Áyax

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Áyax
de Sófocles


Personajes[editar]

  • Athenea, diosa.
  • Ulises, jefe de los cefalenios.
  • Áyax, rey de Salamina.
  • Tecmesa, cautiva, mujer de Áyax.
  • Eurísaces, hijo de ambos.
  • Teucro, hermanastro de Áyax.
  • Menelao, rey de Esparta.
  • Agamenón, general jefe de todos los griegos.
  • Un Mensajero.
  • Acompañantes de Menelao, de Agamenón y de Teucro.
  • Coro de quince marinos, soldados salaminos, de Áyax, dirigidos por el Corifeo.

Texto Literario[editar]

La escena frente al campamento aqueo, al despuntar el alba. Ulises escudriña alrededor de la tienda de Áyax, sigiloso y alerta. Silencio absoluto que rompe al voz de Atena.

Atena

De siempre hijo de Laertes, que te he visto al acecho, a la captura de alguna ocasión para poner a prueba a tus enemigos. Y ahora te veo junto a la tienda de Áyax, cabe la mar, al extremo de tus lineas, de hace rato rastreando y escudriñando la huella todavía reciente de sus pies, por saber si esta o no esta adentro. Bien te llevan tus pasos, como dotados del buen olfato de una perra de Laconia: poco hace que esta dentro el hombre, con el rostro bañado en sudor y de sangre las manos que a espada han matado. No es caso ya que se pierdan los ojos por detrás de esta puerta; mas bien de decirme porque te tomaste este empeño; yo todo lo vi y podre informarte.

Ulises

Voz de Atena, la deidad que me es mas querida, que inteligible escucho tu voz, como el son de una trompeta etrusca de boca de bronce, y como se apodera de ella mi corazón, aunque tu quedes inaccesible a mis ojos; bien lo sabias: mis pies me llevan alrededor de un enemigo, Áyax, que suele armarse de escudo. y si, su rastro sigo, que no el de otro, desde hace rato, porque, esta misma noche, es increíble lo que acaba de hacernos-caso de haber sido él realmente el autor, que, de cierto nada sabemos-. De un lado a otro me lleva la perplejidad de modo que, por propia voluntad me he uncido a esta misión; el caso que ahora mismo hemos hallado todo nuestro botín destruido, las reces todas degolladas y a los guardianes con ella juntamente. Todo el mundo le hecha a él la culpa de esto; a mi me ha avisado un espía que le ha visto a él solo recorriendo la llanura y en su mano la espada recién ensangrentada; él me a puesto sobre la pista. Al punto, yo, tras sus huellas me lanzo; reconozco algunas: otras me desconciertan; no puedo saber de quien son. A punto vienes: como siempre en el pasado, también en lo futuro por tu mano me dejo llevar.

Atena

Lo sabia, Ulises, y por ello, benévola, hace rato me he puesto en camino para proteger tu caserío.

Ulises

Dime, pues, mi buena señora, si atinan mis afanes.

Atena

Como que todos estos hechos son obra de este hombre.

Ulises

Y, ¿por qué así su mano ha lanzado, a actuar tan fuera de razón?

Atena

Disgustado y rabioso por el asunto de las armas de Aquiles.

Ulises

Pero, ¿por qué siendo así se ha dirigido contra un rebaño?

Atena

Porque el iba creído de que era en sangre vuestra que se manchaban sus manos.

Ulises

Por tanto, él tramaba contra los argivos: ¿no es eso?

Atena

Si, y en verdad ya fuera un hecho, si yo me hubiera desentendido.

Ulises

Y, ¿de donde saco tal audacia tan firme osadía?

Atena

La noche, el rencor que te tiene: él en la soledad, removiendo en la mente sus insidias.

Ulises

Y, ¿se ha acercado?¿ha llegado al termino?

Atena

En las puertas mismas ha estado de ambos generales.

Ulises

Y, ¿como, pues, detuvo su mano que tanto anhelaba la matanza?

