Último amor (Domínguez)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Último amor
de Antonio Domínguez Hidalgo



Último
Amor


POEMARIO



Domínguez Hidalgo

OBRA POEMÁTICA COMPLETA:
Tomo 18

 
 
UNO

Último amor... POESÍA...
único amor que nos queda
cuando envuelta de la vida
se desnuda en un poema...

DOS

Coger una palabra...
masturbarla,
exprimirle cada sema tiernamente
y engendrar un poema que nos gima
en el coito sin fin de dos silencios,
dedos silencios...

Preñar cada palabra...
conturbarla,
darle matices que no viste
ni calza en sus entrañas...
innovarla,
dotarla de brazos que no existen
y bañarla con sentidos fulgurantes,
trocando el horizonte en mañaneras
caricias de los pubis
y las piernas castas.

Rasgar toda palabra...
desmenuzarla en sus íntimas tibiezas
y al poseerla
hacerla sangrar hasta que implore
vasta...
basta.
 
TRES

Sáciame con tu cuerpo
esta sed de alegorías,
aunque las máquinas bofas
nos reduzcan a estadísticas
y en la sinécdoque erótica
de nuestras marcas poéticas
hazme vislumbrar señeras
ensoñaciones estetas.

Cúbreme con tus besos
esta hambre de poesía,
aunque hermeneutas retóricas
nos desgañiten salivas,
pues la metonimia atlética
de mi gramática erecta
ha de embarazar los textos
con explosión de existencias.

Y a cada mito que brote
de nuestra carne disecta,
destejeremos libreros
de enredadas bibliotecas
donde usureros los datos
se disfrazan de recetas
y piensan que con inflables
los poemas se concretan.

Locas literaturas
que se esfuerzan por llegar
al centro de las metáforas
y se olvidan que en las glándulas
nos crecen todas las páginas...
 
CUATRO

En una esquina la vida
me enripia de amor rendida
y en su corset homicida
me muestra lo emblandecida
de su mueca humedecida
que me abraza enloquecida.

De amor difuso me impera
y me palpa aventurera...
me golpea su cabellera
y me monta guerrillera
levantando la bandera
de mi pasión novelera.

Y huele a mis años mozos
de sudores sin reposos,
de nocturnos alborozos
y de llantos y de gozos
y de cantos y de esbozos
y de gritos ardorosos.

Y libre ya del silencio
con su sola voz sentencio
cuando turgente presencio
el orgón que reverencio:
De gozarla me licencio
y en ella me residencio.
 
CINCO

Amor en su quinta vista
desde el primero soñado,
inalcanzable, alcanzado,
llorando de pesimista,
tejido de hoy optimista,
pero quizá malogrado,
siendo risa, siendo enfado,
tal vez sado–masoquista.

Amor que otra vez regresas
con tus pezuñas diabólicas
a desgarrarme bucólicas
serenidades con tiesas
energumenias, malezas
que en bacanales alcohólicas
dejan siempre melancólicas
las huellas de tus larguezas.

Amor que otra vez reinvades
la sangre que me explosiona
y en sutilezas de encona
más horas al tiempo añades...
Sólo te pido que apiades
tu insensatez valentona
y en tu embestida cabrona
mi corazón ya no horades.
 
SEIS

Acróbata mi corazón
en un trapecio
danza de amor
sin temer
a las alturas
y entre cables de acero
inobjetables
se lanza al clamor
sin dolor
de multitudes desarmables.
Girando maromero
por los aires
retoza sus espacios
de alborozo
y en la sístole completa de su baile
se aferra a su lectura
inenarrable.
Cirquero corazón,
músculo imberbe,
no olvides que en algunos de tus saltos
has caído
desangrando
tus despliegues
y el aplauso que esperabas
y los bravos
se quedaron apresados en las redes...
 
SIETE

Muero de amor incontrolable y loco
en este océano de concretos y canteras,
mientras me inunda mojigata la atadura
que me detiene ante su cárcel húmeda.
Sucumbe el cuerpo con la piel urgida
y vuela el sueño con pesadas cargas
hasta la cama donde me agoniza
el beso que la carne brama.
Lleno de hiel,
rasco cielos,
tiendo antenas
y rompo en mi tropel toda barrera:
la del sonido insulso...
la de la luz violeta...
la de la quinta dimensión aún virgen...
la del infierno flagelado a rímel.
Agonizante y túrgido,
volante al tacto,
el sexo busca en la extensión de un páramo
la fosa tibia donde beba ardiente
el magma sólido que más no se vende
y calle en mí,
viaducto esclavo,
nivel sin fondo,
pasión sin altos
se me revuelcan los manejos turbios
y sobre el bálano...
baila el prepucio.
 
OCHO

Decir amor es comprender el bosque
desde una rama que se agita seca
y en el instante de cortar manzanas
tener que huir tras de la sed dispersa.

