de la colina a espaldas de la ciudad mantienen el aseo de las calles. Hai unas trescientas casas de las cuales veinticuatro son de dos pisos i contienen una poblacion de 2,000 almas.

El palacio de la Intendencia es bien construido, una plaza espaciosa adorna la fachada; el Intendente ha hecho en ella un bello jardin, i las brisas del mar esparcen a lo léjos el perfume de sus flores.

Respecto a la instruccion pública, hai una pequeña biblioteca popular en donde se encuentra un número suficiente de libros obsequiados por el Gobierno. A este fondo han venido a juntarse las donaciones particulares: contiene libros en español, inglés, aleman i frances. El bibliotecario es un anciano aleman, doctor en Filosofía, que aunque encargado de la biblioteca i de la enseñanza en la escuela, no le falta tiempo para dedicarse a observaciones meteorolójicas que citaré mas adelante.

En la ciudad hai dos escuelas: una para hombres i otra para mujeres. En el lago hai una ambulante.

En 1861, de los hombres sabia leer i escribir, entre las mujeres, sabia leer i escribir.

La poblacion del territorio de colonizacion en 1861 alcanzaba a las siguientes cifras:

Hombres 7120
Mujeres 5903
Total 13023

A los colonos propiamente dichos que vinieron por cuenta del Estado, se les pagó una parte del pasaje. En Hamburgo i en Puerto Montt se les ha dado los socorros señalados por el Reglamento; alos inmigrados voluntarios e indíjinas, se les concedió terrenos i las exenciones de que gozan los colonos, pero no han recibido, como estos últimos, los socorros en dinero. De los apuntes del Ajente de colonizacion, i de los mismos documentos de la Intendencia de Puerto Montt, resulta lo siguiente:

La deuda actual de los colonos es de 104,385 pesos, se sabe que deben reembolsarla por quintas partes, a partir del quinto año. Se ha repartido entre todos 10,000 cuadras de terreno, concedidas gratis a los llegados ántes de 1856, i a un peso la cuadra a los que vinieron despues; los terrenos actualmente disponibles ocupan una superficie de 159,000 a 200,000 cuadras para mas de 1,500 emigrantes, una parte se alquila, la otra es consagrada al servicio del público.

La cantidad i especie de siembras en 1861, se ve representadas por las cifras siguientes, a saber:

Papas 8,227 fanegas.
Trigo blanco 435 id.
Trigo amarillo 1,385 id.
Centeno 276 id.
Avena i cebada 572 id.
Arvejas 167 id.
Maiz 23 id.
Frejoles 25 id.
Cosecha
Papas 125,128 fanegas.
Trigo blanco 6,137 id.
Trigo amarillo 13,707 id.
Centeno 2,879 id.
Avena i cebada 8,720 id.
Arvejas 1,844 id.
Maiz 131 id.
Frejoles 111 id.

Se vé por este cuadro que la papa es el producto mas importante; produce por término medio, 1,800 por 100, i en seguida viene el trigo, la cebada i el centeno.

Los particulares que tienen terrenos con monte, los destinan a la crianza de animales.

Los animales, comprendidos en el terreno de la colonizacion, son:

Animales vacunos 18,909
Caballos 2,574
Mulas 206
Corderos 9,022
Cabras 380
Puércos 3,214
En todo 34,205

En los campos fuera de Puerto Montt, la poblacion se ocupa exclusivamente de la crianza de animales i del cultivo, pero en Puerto Montt, ya las ocupaciones cambian con la estacion, i los habitantes se ocupan en siembras, en navegar o en cortar maderas; pero tambien bien las artes mecánicas i los oficios tienen numerosos representantes, en proporcion de la poblacion, como se ve en el cuadro siguiente:

Cerbecerias 1 Herreros 3 Peinetero 1
Destilacion 2 Cerrajeros 3 Talbarteros 2
Ebanistas 5 Maquinistas 3 Jardineros 2
Carpinteros de casa 8 Zapateros 15 Panaderos 8
Id. de embarcacion 5 Sastres 6 Carniceros 3
Toneleros 1 Encuadernacion 1

Almacenes abasteciéndose en Valparaíso, hai diez; abasteciéndose en Puerto Montt i Ancud diez; ademas hai doce bodegones i ventos de licores.

En cuanto al comercio, no tenemos cifras exactas, porque una gran parte se hace entre las islas i Puerto Montt con pequeñas embarcaciones; pero se puede tener una idea del comercio por el movimiento marítimo del año 61. Han entrado setenta i ocho buques [22,802 toneladas], i dos mil embarcaciones que comercian entre Puerto Montt, Ancud, las islas de Chiloé i las islas Guaitecas.

La importacion consiste principalmente en mercaderías europeas i licores, i la esportacion en durmientes de ferrocarriles, tablas de alerce, maderas, cueros i mantequilla; el comercio mas importante es el de madera; un camino carril bastante bueno permite a las carretas traer la madera del monte hasta el puerto.

Hai dos grandes máquinas de vapor, que cortan poco mas o ménos seis mil piés de superficie por hora. Hai otras máquinas movidas por agua.

Toda la poblacion vive en una holganza relativa; el estado sanitario es bueno, durante mi residencia hubo una epidemia de viruela, pero gracias a la vacuna, no ha producido muchos estragos.

Respecto del clima, hablaré de él mas tarde en otro capitulo.


  1. Nombre que se le había dado en honor del emperador Cárlos V.
  2. Los indios de esta jeneracion han conservado algunas tradiciones; el cacique Paillacan i otros indios pampas habian oido hablar vagamente a sus antecesores de cristianos que vivieron en las orillas de Nahuelhuapi.
  3. Es sin duda el rio que divisamos al pié del boquete de Bariloche desde el desagüe del lago.