A Elpino

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A Elpino
de José María Heredia



¡Feliz, Elpino, el que jamás conoce 
otro cielo ni sol que el de su patria! 
¡Ay, si ventura tal contar pudiera...!

Tú, empero, partes, y a la dulce patria 
tornas... ¡Dado me fuera 
tus pisadas seguir! ¡Oh! ¡cuán gozoso 
tu triste amigo oyera 
el ronco son con que la herida playa 
al terrible azotar del Océano 
responde largamente! Sí; la vista 
de sus ondas fierísimas, hirviendo 
bajo huracán feroz, en mi alma vierte 
sublime inspiración y fuerza y vida. 
Yo contigo, sus iras no temiendo, 
al vórtice rugiente me lanzara.

¡Oh! ¡cómo palpitante saludara 
las dulces costas de la patria mía, 
al ver pintada su distante sombra 
en el tranquilo mar del mediodía! 
¡Al fin llegado al anchuroso puerto, 
volando a mi querida, 
al agitado pecho la estrechara, 
y a su boca feliz mi boca unida, 
las pasadas angustias olvidara!

Mas, ¿a dónde me arrastra mi delirio? 
Partes, Elpino, partes, y tu ausencia 
de mi alma triste acrecerá el martirio. 
¿Con quién ¡ay Dios! ahora 
hablaré de mi patria y mis amores, 
y aliviaré, gimiendo, mis dolores? 
El bárbaro destino 
del Texcoco en las márgenes ingratas 
me encadena tal vez hasta la muerte. 
hermoso cielo de mi hermosa patria, 
¿No tornaré yo a verte?

Adiós, amigo: venturoso presto 
a mi amante verás... Elpino, díla 
que el mísero Fileno 
la amará hasta morir... Díla cual gimo

Lejos de su beldad, y cuantas veces 
regó mi llanto sus memorias caras. 
Cuéntala de mi frente, ya marchita, 
la palidez mortal...

¡Adiós, Elpino, 
adiós, y sé feliz! Vuelve a la patria, 
y cuando tu familia y tus amigos 
caricias te prodiguen, no perturbe 
tu cumplida ventura 
de Fileno doliente la memoria. 
mas luego no me olvides, y piadoso 
cuando recuerdes la tristeza mía, 
un suspiro de amor de allá me envía.