Decir amor es resanar el tiempo
con los escombros de murallas rotas
donde gimieron los clarines locos
tras el derrumbe de incendiarias horas.

Decir amor es sucumbir al nunca
que se recubre en el temblor de un siempre
mientras al paso que jamás se vuelve,
caen Babilonias y Gomorras putas.

Decir amor es ascender al monte
donde nos dictan mandamientos sordos
y en el instante de pecar por orden
gritar que sí… a latigazos de odio.

Decir amor es desterrarse al huerto
donde unos labios besarán su oprobio
y entre las cruces de algún cementerio
cavar la tumba de un martirio tonto.
 
NUEVE

Con un bulto de amor bajo la ropa
te busco en el rincón de algún pretexto
y apenas vislumbro tus cadencias,
como torpe cazador de miedos,
se me alza la pasión con tu promesa.

Y violo tu silencio con mi prisa
de torpe sembrador en un desierto
y te hago de palabras una hoguera
para aunar mi desnudez a los incendios
con que tiembla mi red ante su presa.

Mas no pueden desvestirse los misterios
en la absurda intemperie de lo nuevo,
porque escarbo y no encuentro las fisuras
donde intente rescribir tu música.
E indago en los recuerdos que me tientan
su agotada soledad de oferta
y detengo los labios
y las manos trémulas
para acallar la fuerza…
que se me nota enhiesta.
 
DIEZ

Amor que vas escondido,
oculto entre mis vergüenzas,
envuelto en palabras densas
de rumores y de olvido.

Amor que brindas sentido
a soledades intensas
y esculpiéndolas, inciensas
tus estatuarias sin ruido.

Amor que naces del semen
fogonero en sed eterna,
atízale tu lucerna,
haz que sus fuegos blasfemen
y entre las llamas que quemen
sus terrores sin linterna,
húndetele en su caverna
donde tus delirios tremen.

Y ante la lucha que llega,
con tu fortaleza en alto,
con durezas de basalto,
con tus armas de estratega,
su terca iglesia doblega;
embriágala por asalto
y con furor de cobalto
liquídala con tu brega.
 
ONCE

Un miedo nos separa
y nos acerca
como oleajes que se van...
pero regresan.

Y huyes de mí,
aunque nunca lo quisieras
y huyo de ti,
aunque acaso lo pudiera...

Poseídos de amor nos enlazamos
como arenas que se pierden de tan tersas
y en abrazo genital nos anudamos
sin temer a los escándalos del delta...

Y exploro el laberinto
de tus labios
y me inundo con tus ojos
de cascada
y navego por el torso tibio
de tu océano
hasta hallar la carabela
que nos salva
y nos eleva.
 
DOCE

Como todo amor atado, envuelto en cirios,
no me importa derretirme entre los siglos
esperando que tu cuerpo llegue brujo
a revivir mi cadáver de nocturno,
pues en el hechizo de tus brazos sierpes
–y detenido el mundo–
barajo las cartas del sesenta y nueve
e indagando tormentosos albedríos,
liberamos nuestros miedos conturbados
al saber que en las alquimias de los magos
nos divagan incansables en sus giros
las volutas pitonisas del prodigio.

Y aunque milenios bailotean sus años
sobre los minutos que sienten tus pasos
y aunque las princesas danzan sus semánticas
y aunque los pastores retañen sus flautas
mis estatuas de marfil no se doblegan
–inmóviles aladas–
y persisten encantadas y hechiceras
alargándome a destiempo el duro goce
de sentir el cesto fiel de tu venida
que me ofrece su manzana y blanca sidra
para hacer en plenitud de hogaza insomne
el cálido pan nuestro,
de cada noche.

Y con el ritmo impulsor de nuestros sueños,
moldeando milagros, dedos pasajeros
erguirán nuestros altares de franquicias
que serán la recompensa a mis vigilias
cambiando brujerías al exorcismo
de tu cuerpo en mi cuerpo, hecho divino,
en sacro espectáculo donde las hostias
salen de su cáliz a calmar las horas
consumando entre labores de gemidos
aquel lánguido acoplar de los ladrillos
donde se concluye paredes exactas
para encerrarnos en nuestra casa sancta.
 
 
TRECE

Glorifico tu inocencia de terruño virgen
donde mi espiga floreció un verano
a mitad de tu núbil primavera,
diecinueve emociones otoñales
penetrando el secreto de un invierno
que aún no sabes...

Glorifico el recuerdo de tus sueños prófugos
en la escondida de tu sangre huyendo
tras la ronda de pilares dulces
donde dejaste mariposas íntimas
revoloteando tus carreras cuerdas
sobre avionetas pegadas al suelo
de tus cielos.

Glorifico el fulgor de tu asombrada risa
cuando se burla de fines felices
y en pose ingenua de veintenas locas
te me distancias en cámara lenta
mientras contempla mi cinematógrafo
la foto del recuerdo
que se cierra.


