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DISCURSO PRELIMINAR. XXXHI

inobediencia los soldados, dijeron desvergonzadamente á Sandoval: «que si quería poblar, que se quedara con los que quisiesen, que harto conquistados y perdidos les traía;» jurando que no le habían de aguardar más, sino irse luego á las tierras de México ganadas por sus esfuerzos.

Comprendiendo el capitán cuan fundadas eran las quejas de su gente, aconsejó que las manifestaran á Cortés con co- medimiento. Hiciéronlo así, escribiéndole una muy razona- da carta; y siendo la respuesta bastante desabrida, rogóles Sandoval á los más exaltados que se contuviesen en tanto que él iba á Trujillo á convencerle y conseguir lo que cal- mase los agitados ánimos.

Mientras allá se encaminaba y cumplía su misión, ocupá- ronse los soldados en recorrer, á las órdenes de Luis Marín, las tierras de Marayani y de Acalteca, donde aburridos se instalaron para esperar la resolución del caudillo. Demo- róse ésta bastante, así porque el general se entretenía en someter los pueblos inmediatos á aquella villa cuando á ella llegó su capitán favorito, como porque éste no pudo al pronto persuadirle, y cuando lo consiguió, fueron cumpli- das sus órdenes con sobrada negligencia.

Cortés, que á juicio de Bernal Díaz estaba á la sazón tan apocado que hasta temía ser preso por los descomedidos oficiales de la hacienda si no entraba en México con medios suficientes para imponerse, holgó sobremanera de ver á su predilecto Sandoval; escuchóle como á un buen amigo, y se dejó convencer al cabo; mas creyendo que antes de acordar su razonable pretensión, convenía dar cuenta de su persona á los pobladores de la Nueva-España, que tenién- dole por muerto, autorizaban con implícito consentimiento los desmanes de los usurpadores del gobierno, comisionó á su criado Martín de Orantes para que, disfrazado, fuese á México con cartas para el tesorero Estrada y las personas que habrían de coadyuvar al restablecimiento del orden. Escribió al mismo tiempo á Pedro de Alvarado, que andaba en las entradas de Guatemala, participándole sus proyec- tos, y al capitán Luis Marín encargándole que con las

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