Ángel y mujer

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Ángel y mujer
de Rosalía de Castro



ÁNGEL
 Todo duerme... del aire, el soplo blando  
 callado va, con temeroso vuelo  
 el aroma esparciendo de las rosas;  
 brilla la luna, y sueñan con el cielo  
 los niños que reposan, contemplando  
 flores, luz y pintadas mariposas.  
    
 ¡Niños!, al soplo de mi tibio aliento,  
 dormid en paz, que os cubren con sus alas  
 los blancos y amorosos serafines,  
 y adornándoos a un tiempo con sus galas  
 hacen que en ondas os regale el viento  
 blando aroma de lirios y jazmines.  
    
 Y, en tanto, el astro de la noche, lento,  
 pálido, melancólico y suave,  
 del aire azul recorre los espacios,  
 globo de plata o misteriosa nave,  
 vaga a través del ancho firmamento,  
 por cima de cabañas y palacios.  
    
 Su tibia luz refléjase en la tierra  
 como del alba la primer sonrisa  
 que va a alegrar las aguas de la fuente;  
 y al rizarse los mares con la brisa,  
 cuanto su seno de hermosura encierra  
 muéstrase allí, brillante y transparente.  
    
 Las plantas y los céfiros susurran  
 con blando son, y acentos misteriosos  
 lanza, al pasar, el murmurante río,  
 y a través de los árboles frondosos  
 las estrellas inmóviles fulguran  
 chispas de luz en su ámbito sombrío.  
    
 Todo es reposo, y soledad, y sueño...  
 sueño aparente y soledad mentida,  
 en el mundo del hombre... ¡hermoso mundo  
 cuando, mintiendo, a amarle nos convida!  
 Y es que en que fuese amado puso empeño,  
 quien llena cielo y tierra, y mar profundo.  
    
 Mas... ¿qué pálida sombra cruza el prado...  
 errante, sola, fugitiva y leve?  
 Como si fuese en pos de un bien perdido,  
 apenas al pasar las hojas mueve.  
 Y vaga al pie del monte y del collado  
 cual tortolilla en torno de su nido.  
    
 Virgen parece por la undosa falda  
 y por la blonda y larga cabellera,  
 que el viento de la noche manso agita;  
 bello es su rostro y dulce la manera  
 con que pisa la alfombra de esmeralda,  
 mientras su seno con ardor palpita.  
    
 ¡Pobre mujer!... ¿Qué culpa, qué pecado  
 como aguijón la ha herido en su inocencia,  
 que el calor de su lecho así abandona?  
 Yo sondaré el dolor de tu conciencia,  
 que no en vano a la tierra he descendido,  
 en nombre del Señor que la perdona.  


MUJER
 ¡Qué dulce, qué serena atmósfera respiro,  
 qué perfumado ambiente llenando el aire va!  
 Parece que las flores, de amor en un suspiro,  
 exhalan sus olores, y que con blando giro  
 danzan al son del beso que el céfiro les da.  
    
 ¡Qué soplo en torno vuela de celestial frescura  
 calmando de mi seno el penetrante ardor!  
 Mas yo no busco calma; yo busco la amargura,  
 la acritud y el fuego, y la soberbia dura  
 que engendra con el odio el pálido rencor.  
    
 Rencor.. ¿en dónde, en dónde se encuentra tu morada,  
 que voy buscando en vano la huella de tu pie?  
 ¿Cómo llamarte, dime, cómo mi voz airada,  
 por el gemir ya ronca, por el llorar cansada  
 podrá llegar vibrante do tu morada esté?  
    
 Sin ti, rencor sañudo, sierpe que en cieno anida,  
 sin ti, ¿quién es el hombre que en sierpes se engendró?  
 Hoja que va y que viene del árbol desprendida,  
 juguete a todo viento, fuente que así convida,  
 al que sus aguas limpia y a quien las enturbió.  
    
 ¡Rencor, ven!, y que siempre pueda vivir contigo,  
 en lo profundo escóndete del débil corazón,  
 que no le ablande el llanto del pérfido enemigo,  
 desprecie sus caricias y niéguele su abrigo,  
 y la de paz, suavísima, palabra de perdón.  
    
 Mas, ¡qué templada brisa sobre mi frente pasa,  
 qué aroma, qué deleite de inexplicable bien!  
 Cálmase el fuego ardiente, que mi mejilla abrasa,  
 velos en torno giran de transparente gasa,  
 y con sus pliegues tocan mi palpitante sien.  
    