 
CATORCE

Ahora que no tenemos prisa...

Ahora que apacibles tibios fuegos
nos seducen al reposo desnudo de las ansias
y se escuchan apenas allá afuera
las calles retorciéndose de manchas...

Ahora que no hay brasas truculentas en la cama
bailoteando su frenética esperanza
de alcanzar la plenitud de su estrategia...

Ahora que dormita el guerrillero
las blanduras de su fuerza
y ha dejado de temblar en las paredes
la voraz sombra chinesca de mil monstruos
en escena
y el candil que nos delira y nos altera
está apagado...

Ahora que no hay sí ni sigue entre las voces
que se abren matizando los encantos de la fiebre
al impulso más violento de los roces
y sin tarde ni alborada nos escurre
el tiempo enerve...

Ahora que no hay yas
ni resoplar
ni lágrimas...

Ahora que no hay más…
ni eternidad
ni acaba...
Ahora que no hay nombres en pulsión apretujados
ni un caerse al infinito sin pasar del mismo espacio...

Ahora...

sólo queda sentirse ensoñación de terciopelo,
lasitud de nube envuelta en sedas
y arrinconarse en el centro de un diván tan ancho
que nos llene los recintos torturados
por el burdo martilleo de las hormonas francas.

Ahora que no hay prisa por disfrazar el cuerpo
con vestuarios del arcón trillado,
abierto a los engaños cadenciosos
de creerse en paraísos,
ni hay porqué revestir con ardideces
la carne pasajera
ni el corazón hipócrita
ni la palabra aventurera...

Ahora,
en este instante de extasiados muslos
y vientres serenos,
de punzantes pantorrillas y brazos amenos;
placidez de ojos cerrados uniéndose al recuerdo,
ahora es conveniente suspirar por los ahora...
ahora...
ahora...
que acoplaron la llegada fugitiva
de unos segundos fúlgidos
para tantas horas fútiles...
 
QUINCE

De todos modos el silencio muerde
aunque estén satisfechas con su hechizo
las glándulas más íntimas
y nos recline en una angustia tenue
que se disfraza de sonrisas verdes.

Esclavo de un amor que me encadena,
sucumbo otra vez en mis giros de veleta
y ninguno de los cuatro escurridizos vientos,
lastimados en su treta de refrescos,
puede hacerme recobrar el movimiento.

Intento separarme los grilletes,
mas no puede mi miedo a ser liberto,
porque en esta plenitud de encierro,
prisionero en mi cárcel que se alarga,
disfruto sepulturas que me atan
a tu cuerpo.

 
DIECISEIS

Aislado en mi tortuosa inercia,
solo en mi lecho de anticuadas rosas,
me aborda el sentimiento de tu ausencia
a plena noche
y quedo hecho una estatua que suspira,
doblegado ante ti,
que estás ya en otro sexo
repitiendo estribillos sin recuerdos.

Y un incendio me derrite los aceros
de tanto imaginar tus danzas lúbricas,
de tanto pensarme en aquel cuerpo
que no es mi yo, sino un extremo,
allí donde se mueven tristes lunas
que no alcanzan la mitad de mi reflejo.
Y ahogándome los llantos con arenas
mis párpados cansados de rabiar
me encierran
y me quiebran
en los vastos diagramas
donde duermo
los regazos de algún sueño:
esclavo de tus piernas que me anidan,
prisionero de tu piel que me empecina,
sujeto a tus labios y a tu incendio,
enceldado en tu mirada y en tus besos
cadeneros
te poseo
y en videos instantáneos te contemplo
gimiendo indiscreciones de otros sexos.

Y descubierto el fuego
donde abrasas tus deseos
me incinero solitario,
sin ti
que te vas en carabelas,

Y de pronto me quedo
en medio de los gritos que maldicen
el insomnio que en tus locas risotadas
se despierta
y me desgarra cáustico,
libre de magias,
sin sortilegios,
sin artilugios,
mientras perezco en la verdad
que siempre acepto,
envuelto en vocaciones de tormento.
 
 
DIECISIETE

Amor...
con tus candados de cristales
apresas emociones estivales,
lejos ya la primavera que me deja
al borde de un abismo que se queja.

Amor...
cuarentena de horarios cada paso
te me inundas de lluvia a cielo raso
y el descuido que se paga con el llanto
enmascara mis lágrimas de espanto.

Triste sonrisa conceder el fuego
cuando le apaga nuestro propio riego.
Arduo dolor que nos escupe infame
y paraliza inicuo, mientras te ame...
 
 
DIECIOCHO

Desciendo rutinario hasta tu cuerpo
mientras yaces muñeca de nieve
sobre el lecho
y dejándote amar...
sin más pretextos,
me descubro en tu pubis de concreto.