Atena

Yo fui, yo le aparte de una alegría que ya no tenia remedio, yo que sumí en el desconcierto sus ojos y le volví contra el rebaño, las bestias del botín que todavía no se habían repartido y que tus boyeros guardaban mezcladas. Entre ellas se precipita, plaga mortífera para los cornudos animales cuyos espinazos, girando sobre si mismo sin parar, va quebrando, y hora le parece que a ambos Atridas de su propia mano esta matando, hora cree atacar a algún otro caudillo. Yo apremio los ataques de su delirante locura, le empujo a un cerco cerrado de males. y luego cuando cesa por fin en su matanza, ata con cuerdas a los bueyes y a los demás animales del rebaño que quedan con vida y se los lleva a su tienda creyendo haber cazado, no bueyes, sino hombres. Aquí los tiene ahora, atados en su tienda torturándolos.
Quiero mostrarte esta su evidentísima locura para que, en habiéndola visto, la propagues entre todos los argivos. Venga, pues, animo, quédate aquí y no le esperes a pie firme, como quien aguarda una desgracia, no, que yo detendré y girare a otro sitio los rayos de sus ojos para que no pueda verte.


Se acerca a la puerta de la tienda para que, de dentro, pueda Áyax oírle
Oye, tu, tu que tienes a su espalda atadas las manos de tus prisioneros, a Áyax digo, te mando que salgas, que vengas aquí a la puerta de tu tienda.

Ulises

¿Que estas haciendo Atena? No, no le llames que no salga.

Atena

Silencio, ¿o es que no sabes contenerte y vas a acarrear con una fama de cobardía?

Ulises

No, por los dioses, pero quede dentro: ya hay bastante.

Atena

¿Por qué? Pero, ¿qué temes? Él, antes, ¿no era un hombre?

Ulises

Y mi enemigo, si, como lo es ahora.

Atena

Y, la burla, ¿cuando da tanto gozo como cuando es contra un enemigo?

Ulises

Por mi, no hace falta que salga de su tienda.

Atena

¿Temes ver acaso con tanta claridad a un hombre delirante?

Ulises

No le temiera ni le esquivara, de estar él en sus cabales.

Atena

Pero es que ahora no va a verte, ni que estés a su lado.

Ulises

¿Como? ¿como no va a verme si me mira con sus propios ojos?

Atena

Por mucho que habrá los ojos, yo pondré sombra sobre sus parpados.

Ulises

Si, urdido por un dios todo es posible.

Atena

Calla, pues, y estate quieto aquí en donde estas.

Ulises

Me quedo, pues, mas, por mi gusto, mejor estaría en cualquier otro sitio.

Atena

(otra vez se acerca a la tienda de la que se separo un poco para hablar con Ulises.) Y tú, Áyax, segunda vez te llamó: ¿O es que tampoco valoras la amistad de tu aliada?

Áyax

(Sale de la tienda con el látigo en la mano.) Salud, Atena; salud, hija de Zeus nacida, tu que tan bien me has asistido. Te colmaré de despojos cubiertos de ojo por gracia de esta cacería.

Atena

Bien has hablado, sí, pero dime: ¿templaste a placer tu espada en sangre de los soldados aqueos?

Áyax

Si, y no digo que no, que ello es motivo de orgullo para mi.

Atena

¿ También contra los Atridas han blandido la lanza tus manos?

Áyax

Si, y tanto es así que ya no habrá quien haga escarnio de Áyax.

Atena

Estos hombres, pues, han muerto, si yo he entendido bien lo que dijiste.

Áyax

Muertos están , si, y ahora que vengan a quitarme unas armas que son mías.

Atena

Bien, bien, y ¿que fue del hijo de Laertes?, ¿se te ha escapado?, o ¿en que situación le tienes?

Áyax

Aquel zorro astuto, ¿me preguntas que es de él?

Atena

Si, en efecto: de Ulises tu adversario es de quien hablo.

Áyax

Se esta allí dentro, señora, sentado y con cadenas: él es la presa que mas me alegra y no quiero, no, que muera todavía.

Atena

¿Todavía? ¿Antes de hacer qué? ¿que mas ventajas esperas obtener?

Áyax

Antes de tenerle bien atado al palo de mi tienda y...

Atena

¿Que mas mal quieres causarle, pobre?

Áyax

... de bañar de sangre su espalda, hasta su muerte, con este látigo.

Atena

No le tortures así, hasta este extremo, pobre.

Áyax

Cualquier otra cosa que te alegre, te la deseo, pero, a él, es este el castigo que he de darle, y no ningún otro.

Atena

Pon, pues, manos a la obra, ya que hacerlo es tu satisfacción, y no escatimes nada de lo que llevas pensado hacer.

Áyax

Me pongo al trabajo; en cuanto a ti, Atena, este es mi deseo, que estés siempre a mi lado como ahora, como en esta ocasión siempre aliada.
Áyax entra en la tienda.