 ¿Es magia o vano sueño... es ilusión que miente  
 esa azulada lumbre o matinal fulgor,  
 esas doradas nubes de un fuego transparente,  
 que en los espacios flotan, que inflaman el ambiente,  
 que errantes me circundan como una luz de amor?  
 
   
ÁNGEL
  ¡Pobre niña! ¿Qué serpiente,  
  con malicia tentadora,  
  ha tornado pecadora  
  a la paloma inocente?  
     
  ¡Tú, fuente límpida y pura,  
  buscar sin paz ni reposo  
  el áspid más venenoso  
  bajo la peña más dura!  
     
  Detén la osada carrera,  
  vuelve a tu nido, paloma,  
  ¡guay si en tu seno de aroma  
  su presa el milano hiciera!  
     
  Rosa que el céfiro mece,  
  ¿qué harás si aquilón te abruma?  
  Ampolla de blanca espuma  
  serás, que nace y perece.  
     
  Deja a los fieros instintos  
  llenar fieros corazones:  
  corderillos y leones  
  van por caminos distintos.  
     
  Naciste para gustar  
  las dichas del bien querer;  
  si amargo es aborrecer,  
  ¡cuán dulce cosa es amar!  
  
   
MUJER
  Ángel, tu voz de alegrías  
  llega a mi agitado seno  
  como raudal puro y lleno  
  de secretas armonías.  
    
  Murmurios siento de amor  
  inefable, y me parece  
  que ancho río en torno crece  
  con suavísimo rumor.  
     
  Sus aguas son como el cielo,  
  azules, cada onda leve,  
  pureza de blanca nieve,  
  muestra con casto recelo.  
    
  Y salpicando mi frente,  
  de nubes oscuras llena,  
  cada gota una azucena  
  hace brotar de repente.  
    
  ¡Ésta es la paz!... La comprendo  
  ahora, por vez primera.  
  ¡Quién, ángel, contigo fuera  
  las esferas recorriendo!  
     
  Mas yo en el mundo... y tú allá...  
  vives, ángel, junto a Dios,  
  somos distintos los dos:  
  tú eres luz, yo oscuridad.  
     
  Eres de un mundo mejor  
  que éste en donde yo nací;  
  gloria es amar, para ti;  
  para mí, sólo dolor.  

     
ÁNGEL
  Fruto humano es verde fruto  
  que va a madurar al cielo;  
  sólo allí se halla consuelo,  
  sólo aquí quebranto y luto.  
     
  Mas, el que salvo del mar  
  del mundo quiera salir,  
  ni le ha de cansar sufrir,  
  ni fatigarle llorar.  
     
  Que el llanto de un mártir sube  
  hasta Dios, cual puro incienso  
  de holocausto, el cielo inmenso  
  llenando en forma de nube.  
     
  ¡Feliz el átomo leve,  
  que rueda entre el polvo vano,  
  a quien hiere toda mano,  
  y a quien todo pie se atreve!  
     
  ¡Y feliz también aquel  
  que en su humildad confundido  
  no supo herir si fue herido,  
  dando dulzuras por hiel!  
    
  Guarda, pues, niña inocente,  
  guarda el perdón en tu seno,  
  que él te limpiará del cieno  
  que arrojen sobre tu frente.  
     
  Y deja al rencor sañudo  
  dormir su sueño de horrores,  
  donde angustias y temores  
  se enlazan con fuerte nudo.  
     
  Dios te lo ordena: «ama y llora,  
  perdona siempre y espera»,  
  y serás alta palmera  
  que el sol en las cumbres dora.  
     
  Y las santas, tus hermanas  
  vírgenes que guarda el cielo,  
  bordaránte el casto velo  
  que aleja sombras profanas.  
     
  Del hombre el brazo más fuerte  
  sólo es en la humana vida  
  aura que corre perdida  
  hacia el seno de la muerte.  
     
  ¡Belleza... poder.. ventura...!  
  Humo todo, y sólo eterno  
  el mal que vuelve al infierno,  
  el bien que torna a la altura.  
     
  No olvides esto, y al lecho  
  vuelve, que casto te espera.  
  ¡Paloma, no el cielo quiera  
  que halles tu nido deshecho!  
  
.... .... .... .... .... .... .... .... .... ....   

  Y limpia y sin pecado  
  poco después la niña se dormía,  
  que cariñoso el ángel,  
  con sus alas de nácar la cubría.