Discurro mi furor por tus entrañas
e inmóvil tú,
paja de hielo,
bajo mi ardor,
indiferente al beso,
te abandonas a mis choques locos
sin importarte mi tenaz asedio.

Me quemo de ti mientras te guardas
en un ciego paisaje que no leo
y en el curso cursi
de nuestro discurso quieto
tu mirada vacía me parece
la tácita frialdad de un esqueleto.

Y perdido en los espacios de mi entrega,
turbado el pulso alado en sus fragores,
disperso mi potencia
doblándose a tu inercia
y mi voz agotada en sus pulsores
divaga en universos de rencores.

Rabiando circulares las envidias
me clavan sus dudas las insidias:

En qué callada filmación proyectas
temblores de imágenes erectas...
En qué recuerdos te diseñas llama
que forja incendios en oculta cama;

En qué distante carnaval te esfumas
mientras sucumbo en el dolor que exhumas.

Mas tú...
hierática silueta..
hermética careta...
dormitas en quietud tan extendida
que es risible la historieta
y yo caigo
en la cuenta
conocida

...conocida...
 
 
DIECINUEVE

Cómo ronca el amor
sus borracheras largas
y bosteza de sed
en sus ojeras;
cómo yace en desespero ardiente
anhelando la copa que no llega;
cómo ahoga el dolor
sus juegos arduos
inútiles al beso
y al embauco,
porque todo se enreda en los azares
que cambiaron la ruta de sus aires.

El esfuerzo de las piernas sostenidas,
el alegre complot de detenerse,
el precoz conceder sin entregarse
y tenderse a recibir los alcatraces.

Todo es llanto al recordarlo pasajero;
ya sin calor,
sin el ardor del ruego;
sin la promesa de otra noche lánguida
que nos acabe hasta las gotas falsas;
sin la esperanza de cambiar secretos
por algún estremecer
sincero.
 
VEINTE

Artesano corazón que te has quemado
en la hoguera,
otra vez última,
de la rima patrañera
y el ripio sin dolor,
consumido en la madera
de tu absurda compulsión,
deja de labrar piruetas
en la mórbida caldera del amor
y olvídate la oferta
que en un marketing siniestro
te confunde en los mercados de las urbes
de cartón.

Carpintero corazón
ya no inventes bastidores
que sostengan las paredes
donde tramas clavo a clavo
sostenerte la ilusión destornillada
de otra voz.
Tampoco tejas loco los vestuarios
que se han roto
a mitad del escenario
cuando diálogos cañutos
han tirado tu telón.

Corazón de orfebre son,
ceramista de algodón,
deja ya tus liviandades
que no admiten más edades
en tu burdo diapasón
y no bailes contradanzas
en tus borrachas andanzas,
porque en labriego sosiego
nacido a pólvora y fuego
se va haciendo triste el ruego
y risible el lexicón.
 
 
VEINTIUNO

Qué adiós tan sutilmente diseñado...
qué manera de calarme con tu ausencia,
qué intriga soportar la espera
que no termina nunca
y cuando acaba,
recomienza.

Qué remolino de espejos en la mente
excitada por memorias cínicas
que palpitan de pasión y envidia,
morbo insolente
de no ser tú en mí por ti mi cuerpo víctima.

Qué torbellino de tormentos lentos
saber que en otro ser te siembras
y comprender que en el arado surco,
tierras irónicas,
se muere el árbol que te dio su fruto.

Qué confusión al contemplar las sombras
y no acertar si es la tuya que retorna
y entre puñados de fantasmas músicos,
cantatas ciegas,
perder tu voz que se me borra muda.

Qué angustia esta angustia de distancias
que se deja morir emparedada
y oxidando la cadena que sepulta,
rota la escala,
yace al fin en el vacío,
sin más palabras.
 
VEINTIDOS

Algo de ti murió esta tarde
al paso del sol que te vestía...

Fue como un distanciamiento de palomas
que lloraban de amor en la ventana.

Fue como saber que otra conciencia
temblaba entre las ropas que se iban
y al centro de tus ojos la nostalgia
te quebraba de urgencias que esperaban.

Y comprendí las rapideces de tu oficio
ante los pesos de una mente ajena
y ni mis labios anchos ni mi lengua
pudieron retener tus aforismos.
Algo de ti huyó por siempre
y mi inventado paraíso absurdo
- último -
tiró el adagio de los epicúreos
para erigirse monumento estoico.
 
VEINTITRES

Agraz hoy nuestra misa ha terminado
y tú vas feliz orando risas,
mientras que yo,
amén solemne,
consumo el vino de mi sed funesta
y sin más verme,
pero acaso mirando irreverencias,
enciendes el auto sacro
de tu juego escarnio
y te alejas sin unciones
cuando los clavos y el martillo truenan
el aullido de mis manos
y el campanario de mi iglesia rota
toca a rebato por mi fe caída
y ya sin esperanzas lábiles
dejo escapar mi caridad hipócrita:
que la dicha te acompañe en otra cama
y oprimiendo mi ansiedad de abrazos,
eternas cruces,
golondrinas burdas,
me abstengo la alegría del cáliz
y excomunión abierta
arengo a mis presas herejías
y mancillo el muro de tus arquitecturas
hasta roerme los cimientos.

