¡Viva Nocedal! ¡Viva Mella!—Hermoso abrazo

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 La Gaceta del Norte, publica por su parte el siguiente artículo:

  «¡Viva Nocedal! ¡Viva Mella!—Hermoso abrazo

 El excelente Diario de Navarra, á quien nunca agradeceremos bastante las soliciutdes y deferencias con que nos honró durante nuestra estancia en la capital de la católica, de la fuerte, de la entera y admirable Navarra, publica una completa información del viaje de los diputados que puestos al frente de la poderosa falange de católicos navarros supieron arrancarla notas vibrantes de su amor á la Religión, á las Ordenes religiosas, á todo cuanto de honrado y digno y elevado existe.

 Ese viaje de regreso ha sido un nuevo triunfo para los ardorosos campeones de la fe y una prueba de que el pueblo ansia verles siempre unidos en la defensa de sus derechos, como ejemplo viviente de la unión de todos en un solo amor.

 Hondamente conmovidos hemos leído el relato. Los Sres. Mella y Nocedal, abrazados ante el pueblo y vitoreándose mutuamente, han dado á la España católica uno de sus mayores días de alegría. Ese abrazo y esos vítores son la bendita esperanza de que de una vez para siempre hemos de arrojar por la borda la odiosa impedimenta de nuestras rencillas y hemos de caminar unidos con la vista en alto y desembarazando el camino de las malezas que no nos han dejado caminar de prisa para llegar al triunfo de lo que todos queremos y amamos.

 He aquí algunos párrafos de las informaciones que sus corresponsales envían á Diario de Navarra.

 El corresponsal de Tafalla dice:

 «La animación crece por momentos.

 Ya el tren en la estación, el respetable Párroco de Santa María, doctor D. Ricardo Jiménez, puesto de pie sobre el estribo del coche en que viajan los diputados por Navarra, y con voz velada por la emoción, los saluda con sentidas frases de agradecimiento en nombre del católico vecindario de Tafalla, y termina con varios vivas alusivos al acto que la multitud contesta y aplaude con entusiasmo.

 En seguida, y momentáneamente, se hace un silencio sepulcral para escuchar la palabra mágica del incansable orador señor Mella, quien manifiesta en breves, pero elocuentísimas frases que brotan de sus labios cual flores de suave y dulcísimo aroma, que todos ellos (dirigiéndose á los diputados navarros que han asistido á la grandiosa manifestación del domingo) defenderán siempre con todas sus energías, cueste lo que cueste y pese á quien pese, á la Religión y á los fueros.

 Termina con un ¡viva Nocedal! y otros á la Religión, á Navarra católica y á las Asociaciones. Creo inútil manifestar que las aclamaciones y vivas en que ha prorrumpido la muchedumbre al terminar de hablar el señor Mella han sido unánimes y entusiastas.

 Después habla el Sr. Nocedal, devolviendo á Tafalla el saludo cariñosamente, y diciendo: Repito las palabras de mi amigo Mella: él y yo somos dos corazones unidos en la misma fe. Termina con un sonoro ¡viva Mella!, seguido de otros á la soberania social de Cristo, á Navarra católica y á los Fueros.

 Con atronadores aplausos y vivas agradece la multitud al Sr. Nocedal sus afectuosas frases.

 Los corresponsales de Olite, Marcilla y Castejón expresan el delirante entusiasmo con que el paso de los diputados católicos fué acogido por aquel pueblo, prototipo de la religiosidad, de la honradez y de la caballerosidad, y del de Tudela es el siguiente despacho:

 El regreso de nuestros diputados

   Tudela 11 (18,30)

 El entusiasmo al paso de los diputados ha sido indescriptible.

 Abrazados Mella y Nocedal despertaban el delirio en las gentes. Mella gritaba ¡viva Nocedal! y Nocedal gritaba ¡viva Mella! en cariñosa porfía.

 Esto enloquecía á las gentes.

 Sí; vivan, vivan mil años unidos, abrazados los infatigables luchadores. Así les quiere el pueblo, el pueblo bueno, el pueblo que no se ha explicado aún el por qué de los odios y rencores que han hecho estéril todo saludable esfuerzo é imposibilitado la triunfal carrera de los ejércitos de Cristo.

 ¡Benditos sean ese abrazo y esos vítores!»

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