Si un castillo y una dala sostenían
tu mundo de piedras y de inciensos
ahora con dos golpes de piqueta
y una pala sin amor para el escombro
derrumbo el calicanto de tus bardas falsas
y rompo los estucos de mi cárcel sitiada
por tu Biblia muerta.
 
VEINTICUATRO

Suena el silencio su funérea sombra
y gritan sus campanas solitarias
mudeces entumidas de plegarias
por miedo de saber a quien se nombra.
A paladas su escándalo se escombra
entre llantos de manos arenarias
que han dejado cernirse pasionarias
el dolor de una muerte que no asombra.
Así se va el amor, sin más sospecha
que el aroma cambiante de una hora
o la espera que a gotas se desecha.
Así se va el amor que nos devora
taciturno en su tumba que lo estrecha
con turbios cementerios donde llora...
 
 
VEINTICINCO

Un llanto de amor reseca el aire
y lo diluye entre las tierras huecas
de un suspiro
donde se engendran esperanzas ruecas
de tejer otros olivos.

Llanto que nace de una siembra ida
en el decurso de un labrar tardío
y entumecido
no alcanzó ni a renacerse espiga
ni a cosechar alivios
o por lo menos lirios.

Llanto que brota sin vergüenzas machas
burlando sierpes de maricas fauces
y florecido
ya nada impide consumar cadalsos
donde se ahorquen humos
y se humillen tedios
o en un jamás los versos.

Llanto que libra del cansancio eterno
por tanta ansiedad de retenido géiser
que a pleno incendio
nunca le alcanza para hacer del fuego,
agua que vuele tras su propia escarcha
hasta saciar sus ruegos
de unidad dialéctica
que no desangre el tiempo.

Llanto que arrulla a la razón volátil
en su jaula de universo en cero
y revistiendo trinos
con renacientes alas
nos conduce subyugando duelos
entre los aires de guitarras sobrias
y violines locos
para aclarar sofismas de tragedias mínimas
y resolverlos en las diafanías



...de una sonrisa críptica.
 
 
VEINTISEIS

Olvidaré...
en una sonrisa tan solemne
que nadie...
nadie,
nadie pueda sospechar frivolidades
en mi claustro
y al centro de mis sobrios enrejados
encerraré tu huella
donde burdos candados de un poema
apresen las ganas de pedir
que vuelvas.
 
 
VEINTISIETE

... pero si rompo el yugo
se caerá la higuera
donde libaban chupamirtos locos
y los tezontles del palacio trunco
se harán arenas de harineros torvos.

Mis tempestades romperán los nardos
para asfixiarte con perfumes muertos
y en el velorio de tu red de plomo
enterraré mis horizontes cándidos
entre la escoria de tu amor cobarde.

Las invictas erupciones de mi infierno
taladrarán las aventuras de tus nichos
donde rotas en esquirlas mis estatuas
caerán a los mictlanes del asombro.
Orgías celestes pulsarán las arpas;
harpías del llanto cantarán insomnios
y las columnas de funéreos músculos
dormitarán de su fulero espasmo.

Vientos de calma romperán esquemas
de telarañas marrulleras rutas
entre las moscas que darán su ofrenda
a tu zumbido de infectadas músicas.
... pero si rompo el yugo
serás,
me comprometo,
el amor último.
 
VEINTIOCHO

Por ti me astillé las manos
y no grité...

Con tu cuerpo de tablones burdos
me convertí en piltrafa de carpintería
y en una escuadra de dolor desajustado
se me turbó la duela fina.

Y hoy...
en un crujir sin odio
–Tanto he odiado–
astilla más,
astilla menos,
sólo me duele la que entró esta tarde,
y ahogando llantos,
no puede salir de entre mi piel
que aún me arde...
 
VEINTINUEVE

Un corazón
–señuelo triste–
se acurrucó en mi daga
para cubrir el llanto
de las palabras
y en el transcurso ciego
de sus desahogos
sorbió la huella de un dolor cansado
entre los despojos de camas sudadas
con que embalsamaron su dolor de semen.

Y a la pregunta de algún ruego intacto
se acongojó en respuestas claras,
porque mi sed adormecida en tiempos
de látigos sombreados
más no supo aprisionar su liquen
que destrozaba el viento
como a unas hojas que cayendo indagan
lo que marchito pasa.

Mustio después
–bajo exiliados tálamos–
lo levanté sin lacras
para entregarlo al sol hambriento
que devoraba nupcial
–diástole túrgida–
su alba dispersa.
 
TREINTA

Inacabable sed que no sacia ninguna agua,
porque no hay agua para esa sed
que no quiere agua,
sino mortaja,
vasija que la dome y la evapore,
aunque caiga después desperdiciada
en otros surcos
sin nada.
Ineluctable frío que ningún fuego lo entibia,
porque no hay fuego para ese frío
que no quiere fuego,
sino ceniza,
residuo que lo acabe y lo disperse,
aunque un día cualquier mano calculada,
piadosa lo recuerde
en una frente.
Imperturbable inercia que no mueve ningún aire,
porque no hay aire para esa inercia
que no quiere aire,
sino su asfixia,
soga sin carne que se desgarre,
aunque el cadalso donde se impulse
sólo se vista
con su cadáver.
Irrevocable andanza que no busca más su tierra,
porque no hay tierra para esa andanza
que no quiere tierra,
sino guadaña,
tajo que corte con los hervores de la semilla,
aunque con ello se tire al rictus
de las alquimias que van tramando
la vida degollada...
 
TREINTA Y UNO

Cuando el amor se nos cayó al silencio
de las espaldas
y ya no quise navegar sin vientos,
dejé el velero,
tiré las anclas
y convertido en el punto muerto
de mis amarras
me ahondé en la arena de álgidas playas.

Náufrago estricto,
sin siquiera un viernes,
no acepté derivas
y al oleaje impacto de tus signos tercos
me vestí con dunas
los tesoros tristes
y en la exacta nota de mi puño a rastras,
la botella a cuestas,
escribí el bullicio de mi muerte casta:
como no encuentro soledad que entronque
con mi red poética,
cavo en esta isla de mi mar sin letras
las últimas páginas
de un cualquier poema.
 
TREINTA Y DOS

Me vestiré como mañana fría
con trusa gris
y neblina por camisa,
pantalones de rocío
tan húmedos
que no puedan calentarse los conductos
de las ganas
ni los cuerpos cavernosos
ni la sangre que se inflama
y al medio día de los inviernos pálidos
ascenderé montañas frígidas
sin importarme el viento helado
ni los senderos gélidos
de las escarchas...

Desnudo al látigo de la ventisca algente
doblegaré las garras de los aires estrellados
y templaré mi carne pordiosera
entre el blancor de alguna falda trágica
para llegar a las alturas níveas
de mi cumbre a toda asta
donde rodando aludes
despeñaré una lágrima.
 
TREINTA Y TRES

Guardé el amor en un arcón de hielo,
harto de llantos
y ultrajarme en celos.

Colgué el desvelo de unos ganchos grises,
muerto de intentos
y poses risibles.

Boté en un cesto mis esperas náufragas,
loco de ruegos
y sonrisas máscaras.

Seco de labios y de brazos mustios,
sin más ropas íntimas
ni más ojos turbios
metí en el armario la ilusión pagana
de un amarse ateo
y desvencijado me tendí en la sábana
escarchando el nervio.

Piel glacial...
me acurruqué en la nieve.
 
TREINTA Y CUATRO

Quiero morir de poesía esta noche...
mientras el viento
me descifra lento
el orgullo herido
en mi fe de arrullo y nido;
mientras el recuerdo se desnuda
en mi garganta
y lucubra vericuetos de silencio donde duda
y me quebranta;
mientras mi alforja ruda
sólo guarda una neblina rota
donde el fantasma de mi sueño flota.

Quiero sentir en mi nocturno quiebre
el llanto gris de un ataúd pesebre
que se solace en la promesa fatua
de amanecer solemne
en urna parca
inerme.

Quiero morir entre unos versos nítidos
que no hablen más de vagas risas
ni de óperas sumisas
ni de farsas profetisas.

Quiero hacer con mis estrofas copuleras
unciones de cantatas y elegías confesas
donde corran sus cadencias frescos himnos
que derramen sus octavas redondillas
en las odas madrigales de sus liras
por un mundo renovado en mis delirios,

Quiero matar la copla inútil
y perecer en la sílaba inconsútil
que ya no cante en suplicantes labios
a aquella espina de los desagravios
donde quedaron los acres resabios
de una soneto vacuo y un romance fútil.

Quiero saberme en mi tendida alfombra,
lejos de ti,
de tu esperanza calva;
harto de mí,
sin componer la salva
que me rotule en sombra
la cursiva vana
de un poemario
magro
y un rosario
flagro
por un amor que agonizó mañana.

Quiero morir de poesía esta noche...
como una afrenta a tu libreta en blanco
que se esperpenta
tras la careta
de tu mundo manco
que nunca pudo,
siempre espacio mudo,
renacerse manos para redactar estrellas
o pintarse de árbol para amar centellas
o cifrar castillos en la arena informe
o trazar acaso algún borrón deforme
o escribir siquiera...
tu nombre.
 
TREINTA Y CINCO

En el sofá me tiendo
a desecar el llanto
para formar la estatua
de un desencanto
y en los mullidos versos
de mi almohada sobria
humedezco el sueño
que ya no retorna...

Tibia estalactita
de un sutil veneno
que me va nevando
cada sentimiento
y en los besos lánguidos
de su fantasía
le da el toque justo
a un adiós suicida.
 
TREINTA Y SEIS

Ay qué corazón tan roto
por culpa de unas carnes putas
que me vendieron su astucia
en tres centavos de burla
y disfrazadas de lúbricas
me lo embarraron de estorbos
donde colgajos de lodo
lo convirtieron en plomo.

Ay qué corazón marchito
por mis locuras de flama
que no ven tras las palabras
sus calabozos de paja
y en sus ardores de magia
se quema en cualquier cerillo
donde un flamazo sin ruido
lo vuelve escombro vacío.

¡Ay qué corazón tan otro!
 
TREINTA Y SIETE

Ripioso el corazón encanecido
sabe tanto de amor como de llanto
y corto se repliega al diccionario que lo ciega
para ver solamente los vocablos
que no encuentra.

Juicioso en desamor,
encallecido,
sonríe con los besos que deslíe
y cuelga a tenderos
donde secan sus esmeros
la locura de cazar abriles.

Añoso el tierno amor…
endurecido
se calla la furia
que lo estalla
y cerrando los ojos a luciérnagas
- de hinojos -
las deja circular
con sus erratas.
 
TREINTA Y OCHO

Eso que nombran amor
me sulfura y me provoca,
me devasta y me sofoca
con su cadena de actor;
me amortaja y me convoca,
me reduce y me trastoca
con su condena de error.

Eso que claman amor
me seduce y me abandona,
me atormenta y me apasiona
con su tórrido escozor;
me avejenta y me ilusiona,
me congela y me emociona
con un sórdido temblor.

Eso que llaman amor
se me acomoda en el pecho,
se me desnuda en el lecho
y me confunde el dolor
de ver mi universo estrecho
y un porvenir contrahecho
que se disfraza de flor.

Eso que gritan amor
se nos viene gota a gota
por cada glándula rota
en sus hormonas de ardor
y en el espasmo que brota
con su frenesí que agota,
nos sucumbe en su furor.

Eso que exclaman amor
se nos acerca y nos cura
labrando la sepultura
donde se entierra el fragor
y en la hora de alba madura
se nos convierte en basura
que nos cala con su hedor.

Eso que citan amor
desde el primero hasta el último
siempre es un antepenúltimo
que desmorona el rencor.
 
 
TREINTA Y NUEVE
De todo hago un poema...
qué cruel cursilería,
dicen los sabios del control televisivo,
pero me alivia
de leyes cretinas
y acaso estos mis vómitos
que por hoy sólo me cuestan
la vida,
mañana o cualquier día
hasta muy caros se vendan
cuando algunos ratoneros
de espaciales bibliotecas
escarben las antiguallas
de estos siglos primitivos
y descubran que en mis letras
había vergas precursoras
del avance en mi planeta;
cuando libros cosmonautas
de su cápsula comprendan
lo que era vivir de estrellas
en épocas virulentas
donde atávica y salvaje
en su estentórea veintena
la tierra aún se espantaba
de sexologías sin dioses
y persignando culos
exorcizaba vírgenes,
si ya no eran estrechas
y conjurando clítoris
de hipócritas deslices
los vestía de blanco
en camas de altas almohadas
humedecidas de llantos
y de bendiciones sacras.

De todo hago un poema…
qué me queda,
hombres y mujeres de otras estrategias,
de siglos futuros
libres de conjuros…
donde a carcajadas nuestras calaveras
los miren amarse sin programas mudos
y en el coito terso de ayudas eléctricas,
amantes virtuales
no les hagan tretas
y bien escogidas
según estadísticas
de sus cibernéticas,
siempre los envuelva la energía hedonista
de la poesía.
 
 
CUARENTA

Amé todos los sexos y todas las entrañas...
busqué en toda tibieza la lumbre que esperaba;
ahondé en templadas vainas de fuego arrebatadas
y resistí la angustia de penetrarme dagas.

Aré en la red suntuosa de telarañas viles...
pisé la vid agreste de la primera virgen;
tomé el aroma fatuo de trasnochados filmes
y derramé en el aire los putañeros ligues.

Agité mis banderas en las cuevas celestes...
y doncellas sedientas me tatuaron sus preces;
victorioso de embates violenté el himen feble
y en un hijo volátil me quedé entre sus leyes.
Trepidé bajo ropas que bailaban de teas...
y fingiéndome teatro me exhibí sin fronteras;
desnudado en proscenios que alababan mi fuerza,
me vendí a las posturas de vestales sin rejas.

Cavé en el miedo abstemio de confrontar tres cuerpos..
y me clavé en la hondura de los nuevos deseos;
ceñí la alforja de agua mediando experimentos
y emparedado en placer sucumbí en manifiestos.

Me revolqué en la noche de espionajes sin tacha...
y sin sentirlo nadie me vestí de ventana;
recorrí las cortinas y me ahogué en tantas camas
que mirando en las sombras me sacié con fantasmas.

Sacudí las neurosis con fetiches de polvo...
y en botellas sin vinos me bebí los escombros;
recogí fantasías de diluvios tortuosos
y un espejo narciso me baño con su lodo.

Busqué en la flor pequeña de los besos oscuros...
y mi espadaña cálida derrotó su escudo;
metí los puños rígidos y los dedos mustios,
mas no encontré a mi asombro la plenitud de junio.

Vibró mi piel deshecha tras el señuelo hipócrita...
de medio rato absurdo y eternidades yogas;
abandonado al borde de mi zozobra histriónica
pensé en la soledad para siempre en mis alcobas.

Y giré hacia los ritmos de las sangres mensuales
y escondí mi leyenda rebordando antifaces
como erecto cometa que retorna a sus cauces
y en un hosco revuelo se libera de mares.
 
CUARENTA Y UNO

Caminaré entre libertades sobrias
con un verso de amor
sobre mis manos,
sin que pueda explicar
qué es estar solo,
sin que intente decir
qué es lo que no amo.

Si mi cuerpo con los cuerpos
se ha erigido
y mi carne con las carnes
se ha deshecho,
cómo voy a confiar en escultores
que revivan lo que ofende
de tan muerto.
Sólo resta comprender tantos descuadres
en mi música estrujada
de saetas
y volver a principiar
la sinfonía
en la lúcida feria
de otra orquesta.

Sólo queda murmurar unos segundos
las cosquillas fugaces
de mi química
y después de enjuagar
las mariposas
retomar tu sendero,
poesía...

Nutrida de pasiones consumadas
la vida dictará
literaturas
y el aroma que nos deje
en sus palabras
parirá con semiosis
sus liturgias.

Amar y desamarse...
impecable labor
en cada oficio;
atarse y desatarse sutilmente
de estribillos saturados
diseñando estrategias
al estilo.

Y volver a enamorarse
y cumplir irreprochable
superando las siluetas
de los libros
y otra vez abandonarse
saboreando el recuerdo
de los himnos.

Y reacoplarse en otro tiempo
inoxidable
con el trino alborotado
y en rincones de largos erotismos
hollarnos las máscaras sagradas
con que fingen cobrarnos alquileres
los estados deleznables.

Hallazgos de existencias duraderas
sin falseadas ficciones
de lo eterno
con distancias se alimenta
y se atesora
y en un encuentro viejo
se renueva la aventura de las rosas.

Sentir la dialéctica del juego
con que mueven tantas fichas
nuestra historia,
es mejor que prometo eternidades…
da más luz que quedarse
en ciegas copas
a cantar oscuridades.
 
 
CUARENTA Y DOS

Regreso a ti... poesía...
con la voz enarbolada y el corazón en alto;
con los sueños vivos y el caminar más ancho;
con la esperanza tenue, pero seguro el paso.

Regreso a ti...poesía...
como se vuelve al ritmo de una guitarra;
como se canta el verso que se olvidaba;
como se aspira el aire cuando nos falta;

Poesía…
te abandoné en una esquina bancaria
seducido en las imberbes artimañas
de esas calles promisorias de aventuras
que al final de tantas luces de artificio
te derruyen en las sombras de los ruidos,
te derrumban si no vendes a penumbras
y hasta el íntimo pudor te rasgan.

Poesía…
si vuelvo cabizbajo y nostalgioso
no es por eso que dejé en los basureros
con sus olores agrios y sus sudores muertos,
sino por ti, que aún sigues tan intacta
como cuando te orillé a los límites
de un despertar sin salvas
y tu quedaste paciente en los facsímiles...
inmersa en tu inocencia de primera amada.

Poesía…
déjame acurrucar en tu regazo de palabras
como el niño solitario que jugaba con metáforas
y volaba en su azotea hasta la plaza;
déjame anidar entre tus versos campanarios
como el niño arrodillado que en su canto
creía que Dios no era de barro;
déjame jugar con tu visión de fantasías
como antaño, sin horarios ni maquilas...
solamente esperando el rumor de tus espigas.
Poesía…
hazme sentir tu compañía de mitos
en el desierto de estos días sin símbolos
como quien sabe descifrar enigmas
entre los motivos de tu alegría
y en un abrazo de rituales prístinos
cubre mi cuerpo con telajes místicos
como quien vuelve a despertar más casto
al ver tu imagen en eterno orgasmo.
 
 
CUARENTA Y TRES

 
Último amor ya tan frío
que irá congelando el tiempo
y en un glacial infinito
tendrá su estatua de hielo...